Ximantsi 4. El libro de los elegidos.

La historia de los protectores

Había pasado un mes desde que enviaron la última carta a Ndomi y al fin la pequeña nave apareció flotando en la isla de Banxu. Feza se apresuró a abrirla, y encontró una carta en ella.

Querida Feza

Eso del zuthu amarillo me trajo una pista muy importante sobre lo que tienen que hacer para exorcizar a los zuthus, pero antes que nada necesito probar algo. Por favor, di a Hojai que me envíe los planos completos de su nuevo diseño de naves supersónicas y que me envíe un mapa en donde marque todos los puntos donde hay cementerios Bada. Envíenlo por favor a la isla de Kutsi, no a la de Uthe.

Aquí estamos bien, las cosas son fenomenales en este momento de mi vida, ya te platicaré a detalle cuando al fin pueda verte. Diles a los otros que en la réplica de la isla de Uthe hay un osario, deben incinerarlo y colocar sus cenizas en un árbol.

Te amo.

Papá

Feza corrió de inmediato a avisar a los demás. Los ojos de Kuamba se llenaron de lágrimas cuando vio la carta de Ndomi.

―Me pregunto para qué querrá los planos de Hojai ―dijo la anciana.

Divagaban sobre lo que quizá Ndomi se refería con eso de que su vida era fenomenal en ese momento, cuando Handi llegó corriendo.

―Una nave desconocida se acerca a la isla ―dijo apresurada―, tenemos que estar alertas.

―¿Qué clase de nave es? ―preguntó Mongui.

―Es una nave voladora parecida a los autos calza, es muy pequeña, dudo que quepan más de dos personas en ella.

―Lo hicieron ―dijo Kuamba―, en efecto alguien les hizo llegar los planos de Hojai y lograron encontrar nuestra isla. ¿Quién pudo habernos traicionado así?

―¿Estás segura de que es sólo una? ―preguntó Noho.

―Sí, en este momento debe estar aterrizando, necesitamos que vengan todos.

La nave, en efecto, había aterrizado y definitivamente estaba basada en los diseños de Hojai. Un grupo de protectores rodeaban al guardián Hyote, quien era el único tripulante de esa nave.

―¿Quién es usted, y qué hace aquí? ―preguntó Noho, iracundo.

―Vengo a ponerlos sobre aviso ―dijo Hyote―, la república ha revelado el paradero de su isla secreta, en este momento deben estar alistando sus nuevas naves para borrar todo rastro de vida de esta isla.

―¿Y cómo es que usted sabe también de esta isla? Y ¿cómo conoce los diseños de Hojai?―preguntó Handi señalando la nave en la que llegó.

―Yo…

―La nave con la que nos escribimos con Ndomi llegó a manos de un guardia de Kutsi ―dijo Mbanga observando a Hyote a los ojos―, y usted se la quitó porque quería que el canciller Zatemxi le reconociera ese hallazgo como suyo. En esa nave estaba una carta para Ndomi, en donde se habla de esta isla, y los planos de las naves de mi papá, pero el canciller jamás supo que usted fue el que llevó esta información al consejo.

―¿Acaso este muchacho sabe leer la mente? ―dijo Hyote haciéndose hacia atrás.

―Sí que puede ―dijo Kuamba―, así que será mejor que no nos mientas. ¿Qué es lo que quieres?

―Sólo váyanse ―dijo Hyote―. Se ha ordenado aniquilar todo en esta isla.

―Estás haciendo lo correcto por las razones incorrectas ―intervino Noho―, déjame adivinar, nadie reconoció tu hallazgo y quieres venganza.

―No puedo quedarme más ―dijo Hyote―, debo regresar o me acusarán de traición.

Otros voltearon a ver a Noho y Kuamba, interrogantes, ellos asintieron en señal de que le dejaran ir. Hyote regresó a su nave y se marchó.

Los habitantes de la isla de Banxu se movieron de inmediato. Todos, animales y mboho subieron a los barcos y partieron hacia la réplica de esa misma isla. Suponían que la república desconocía aun la existencia de las islas en el Hemi y posiblemente tampoco sabrían que el poder de esas naves les permitía cruzar desde el Made.

Un par de días después, la mayoría de los protectores desembarcaron en la réplica de la isla de Banxu, pero otro pequeño grupo continuó hasta la de Uthe. Llegando al castillo, Feza y Mbanga buscaron de inmediato el osario del que hablaba Ndomi, hicieron una ceremonia sencilla para cremar los huesos y las cenizas fueron colocadas en uno de los árboles de la misma isla.

―Me pregunto de quién habrá sido ese osario ―dijo Noho―, y cómo lo habrán dejado en este lado de Ximantsi.

―Ndomi está con ella ―respondió Kuamba―, si él nos ha pedido los planos de Hojai, quiere decir que pudo hacer viajar a Uthe hacia el Hemi.

―Será mejor enviarle lo que nos pidió ―comentó Boja―, Mongui, ayúdame con los cálculos para el temporizador.

Mongui, Boja y Za se dedicaron a preparar todo para enviar la nave de regreso. Una vez que tuvieron todo listo, Boja escribió la carta, agregaron los planos y enviaron la nave.

―Listo ―dijo Za―, ahora a esperar que él responda.

―Espera Za ―Mongui frunció el entrecejo observando una llave pequeña en la mesa―. ¿Cambiaste la fecha del temporizador?

―¿A qué te refieres?

―Que la fecha se cambia con esta llave ―señaló la llave de metal―, y la llave está exactamente en el mismo lugar donde yo la puse.

Todos intercambiaron miradas de gravedad. Mongui frotó su rostro con frustración.

―¿Qué fecha tenía la nave?

―El mes catorce de este año ―dijo Mongui―, hace mes y medio aproximadamente. ¡Oh no! La nave llegará a Kutsi en nuestra propia era.

―¡Demonios! ¡Alguien puede encontrarla y…!

Kuamba soltó una carcajada, distrayendo a todos. Boja la observó, ceñudo.

―¿Es motivo de risa?

―Para mí lo es, de hecho, es un alivio ―dijo Kuamba. Los otros la miraron, interrogantes―. ¿No lo entienden? En efecto, esa nave fue encontrada hace mes y medio en la isla de Kutsi. Fue por esas fechas que apresaron a Nunane, el nogo nos habló de traidores ¿recuerdan?, traidores que habían entregado a la república algunos de nuestros secretos. Es así como Hyote obtuvo información sobre la isla de Banxu y las naves de Hojai.




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