Xonaca-125

EXP-019-A

Buenas noches, quisiera aclarar que si tuve el atrevimiento de postear mi historia, es porque no tenía a quien recurrir. Temo por mi vida y perder la en circunstancias extrañas.

Si saben de que hablo.

Trabajo en la Fundación Xonaca-125 como recepcionista de medio tiempo, mientras termino la carrera de odontología.
Cuidar de mi madre y pagar las cuentas de la casa me obligó a descuidar muchos aspectos de mi vida. Soy hija única.

Hace años, desde que mi padre falleció, la carga ha sido únicamente mía.

Antes de que todo comenzara, mi padre había dejado que mi madre se encargara del negocio familiar: un pequeño restaurante ubicado en uno de los pisos lujosos de un complejo residencial.

Por las mañanas, el flujo de clientes era constante: familias, ejecutivos, gente que desayunaba antes de comenzar su día.

Con el tiempo, mi madre de casi setenta años comenzó a enfermar.

Nada grave al inicio. Luego, todo se complicó.
Aun así, nunca dejó de trabajar. Teníamos nóminas que pagar, deudas atrasadas y una sola prioridad: que yo no abandonara la universidad.

Verla fingir fortaleza mientras eso la consumía por dentro fue un doloroso, más cuando la enfrenté para que admitiera que estaba bien pero se negó como siempre.

Casi al mismo tiempo en que mi padre murió, una familia se mudó a la segunda torre de la unidad.

Quién diría que el hijo mayor se convertiría años después en una celebridad… y en uno de mis amigos más cercanos.

Mientras él escalaba hacia la cima de sus sueños, yo preparaba masa para tortillas, lidiaba con quejas en la recepción de la fundación y me desvelaba entre tareas de la escuela y responsabilidades en casa.

No podía rendirme. No con mi madre.

Una mañana, como tantas otras, este amigo con quien me había confesado más de una vez.

Me habló de un programa nuevo de la fundación.
Un programa que ayudaba a personas como mi madre.

Esa fue la primera señal de alarma.
Yo trabajaba allí. Y no sabía nada de ese programa.

Pero él lo llamó “un proyecto secreto”.
Usando ambas influencias, la suya y la mía. Decidí llevar a mi madre.

Tenía esperanza. Necesitaba creer.
Nunca había hablado con el dueño de la Fundación Xonaca-125. Solo lo había visto de lejos.

Aun así, me sorprendió la naturalidad con la que él y mi amigo discutían el tratamiento.

—Un caso especial, pero curable— decían.
El programa prometía cuidados, seguimiento y apoyo.

Y lo cumplió… al menos al principio.

Mi madre mejoró.

No solo recuperó salud: recuperó ganas de vivir.
Era como si le hubieran devuelto años que ya no tenía. Una segunda oportunidad...

Demasiado bueno para ser verdad.

Una mañana llegué veinte minutos tarde a mi turno.

El mostrador estaba peor que mi habitación. Guardias separaban a la gente de mis compañeros.

Todos gritaban lo mismo: Demandas por negligencia médica.

La fundación no era un hospital. Legalmente, solo desarrollábamos medicamentos para “potenciar el desarrollo humano”.

No debía haber pacientes internos pero los había.

Familiares exigían respuestas y abogados pedían expedientes.

Y la prensa… la prensa aseguraba que nunca hubo internos.

Las demandas jamás llegaron a la corte.
Las protestas se callaron.

Quienes insistieron, "desaparecieron".

Mi madre nunca estuvo internada.

Solo recibió tratamientoedicación en casa. Controles y cuidados estrictos.

Ese detalle fue mi refugio.

Mi excusa. "El caso y trato especial."

Con el tiempo, mi amigo, a quien llegué a considerar el amor de mi vida. Comenzó a alejarse.

Las grandes ligas lo cegaron.

Venía menos a desayunar. Pedía para llevar.

Preguntaba, a veces, por la salud de mi madre.
Hasta que un día me entregó sus últimos análisis.

Alta médica. Se había rehabilitado por completo.

Mi vida continuó… aunque mis dudas crecieron.

Todo cambió cuando la Fundación Xonaca-125 compró el Zoológico de Chapultepec.

Los guardias nocturnos veían cosas, corrían rumores.

Animales trasladados de madrugada. Principalmente primates, entre ellos un orangután; algunos juran que asesinø a un guardia en el zoológico.

Personas en situación de calle también fueron internadas "para reparar daños y tener solidaridad". Algunos era descartados porque no eran candidatos para el tratamiento.

Incluso, uno de ellos aseguraba haber visto al líder de Demolitionboyz encubierto entrando a la oficina del dueño de la fundación Xonaca-125

Nadie hablaba de ello y no hacía falta. El miedo que tenían los altos mandos y algunos empleados era suficiente.

—¿Qué puedo decir?— me repetía.

Mi madre estaba viva. Más fuerte que nunca.
Ese era mi consuelo y mi silencio.

Días después, mi amigo tuvo que viajar por trabajo, un evento que según él era su oportunidad.

Esperé noticias.

Pero solo recibí escándalos.

El Bosque de Chapultepec fue declarado zona de contención biológica.

Toque de queda. En los al rededores del zoológico y pronto en las colonias cercanas.

La fundación cerró sus puertas esa misma noche.

Cuando él regresó, estaba envuelto en la misma polémica que el dueño de la fundación, y mi amigo acusado de otros cargos del pasado e incluso una pelea en la gala con el líder de Demolitionboyz. Intenté fingir normalidad.

Liquidó las cuentas que tenía con el restaurante, los desayunos de su madre y su hermanita mientras él estaba trabajando también los había liquidado con un noble gesto de su parte dejando una gran propina.

Por fin platicamos como solíamos hacerlo sin embargo, no dijo nada al respecto.

No creo que sea una mala persona.
Ayudó a mi madre. Me ayudó a mí.

Pero ya no sé quién es. Ni el mundo que él dijo que cambiaría.

Las calles se volvieron peligrosas.

Propaganda y protestas sobre sus polémicas.



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En el texto hay: terror, terror fantasia oscura ficcion

Editado: 30.12.2025

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