Después de presenciar el aterrador poder de aquellos monstruos mientras regresaba a la choza, mis pensamientos no dejaban de dar vueltas: «Mierda, esa criatura no es para nada débil. Probablemente no pueda derrotarla solo... Tengo que hacerme más fuerte» pensé.
Tras llegar al campamento, me senté a recuperar el aliento. Mientras contemplaba el cielo iluminado por las enormes esferas celestes, me prometí en voz alta:
—Voy a convertirme en el más fuerte.
Con esa resolución rondando en mi mente, me alejé unos metros de la choza para entrenar en solitario. Moví las manos y ejecuté varios tajos de viento que cortaron la vegetación a su paso. El aire salía despedido en ráfagas huracanadas, acompañado de un silbido ensordecedor; sin embargo, la potencia de corte era deficiente: los árboles de grosor mediano ni siquiera se inmutaban.
Al notar el escaso impacto, decidí experimentar con los elementos que dominaba hasta el momento. Busqué el tronco más grueso de los alrededores, formé una flecha de viento comprimido y la arrojé con la máxima potencia posible. El árbol se remeció con el impacto; al acercarme a examinar la marca, noté que la flecha no había atravesado.
A continuación, creé una flecha de agua con las mismas dimensiones y la lancé con toda mi fuerza. El tronco volvió a sacudirse. Esta vez el proyectil de agua sí atravesó la madera por completo, aunque voló a una velocidad menor. Por último, moldeé una flecha de tierra de idéntica potencia. El estruendo del impacto resonó como una detonación en medio del claro, seguido casi de inmediato por el crujido del enorme árbol al desplomarse.
«De acuerdo», analicé mientras me limpiaba el sudor. «La tierra es la más destructiva, seguida de cerca por la de agua. La de viento es por mucho la más rápida, pero la de agua y la de tierra son las más potentes y perforantes».
Lo mismo aplicaba para el desgaste físico: manipular el viento consumía una fracción mucho menor de mi energía; el agua exigía una cantidad moderada, mientras que moldear la tierra reducía mis reservas a un ritmo alarmante.
Durante la siguiente media hora entrené combinando elementos: lanzaba una pica de aire, continuaba con un puño de tierra comprimida y remataba con un torrente de agua. No pasaron ni cinco minutos a ese ritmo intensivo cuando mi Energía Primordial colapsó a cero. Ya no era capaz de levantar ni una partícula de polvo del suelo y apenas me quedaba aliento para sostenerme en pie. Caí de espaldas sobre el césped, mirando el firmamento mientras intentaba recobrar las fuerzas, pero el agotamiento me venció y me quedé dormido al instante.
—Conque así es como montas guardia...
Abrí los ojos pesadamente. Arianne y Rayana me observaban de pie, de brazos cruzados.
—¿Qué... qué pasó? —pregunté, pasándome los nudillos por los ojos para espantar la pesadez.
—¿No se suponía que ibas a vigilar? —dijo Arianne, arqueando una ceja—. Estabas haciendo guardia en el mundo de los sueños.
—Disculpen... el cansancio me ganó por completo —respondí, apenado.
—No lo vuelvas a hacer. Es peligroso quedarse indefenso aquí fuera —advirtió Arianne con severidad, aunque terminó por desviar la mirada.
—Por cierto, Kael... ¿tienes hambre? —intervino Rayana para salvar la situación.
—Bastante, la verdad.
—¡Entonces vamos a comer! —exclamó con entusiasmo.
Regresamos al centro del asentamiento. Rayana había cazado un ciervo de ojos rojos durante la mañana, mientras que Arianne había recolectado hojas y varios frutos silvestres. Descuartizamos las raciones, sazonamos la carne con los vegetales y utilizamos el jugo de unos frutos salados a modo de adobo improvisado. Nos sentamos en torno a la fogata para asar la comida.
Mientras saboreábamos la carne, miré a ambas.
—Tengo algo importante que contarles —dije antes de dar otro bocado.
—¿Pasó algo anoche? —preguntó Arianne.
—Sí. Mientras dormían, vi a dos criaturas colosales luchando no muy lejos de aquí. El problema es que eran aterradoramente fuertes; no creo que podamos derrotarlas en un combate directo.
—¿Qué tan poderosas eran? —quiso saber Rayana.
—No sé cómo explicarlo exactamente, pero nos superan por un margen enorme en cuanto a Energía Primordial.
—Debe de tratarse de bestias que han sobrevivido a muchísimas batallas —reflexionó Rayana, para luego morder su ración con total despreocupación—. Pero fuertes o no, no podrán contra los tres juntos.
Noté que Arianne apretaba la carne con las manos y una mirada inquieta.
—Arianne, si no te sientes lista, deberías mantenerte al margen si llegamos a toparnos con esas criaturas —le sugerí suavemente.
Ella levantó la cabeza de golpe.
—Quiero luchar —declaró con firmeza—. Sé que mis habilidades no están hechas para el combate directo, pero necesito aprender a pelear si quiero sobrevivir en este mundo.
—Entendido. Si esa es tu decisión, me parece bien. Pero prométeme que si la situación se complica, te retirarás inmediatamente. No quiero que te pase nada.
—Está bien —asintió, con un leve rubor en las mejillas.
—¿Y cuál será el plan de batalla? —inquirió Rayana.
Tragué el último pedazo de carne antes de responder:
—Ese monstruo es más rápido y fuerte que cualquiera de nosotros de forma individual. Nuestra única ventaja es la coordinación. Rayana y yo mantendremos la presión en la vanguardia con ataques continuos, mientras que tú, Arianne, serás nuestro soporte desde la retaguardia. Tu tarea principal será transmutar nuestros ataques para amplificar su poder. La premisa será adaptarnos al terreno y reaccionar sobre la marcha.
—Entendido —asintieron ambas.
Al cabo de unas horas, nos preparamos y marchamos en dirección a la zona donde había presenciado el enfrentamiento.
Al llegar al lugar exacto de la contienda, encontramos los restos calcinados del dragón wyvern.
#399 en Fantasía
#668 en Otros
#127 en Acción
fantasia, isekai o reencarnación en otro mundo, aventura accion magia
Editado: 31.07.2026