Mientras perseguíamos el rastro adentrándonos cada vez más en la espesura del bosque, Rayana se detuvo en seco.
—Hay algo allá —dijo.
Nos acercamos con precaución hasta que el lugar se volvió visible a través de la vegetación.
—Por Dios… —murmuró Arianne con el rostro pálido por el espanto.
La escena era horrenda: los dos cadáveres restantes yacían descuartizados, con partes del cuerpo a medio comer. Por mi parte, yo ya estaba mentalizado; era consciente de que en este mundo tratamos con bestias dispuestas a devorarnos, del mismo modo que nosotros lo hacemos con ellas.
La piel que se distinguía en las partes mutiladas era de color verde.
—¿De dónde provenían ellos? —le pregunté a Durin.
—No lo sé. Fueron los últimos en unírsenos y no los conocimos mucho.
—Al parecer los asesinos acamparon aquí. Tengan cuidado, esto parece ser reciente.
Todos me miraron y asintieron.
—Rayana, intenta rastrearlos con tu olfato desde aquí.
—Entendido.
Ella cerró los ojos y se concentró. Bastó un solo segundo para que su expresión cambiara, a lo que siguieron dos palabras preocupantes:
—Están aquí.
En una fracción de segundo nos pusimos en formación de batalla, espalda con espalda, formando un círculo defensivo entre Arianne, Rayana y yo.
—¡Durin, qué diablos haces! ¡Ven aquí! —dijo Rayana al ver que no se movía.
El azortu se apresuró a entrar al círculo que habíamos formado.
—¿Dónde están? —le pregunté a Rayana.
—Son tres y nos tienen rodeados. Su olor proviene de detrás de los troncos gigantes.
Por eso no los detecté con mi habilidad; está limitada a diez metros a la redonda.
En ese momento, una voz resonó tras uno de los árboles:
—Vaya, vaya... No esperaba que nos detectaran.
Una figura se asomó desde detrás del árbol.
—¡Ah! Pero si es la criatura que se nos escapó —dijo el monstruo, mirando fijamente a Durin, quien comenzó a temblar de puro terror.
La criatura levantó una mano, apuntó a Durin con uno de sus cuatro dedos provistos de pezuñas y disparó una pequeña esfera de viento extremadamente rápida. Logré interceptarla y repelerla con la mano en el último milisegundo, evitando una muerte segura para el azortu.
—Vaya, conque estos no son unos debiluchos como los anteriores —dijo la criatura.
Tenía un rostro semejante al de un jabalí, con dos enormes colmillos saliendo de su boca, un cuerno en la frente y una melena erizada. Su cuerpo era como el de un humano hipermusculado de dos metros de alto, cubierto de pelaje negro en la mayor parte del torso, excepto en el pecho. Llevaba una armadura rudimentaria hecha de piel que cubría sus partes íntimas.
—Oye, Drako, ¿podemos matarlos ya? —preguntó otra de las bestias que nos rodeaban.
Lo miré de reojo: era una criatura centáurica, con cuatro patas de toro, un torso humanoide fornido y cabeza de toro con dos cuernos.
—¡Tranquilízate! Lo harás cuando yo lo diga, ¿entendido? —respondió el jabalí humanoide, molesto.
«Sin duda, el respeto que le tienen está basado en el miedo», pensé.
Activé mi Visión de Halcón. El temor de sus subordinados estaba bien justificado: Drako era, con diferencia, el ser más fuerte presente en el lugar. Una sonrisa nerviosa se dibujó en mi rostro, acompañada por un instinto primordial que me pedía huir; sin embargo, los otros dos eran mucho más débiles, por lo que no me costaría eliminar a los subordinados.
—Conque te llamas Drako —hablé.
—Así es —respondió él tranquilamente—. Ustedes parecen ser fuertes. Les haré una única oferta para que conserven la vida.
—¿Y... y cuál es? —preguntó Durin, tiritando de pavor.
—Únanse a mí y los dejaré vivir. Excepto tú, pequeñajo; tú morirás —dijo señalando a Durin, cuyas piernas amenazaban con colapsar.
—Tranquilo, Durin. Ya eres uno de los nuestros y te vamos a defender —lo respaldó Rayana, llena de la confianza de siempre.
—No nos interesa tu oferta —declaré.
«Cuando vivía en la Tierra no me gustaba pelear; o más bien, nunca lo había intentado. Pero desde que renací en este mundo he tenido que combatir constantemente, y cada vez lo disfruto más. He desarrollado un placer extraño por el combate. Aunque mi cuerpo me grita que hay peligro, mi mente quiere pelear», reflexióné internamente.
—Tú también eres fuerte, Drako —continué—. Y quiero pelear contra ti, porque voy a convertirme en el ser más fuerte de la existencia misma.
Drako soltó una carcajada profunda.
—¡Así me gusta! ¿Cómo te llamas, criatura?
—Kael.
—Bueno, Kael, estás frente al kirian Drako. Yo soy el más fuerte y lo demostraré derrotando a todo aquel que pretenda serlo.
—Entonces prepárate para caer, Drako.
—¿Qué te parece si luchamos uno contra uno? Que tus secuaces se enfrenten a los míos.
—Te equivocas: no son mis secuaces, son mis amigas.
Me acerqué ligeramente a mis compañeras y les murmuré:
—En un combate caótico contra todos va a ser muy difícil proteger a Durin. Pelear uno contra uno es realmente nuestra mejor opción.
—No tienes que poner excusas; también es más divertido así —dijo Rayana sonriendo.
—¿Y tú, Arianne? ¿Estás de acuerdo?
—Por supuesto. He estado esperando este momento para probarme a mí misma en combate real y poner a prueba mi Dominio Sombrío.
—¿Dominio Sombrío? ¿Tienes una nueva habilidad? —pregunté.
—Sí, es una técnica que me permite detectar cualquier forma de vida a unos diez metros a la redonda.
—Me gusta el nombre —comenté. «Seguro se refiere a la habilidad que absorbimos de la mantis; ella también la adquirió», deduje.
—Oye, Drako —alcé la voz—, aceptamos el duelo uno contra uno. Elige quién luchará primero.
—Eres astuto; me caes bien, criatura.
Aquel claro del bosque, que aún conservaba los restos de los alienígenas, estaba a punto de ser testigo de una carnicería. Drako y sus secuaces se posicionaron en un extremo del terreno, mientras nosotros nos mantuvimos en el opuesto.
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Editado: 13.08.2026