Xylaris: El nacimiento de un mundo.

Capítulo 12: La sombra que se aproxima.

Desperté de golpe tras la visión. La luz del sol ya entraba a través de las ventanas de la habitación. Tras prepararme rápidamente, abrí la puerta. Al salir al pasillo, el eco de varias voces llegaba desde el salón principal:

—Come, Pyra... —escuché a Arianne, seguido por un pequeño gruñido—. Por favor, solo un poco.

Al llegar a la sala, me encontré a Arianne intentando darle un trozo de carne cocida a uno de los pequeños dragones, pero la criatura apartaba la cabeza con terquedad.

—¿Qué haces, Arianne? —pregunté acercándome.

—Kael... Pyra y Zephyro no quieren comer —dijo preocupada mientras volvía a acercarle el alimento al dragón.

—¿Pyra y Zephyro?

—Sí, esos son sus nombres. Esta es Pyra —dijo mostrándome a la dragona que cargaba en su brazo izquierdo, abrazándola contra su cintura—. Y aquel de allá es Zephyro —señaló con la otra mano al pequeño que correteaba por el salón.

Volteé la cabeza para observar al pequeño dragón explorando los rincones.

—Ya veo...

—Es que no han probado bocado —insistió ella con angustia.

—Quizás no tienen hambre —dije tratando de tranquilizarla—.

—Es que no han comido desde que llegamos ayer.

—Recuerda que nosotros mismos no necesitamos alimentarnos más de una vez al día a menos que gastemos mucha energía. De lo contrario, podríamos pasar dos o tres días sin probar alimento. —Quizás ellos tampoco necesitan comer muy seguido. Conclui

Arianne lo pensó un momento.

—Sí... tal vez tengas razón.

—Espera a más tarde e intenta de nuevo. Si siguen rechazándola, buscaremos algo diferente para darles.

—Está bien —asintió.

Me acerqué a Zephyro con la intención de acariciarlo, pero en cuanto extendí la mano, el pequeño echó a correr hacia el otro extremo de la sala.

—Oye, ven acá... —murmuré.

Arianne dejó escapar una leve risa.

—Aún no nos tienen confianza, Kael, pero poco a poco se irán acostumbrando.

Me acerqué a ella y pasé la mano por la cabeza de Pyra.

—Tú sí me dejas acariciarte, ¿verdad, Pyra? —dije suavemente. La dragoncita entrecerró los ojos disfrutando el gesto. Retiré la mano y el tono de mi voz se volvió serio—: Arianne... mientras dormía tuve otra visión. Nuestros enemigos están muy cerca.

—¿Te refieres a Vorgaz? —preguntó poniendo a Pyra en el suelo—. Ve con tu hermano —le murmuró a la criatura antes de mirarme de frente—. Dijiste que lo anterior había sido un sueño.

—Eso pensaba, pero esto se siente demasiado real. Puedo percibir el peligro ardiendo en mi interior. Dije dando unos pasos hacia la salida —Ven caminemos, dije saliendo de la mansión.

Abandonamos la mansión a paso firme.

—Debemos estar listos para defendernos —continué mientras caminábamos en dirección al río.

—¿Qué vamos a hacer? —preguntó Arianne.

—No lo sé con certeza. Son muchos... Alrededor de veinte. Al menos diecisiete son polymorphias y vi a dos kirian junto a Vorgaz. No sé qué tan poderosos sean estos últimos, pero sé que Vorgaz es una monstruosidad.

El murmullo de la corriente del río comenzó a escucharse a medida que nos aproximábamos.

—Nos hemos hecho más fuertes, pero no sé si podremos contra un ejército entero —admití.

Llegamos a la orilla, junté agua entre mis manos y me lavé el rostro para despejarme.

—Si no podemos ganar... tal vez lo mejor sea retirarnos —propuso Arianne observando el horizonte—. Mantenernos con vida es lo más importante.

—Antes de tomar una decisión tan drástica, debemos estar seguros —respondí secándome la cara—. Por eso todos nos posicionaremos en las fronteras del bosque a esperar su llegada.

—¿Cómo lo haremos? —preguntó confundida.

—Nos dividiremos en dos grupos. Marcel irá en uno y Kethra en el otro. La habilidad de Dominio Sombrío que ambos poseen les permite detectar cualquier presencia en un radio de quinientos metros. Ellos se mantendrán enfocados. Cuando detecten a los enemigos, nos darán la señal, nos reuniremos de inmediato y evaluaremos el nivel de amenaza para decidir si peleamos o huimos.

Arianne escuchaba con atención mientras yo trazaba el plan.

—Si decidimos pelear, prepararemos una emboscada con un ataque devastador para eliminar a la mayor cantidad de enemigos de un solo golpe. Si decidimos huir, regresarás a la mansión por los azurtus y los pequeños dragones para marchar de inmediato hacia la montaña. Tenemos una ventaja: ellos no saben quiénes somos. Vorgaz cree que se encontrará con renacidos de su propia especie y vendrá por el camino principal con arrogancia.

Hice una pausa para mirar el terreno.

—Para que la emboscada funcione deben cumplirse tres condiciones: que vengan en un solo grupo, que su trayectoria sea predecible por el camino que abrimos y que no nos descubran antes de tiempo.

—¿Estás seguro de que no tienen a alguien con una habilidad de detección como Dominio Sombrío entre sus filas? —inquirió Arianne.

—Esperemos que no. No vi a ningún kirian de tipo mantis en la visión.

El murmullo del río chocando contra las rocas y el aroma a hierba húmeda traído por el viento nos acompañaron de regreso al centro de Kaeria. Allí, Durin apilaba tablas de madera mientras Helga ya trabajaba a pleno rendimiento en la forja.

—Buenos días —saludamos Arianne y yo alzando la mano.

—¡Buen día! —respondió Durin dejando una viga en el suelo.

Helga se giró hacia nosotros sosteniendo un pesado martillo de herrero.

—¿Pudieron probar las espadas que les di ayer? —preguntó apoyándose sobre el mostrador de madera.

—¡Claro que sí! —respondió Arianne con entusiasmo—. Pude luchar mucho mejor con ella.

—A mí también me ha servido bastante —agregué ajustando la empuñadura a mi espalda.

—Me alegra oírlo, pero esas hojas son solo prototipos. Cuando consigamos materiales de verdadera calidad, les haré algo legendario.

—¿Y los materiales que trajimos de la montaña? ¿Te sirvieron? —pregunté.




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