Todo a mi alrededor se ralentizó. La lluvia caía pesada, casi estática en el aire. A mi lado, el grito desgarrador de Arianne sonaba distorsionado y grave:
—¡Rayana, aguanta! ¡Voy a cerrar la herida!
Aunque su voz sonaba como un eco lejano, la percibía con una nitidez absoluta. De un impulso violento me puse de pie. Frente a mí, Vorgaz se movía con la lentitud de un perezoso.
El resto de los sobrevivientes llegó al lugar de los hechos justo cuando mi percepción volvió abruptamente a la normalidad.
—¡Rayana, no te mueras! —gritó Arianne al ver que la sangre seguía brotando a pesar de haber sellado la piel. Su habilidad de transmutación sólo podía cerrar cortes externos; no tenía la capacidad de regenerar órganos ni limpiar hemorragias internas.
Entre gritos de desesperación, Arianne levantó el torso de Rayana para evitar que se asfixiara con su propia sangre.
—Podemos ayudar —resonó la voz coordinada de las dos chicas flor al unísono.
—¿¡Qué... qué demonios eres!? —gritó Vorgaz con el rostro desencajado por el horror. La presencia que emanaba de mi cuerpo se volvía más aplastante con cada porcentaje que mi conciencia se expandía. Su voz, antes dominante, temblaba por primera vez de puro terror—. ¿¡Cómo es posible que poseas semejante poder!?
Arianne recostó suavemente a Rayana sobre la tierra empapada. Las humanoides flor extendieron las manos y una cálida esfera de luz envolvió a la cynio. Partículas luminosas recorrieron su cuerpo internamente hasta que Rayana expulsó un último coágulo de sangre. La luz se disipó y las dos curanderas cayeron de rodillas, jadeando por el enorme consumo de energía.
Rayana se incorporó de golpe, completamente ilesa. Arianne se arrojó sobre ella en un abrazo desesperado.
—¡No vuelvas a asustarme así, idiota!
La pequeña celebración duró un suspiro. El grupo entero se congeló al sentir la presión destructiva que emanaba de mi figura.
—¿Quién es ese monstruo...? —murmuró la prisionera arácnida. Todos los presentes temblaban por mero instinto de supervivencia.
—Es Kael... —susurró Arianne con los ojos abiertos de par en par.
De pronto, el tiempo volvió a acelerarse. En un parpadeo aparecí frente a un muro de barro que Vorgaz había erigido tras detectar mi avance. El tiempo se ralentizó de nuevo. De un solo puñetazo pulverice la barrera; la escena se aceleró y conecté una ráfaga implacable en el abdomen del demonio, rematando con un golpe de impacto que lo hizo salir volando como un proyectil.
El tiempo se ralentizó otra vez, interceptando su trayectoria por la espalda. El tiempo se aceleró con una nueva serie de impactos que lo enviaron directo al cielo. El tiempo volvió a la normalidad, alcé la mano y liberé una ráfaga de viento con fuerza de huracán. La inmensa onda expansiva partió las nubes en dos, deteniendo la lluvia al instante y dejando que los rayos del sol iluminaran el campo de batalla.
—Maldito Kael... Guardabas esa fuerza... —masculló Drako entre dientes, intentando reincorporarse sobre sus rodillas.
Por dentro, mi cuerpo se desmoronaba. La sangre brotaba de mis ojos, oídos, boca y nariz. Sin embargo, la sensación de omnipotencia era abrumadora, como si el cosmos entero estuviera bajo mi dominio. Pero no controlaba el tiempo ni el espacio: solo domaba mi propia percepción. Al procesar la información a una velocidad absurda, el mundo parecía detenerse para mí, mientras que para Vorgaz y los demás yo me movía a una velocidad inalcanzable.
Flexione las piernas y salí disparado como una bala, sobrepasando a Vorgaz en su caída. Alcé la mano derecha hacia el firmamento. Entre las nubes divididas, los relámpagos danzaron como serpientes de fuego hasta concentrarse en mi palma, formando una esfera masiva de electricidad pura que refulgía bajo el sol.
Lanze la esfera destructiva contra el demonio. Desfigurado y desesperado, Vorgaz intentó frenar el ataque con sus brazos, pero sus extremidades se pulverizaron al instante. La esfera continuó su trayectoria hasta impactar en la orilla del río. La explosión generó una onda expansiva atronadora, abriendo un cráter tan profundo que el cauce comenzó a desbordarse en su interior, formando un nuevo lago.
Al tiempo que la tormenta colapsaba, las nubes volvieron a juntarse y los rayos de sol desaparecieron. Salí del estado alterado y caí en picado. Mis células colapsaron en cadena; mis órganos dejaron de funcionar y la vida se me escapaba a segundos. Una luz residual me envolvió brevemente en el aire: era la energía primordial que mi cuerpo absorbía de la esencia de Vorgaz.
Giré la cabeza en plena caída y vi a las chicas correr en mi dirección. Sentí una corriente suave debajo de mí; Rayana había creado un torbellino de baja presión para amortiguar mi descenso. La vista se me nubló. Todos mis sentidos —incluso el dolor— comenzaron a apagarse. La brisa me depositó en la tierra con delicadeza mientras la tormenta se disipaba por completo.
—¡Aguanta, Kael! ¡Te voy a curar! —escuché una voz lejana.
Abrí los ojos. La figura sobre mí estaba borrosa, pero sabía que era Arianne.
—¡Funciona, por favor, funciona! —gritaba ella en completa desesperación, canalizando toda su energía sobre mi pecho—. ¡Maldita sea! ¿¡Por qué no funciona!?
—¡Ustedes, vengan a ayudarle ahora mismo! —ordenó Rayana con la voz quebrada por el llanto.
—No nos queda energía... —respondieron las chicas flor.
—¡No me importa! ¡Transfiéranles su energía ahora! —intervino Kethra.
—No sirve... —escuché una voz extraña entre el caos—. Su cuerpo ya ha muerto. Los órganos colapsaron; lo único que sostiene este lugar es su conciencia.
Ya no podía ver. El olor, el frío, el tacto... todo había desaparecido. Solo quedaba el eco distante de los sollozos.
—Kael, no te vayas... No nos dejes solas... —rogó Arianne en un último grito—. ¡Por favor, regresa!
Mi oído se apagó.
De pronto, todo volvió, pero de una forma distinta. Flotaba por encima de mi propio cuerpo. Arianne lloraba desconsolada sobre mi pecho inerte, mientras Rayana y los demás permanecían de pie con el rostro cubierto de lágrimas. Incluso las curanderas mostraban una profunda pena. Intenté hablarles, pero mi forma astral no emitía sonido ni presencia alguna.
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Editado: 01.09.2026