¿y ahora qué?

Pensar con un lenguaje

Yo: Es imposible imaginar la vida sin lenguaje. Incluso cuando intento hacerlo, lo hago con palabras.

Yo Profundo: Exacto. No solo piensas en el mundo. Lo piensas a través de categorías.

Nombras. Clasificas. Comparas. Defiendes.

Yo: Sin lenguaje no podría entender nada. No podría escribir este libro.

Yo Profundo: El lenguaje es una herramienta extraordinaria. Te permite transmitir ideas, construir civilizaciones, coordinar acciones.

Pero también hace algo más sutil.

Yo: ¿Qué?

Yo Profundo: Te convence de que eres aquello que puedes nombrar.

“Yo”. “Mi historia”. “Mi carácter”. “Mis valores”. “Mi opinión”.

Cada palabra delimita.

Cada etiqueta fija algo que, en realidad, es dinámico.

Yo: Pero sin palabras solo habría caos sensorial.

Yo Profundo: Sin palabras habría experiencia directa.
Con palabras hay interpretación.

El problema no es el lenguaje.

El problema es olvidar que es un mapa.

Yo: ¿Un mapa?

Yo Profundo: El lenguaje organiza la experiencia, pero no es la experiencia.

Cuando dices “miedo”, la palabra parece sólida.
Pero el miedo real es una sensación cambiante, física, momentánea.

Cuando dices “yo”, parece una entidad estable.
Pero en realidad es un flujo de recuerdos, percepciones y reacciones.

El lenguaje solidifica lo que es fluido.

Yo: Entonces el “yo” es una construcción lingüística.

Yo Profundo: En gran parte, sí.

Sin lenguaje hay sensaciones. Con lenguaje hay identidad.

El niño pequeño siente hambre. No piensa “soy una persona hambrienta con una historia”.

La narrativa aparece después.

Yo: Pero sin narrativa no habría continuidad.

Yo Profundo: Exacto.

El lenguaje crea continuidad psicológica.

Y la continuidad da seguridad.

Yo: ¿Estás diciendo que el lenguaje construye el rey?

Yo Profundo: Observa.

Aprendiste a decir tu nombre.
Aprendiste a decir “mío”.
Aprendiste a decir “yo”.

Y a partir de ahí, la experiencia empezó a organizarse alrededor de un centro verbal.

“No estoy de acuerdo.” “Me ofende.” “Me representa.” “No soy así.”

Cada frase refuerza una imagen.

Yo: Pero el lenguaje también me permite cuestionarme.

Yo Profundo: Esa es su paradoja.

Puede construir la prisión. Y puede señalarla.

El mismo mecanismo que te permite sostener una identidad te permite investigar esa identidad.

Yo: ¿Y qué queda si dejo de identificarme con las palabras?

Yo Profundo: Las palabras seguirán apareciendo.

La diferencia es que ya no las confundirás con lo que eres.

El pensamiento continuará.
La narrativa continuará.
La comunicación continuará.

Pero ya no será el centro incuestionable.

Yo: Entonces no se trata de abandonar el lenguaje.

Yo Profundo: Se trata de verlo como herramienta.

El lenguaje es necesario para convivir.

Pero cuando lo tomas como verdad absoluta, la identidad se endurece.

Y cuando la identidad se endurece, necesita defensa.

Yo: ¿Y si el “yo” solo es una historia bien contada?

Yo Profundo: Entonces quizá has estado protegiendo una narración.

No falsa. Pero tampoco definitiva.

Y cuando eso se ve, algo se afloja.

El lenguaje sigue funcionando.

Pero el rey pierde solemnidad.

¿Y ahora qué?




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