Y de repente, padres

12. Pienso en ti.

Cuando tocaron al timbre de casa era pasadas las dos de la mañana, Victoria se enfrentó a la puerta con su ladrido hasta ser regañada por Paloma que bajó las escaleras. 

 

— Despertarás a Jonathan. — Le dijo Paloma a la perra y se acercó para ver quién llamaba a la puerta a esa hora. Al mirar por la ventana más próxima vio a Anthony, y con él a dos hombres que lo sostenían. 

 

— Tita Paloma, ¿quién es? — Preguntó Jonathan desde las escaleras y Paloma lo miró. 

 

— Vete a la cama, ahora. — Le ordenó antes de ir a abrir la puerta. 

Anthony sonrió nada más verla y quiso lanzarse sobre ella, cosa que evitaron sus dos amigos. 

 

— Quieto, hombretón. — Le dijo Omar y miró a Paloma para presentarse. — Me llamo Omar y él Enzo, perdón por aparecer así, pero Anthony ha tomado algunas copas de más. 

Jonathan se paró junto a su tía y se sorprendió al ver el estado de su tío, incapaz de mantenerse con los ojos abiertos y el cuerpo rígido. 

 

— Tita Paloma, ¿tío Tony está bien? — Preguntó Jonathan. 

 

— Solo está tomado. Se le pasará en cuanto duerma. — Le explicó Enzo al crío. 

 

— ¿Podemos pasar y ayudarlo a llegar a su habitación? — Pidió Omar y Paloma se apartó de la puerta con su sobrino. 

 

— Su habitación es la primera de la derecha. — Les dijo Paloma donde era y Omar sonrió complacido. 

 

— Gracias. No tardaremos. — Instó a Enzo a entrar y los dos lo hicieron llevando a Anthony a peso sobre sus hombros. 

Paloma observó fuera y vio la luz de la casa de la señora Naty encendida. 

 

— Genial. — Gruñó irritada al ver moverse una de las cortinas y cerró la puerta. — Vete a la cama, Jonathan. Mañana tienes colegio. 

 

— Voy. — Asintió Jonathan y subió corriendo las escaleras detrás de los amigos de su tío.

Paloma esperó allí a que los dos hombres bajaran y sonrió sin demasiada simpatía cuando lo hicieron. 

 

— Perdón de nuevo. — Se disculpó Omar con ella y Paloma les abrió la puerta de casa. 

 

— Gracias por traerlo. — Les agradeció y los dos sonrieron, luego salieron de casa y Paloma estaba por cerrar la puerta cuando Omar se giró para darle algo. 

 

— Casi lo olvido. — Paloma vio que le extendió el teléfono de Anthony y lo cogió. 

 

— Gracias. — Le dijo Paloma y cerró la puerta. Miró entonces escaleras arriba y las subió. Anthony estaba echado boca arriba en su cama, sin zapatos y sin cubrir. — Tendría que darte vergüenza que Jonathan te vea en este lamentable estado. — Lo acusó dejándole en la mesa de noche el teléfono móvil y mirándolo crudamente. 

Luego se inclinó agarrando la colcha del lado opuesto al que ocupaba y se la echó encima, sorprendiéndose cuando Anthony la rodeó de la cintura haciéndola caer encima de él. 

Paloma se escapó rápidamente y vio a Anthony tumbarse de lado, agarrándose a la almohada y balbuceando quién sabe qué, se llevó entonces el pecho, su corazón había reaccionado demasiado emocionado a eso. 

 

 

Por la mañana, Anthony despertó con resaca y encontró en la mesa de noche una nota de Paloma echándole la bronca por llegar de madrugada y borracho, también avisando de que pasara por su cafetería cuando se levantara. 

 

— ¿Qué? — Preguntó Omar al teléfono cuando Anthony lo llamó todavía desde la cama. 

 

— ¿Qué pasó ayer? — Lo interrogó Anthony. 

 

— Bebimos y te emborrachaste. Enzo y yo te llevamos a casa. — Le contó y Anthony se frotó la cabeza. — Muy simpática Paloma. — Fue Omar sarcástico y Anthony le colgó la llamada, tirando el teléfono en la cama y volviéndose a acostar, dormiría hasta perder la resaca. 

 

 

Cuando volvió a despertarse, la resaca seguía ahí y Paloma también lo estaba, mirándolo de brazos cruzados y con cara de molesta. 

 

— Este es el ejemplo que vas a darle a Jonathan, emborracharte por la noche y dormir al día siguiente hasta la tarde. — Protestó Paloma al verlo despierto. — Debería darte vergüenza. 

 

— ¿Quién está hablando de dar ejemplo? — Se quejó Anthony, incorporándose en la cama y echándose el cabello hacia atrás. — Me duele la cabeza, ¿puedes hacerme el favor de dejar las quejas y los reproches para más tarde? 

Paloma negó con antipatía y le indicó la mesa de noche. 

 

— Cuando tengas ganas, responde al menos a tu teléfono, una tal Bella no deja de llamarte y la habitación de Jonathan está al lado. — Anthony cogió el teléfono y lo puso en modo silencio. 

 

— Ella puede esperar. — Dijo dejando el teléfono y mirando a Paloma. — Siento llegar borracho, me sentía mal y mis amigos quisieron animarme. 

 

— ¿Te sentías mal por qué según tú ayer te rechacé? — Quiso Paloma descubrir y Anthony que sonrió dejó de mirarla. 

 

— Ya es demasiado humillante, no tienes que preguntar sobre eso. 

Bajó los pies de la cama y se quedó parado cuando Paloma habló. 

 

— Ni respondí. 

 

— Está bien, no tienes que hacerlo. Ya sé la respuesta. — La miró y habló por ella. — No te gusto, y si vives bajo el mismo techo que yo es exclusivamente por Jonathan. 

 

— Técnicamente, eso es así. — Paloma le dio la razón y Anthony no se sintió mejor por tenerla. — Pero… Debo ser sincera, en los últimos días también me has gustado. O eso creo, porqué el corazón se me acelera y prefiero que sea eso a tener un problema cardiaco. 

Anthony se señaló con un dedo índice. 

 

— ¿Tengo que sentirme halagado? — Bajó la mano y negó despacio. — Ya doy pena, no tienes que empeorarlo. 

 

— No dejo de pensar en ti. — Confesó Paloma bajando sus brazos y Anthony que la miró, se levantó parándose frente a ella. 

 



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En el texto hay: familia, romance, amor

Editado: 02.12.2022

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