Mew estaba decidido a ponerle un freno. Se había cansado de tanto maltrato y discriminación. Ya no toleraba que ese tal Gulf le gritara gay, como si su condición fuera una enfermedad o algo de lo que debiera sentirse avergonzado. Lo esperaba en el callejón, a la salida del instituto. Le daría una importante lección...
Cuando lo vio pasar, no perdió tiempo. Lo arrastró lejos de las miradas ajenas. Y entre cartones húmedos, botellas rotas y basura lo apretó entre él y la pared del fondo y sin titubear, lo besó en la boca.
En el primer segundo, Mew saboreó la venganza. Estuvo seguro de que Gulf ya no lo molestaría más. O al menos, en vez de odio le tendría miedo...
En el segundo siguiente, ya no pensaba en venganzas sino en lo inesperadamente dulce que le resultaba ese beso. Y asustado de lo que comenzaba a sentir, al tercer segundo alejó unos centímetros su cuerpo del suyo, pero las manos de Gulf lo aferraron con fuerza. Los labios se apretaron más y el beso se hizo más profundo.
Era tal el desconcierto que, haciendo un esfuerzo sobre humano para despegarse de aquellos labios tan sabrosos, se alejó corriendo de aquel callejón oscuro y solo se frenó cuando se halló solo en su fría habitación...