EN LA ACTUALIDAD: CASA DE ROBERTO Y LUNA
- Aqua, ut adaquemus placet-.
- ¿Has entendido algo de lo que ha dicho?- Preguntó Rober nervioso.
- No... ni media- Luna estaba pálida- ¿Algo de... de agua...?, ¿no?-.
- Pues yo creo que has entendido más que suficiente, tráele agua Luna- Pidió Roberto
Luna asintió avergonzada al darse cuenta de lo obvio del asunto. Se dirigió a la cocina, que era contigua al salón, sin puerta. Abrió la nevera y encontró agua, todavía fresca, a pesar de que no había electricidad. El ángel se había vuelto a desmayar y cayó en la cuenta de que no sabía si debía tratar de despertarlo para dársela.
- ¿Qué hago?- Inquirió indecisa.
- La mesa ya está lista- Le instó- Subámoslo-.
Luna asintió y tras dejar la botella en el suelo, lo cogió por un brazo. Su marido enseguida puso su granito de arena y le agarró por el otro.
- ¿A la de tres?- Preguntó Rober.
- ¡Tres!-.
Ambos tiraron hasta ponerlo a una altura a la que poder agarrarlo, tras ello forcejearon con su pesado cuerpo hasta lograr acostarlo sobre la mesa de madera, que sería de una longitud semejante a su cuerpo.
- Acércame el botiquín Rober...- Pidió una extasiada Luna subiendo la pierna izquierda del ángel a la mesa.
- Toma-.
Recogió el botiquín de primeros auxilios y lo abrió delante de ella. Pero no sabía que hacer, el lugar se encontraba en penumbra, la luz era escasa y apenas veía lo que había en el interior.
- ¿Podrías abrir la persiana?- Señaló a la ventana tras la mesa- Apenas veo...
- Si, claro-.
Roberto abrió la persiana y la luz de la luna se filtro a través de ella, era insuficiente, no podía curarle con tan poca luminosidad.
- ¿Y bien?-.
Luna negó con la cabeza.
- ¿No se que hacer?, ¿no hay luz todavía?-Ella se cruzó de brazos nerviosa.
- No, no hay luz- Se jactó tras comprobarlo.
- Mierda-.
- Voy a buscar la linterna, espera aquí- Roberto se marcho corriendo.
Luna se alejó del ángel, tenía miedo ahora que estaba sola, era un ángel si, pero también era un desconocido. Cogió su teléfono móvil de la mesa de cristal del salón, trató de encenderlo, pero era como si estuviese frito, no encendía, y recordaba haberlo cargado.
Observó la botella de agua con impotencia y recordó que el ángel se la había pedido, mientras la recogía, lo miraba dubitativa. Todavía seguía fresca.
Roberto llegó con la linterna.
- La linterna no funciona, no logro entender el porque, las pilas están puestas y están nuevas- Dijo Roberto con una expresión de sorpresa en su cara morena.
- Rober... va a morir, no puedo curarle sin luz...- Estaba muy nerviosa- Mi móvil tampoco enciende... Ro, aquí está pasando algo muy raro...-.
Ambos se quedaron largo rato callados, mirando al ángel, sufragados por el terror. De pronto habían caído en lo descabellado de la situación.
- ¡Esto no puede ser real!- Chilló Luna de los nervios- ¡Pégame!-.
- ¡¿Qué?!- Respondió sorprendido.
- ¡Dame un tortazo, vamos!- Luna agarró su mano histérica.
- ¡Cálmate!- Respondió- No haré eso-.
- ¡Pues lo haré yo!- Chilló Luna dándole una fuerte bofetada.
Roberto se sintió dolido, pero no dijo nada, se quedó impasible, mirándola. Ella se echó a llorar desconsoladamente, dejándose caer sentada. Su llanto era doloroso de escuchar, pero, se mostró fuerte, algo se encendió en Roberto. Tenía la necesidad de ganar, bajo está situación no se podía rendir. Cogió la botella y se acercó al ser de enormes alas. Aquel ángell no dejaba de impresionarle, no podía creerlo todavía, pero estaba delante de él. Abrió la botella y levantó su cabeza con la mano.
- ¿Qué vas a hacer?- Inquirió secándose las lagrimas.
- El pidió agua, yo... se la doy- La miró mientras se encogía de hombros, sin saber muy bien que hacer.
Roberto derramó un poco de agua sobre sus labios, el ángel no reacciono.
- Luna... ¡tienes qué ver esto!- Roberto se echó hacía atrás, maravillado.
- ¿Qué pasa?- Dijo levantándose todo lo rápido que pudo.
Luna lo comprobó por si misma. Era su sangre, su sangre azul brillaba en un tono muy claro y luminoso al contacto con el agua. Ambos se quedaron tan fascinados como sorprendidos.
- Luna, ¿Tienes alguna idea de por qué su sangre brilla?- Preguntó con los ojos abiertos como platos.
- No se el porque, lo que si se... es lo obvio- Hizo una breve pausa- Es que el agua le produce está reacción.
- De acuerdo... déjame probar-.
- ¿Qué vas a hace...?- Cuando lo preguntó Roberto ya había actuado.
Echó agua en sus heridas del pecho, como una prueba. La luz que emanaba de su sangre, iluminando la sala con un tono azulado intenso, sus sombras se dibujaban contra las paredes. Entonces despertó, pero lo hizo gritando, ellos retrocedieron, parecía que aquello le provocaba un dolor terrible.