Las cosas con la familia de Beth avanzaban como quien atraviesa un campo con minas, sin olvidar dónde ya se ha pisado, y esperando que no todo estalle.
Emma y Amalia comenzaron a compartir más tiempo, aunque fueran cosas simples, preparar postres, organizar la despensa, ver películas con Luci.
No había grandes conversaciones, pero sí pequeños gestos que ya no se sentían forzados e incluso Joshua, aunque algo distante aún, la saludaba con un leve movimiento de cabeza cada mañana.
Y Bryan…
Bryan había empezado a dejarle libros en la mesa del comedor, sin notas, sin comentarios. Solo libros.
Y eso, para Emma, era el lenguaje perfecto para pedir perdón.
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Después de un relajado día la noche cayó dejando ver lindas estrellas brillantes las cuales eran acompañadas por una hermosa luna llena.
Esa noche, Max pasó por ella sin avisar.
Emma lo encontró esperándola en la entrada trasera con dos cascos de moto en la mano.
—¿Conduces moto? —preguntó sorprendida.
—Conduzco muchas cosas —respondió él, alzando una ceja.
Emma rió.
—¿Dónde vamos?
—A un sitio donde no nos interrumpan.
Ella lo miró de reojo, divertida.
—¿Y qué planeas que hagamos sin interrupciones?
Él se acercó y, sin tocarla, le dijo muy cerca del oído:
—Descubrirlo.
Ya los arriba de la moto esta rugió como un animal dormido por demasiado tiempo, recorrieron calles secundarias hasta que llegaron a un claro entre árboles, lejos de casas y luces.
Allí, Max puso una manta en el suelo, sacó una linterna, bebidas y colocó música suave.
Entrelazaron sus vistas y esta vez no hubo palabras, solo la urgencia de estar cerca.
Los besos se volvieron intensos, las manos exploradoras Emma sentía que el cuerpo se derretía entre sus caricias.
—Max… —susurró ella.
—Dime que no quieres que me detenga.
—No quiero —dijo, temblando.
Justo en ese instante, una luz potente iluminó el claro.
—¡¿Qué hacen ahí?! —gritó la voz de un guardia de seguridad con linterna en mano.
Ambos se separaron de golpe.
Emma quiso reír, pero Max solo murmuró entre dientes
—Otra vez no.
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Ya de regreso, en la puerta de casa, Emma lo miró con burla.
—Empiezo a pensar que tienes mal karma-se carcajeó
Max se encogió de hombros con una sonrisa
—Lo tengo, aun no sabes todo de mí.
Emma lo miró con atención pues algo en su voz había cambiado.
—¿Quieres contarme?- dijo tomando su mano.
Max apretó su mano y besó su frente y como escapando de algo dijo.
— Pronto, pero esta noche no será.
Y sin decir más, se fue hacia su motocicleta y arrancó, dejándola con el corazón latiendo demasiado rápido.
No solo por el deseo, sino por la curiosidad y necesidad de saber del secreto que aún no conocía.