Emma despertó con la sonrisa aún cosida a los labios.
El paseo con Max, a pesar de la interrupción, había encendido una parte de ella que creía dormida.
El deseo de vivir, de reír sin miedo y de dejarse llevar.
Pero no todo era tan simple….
Ese mismo día, Beth la sorprendió en la cocina.
—Tu hermano —dijo con voz neutra.
—¿Cuál?- dijo tomando una fruta de la encimera.
—Bryan… te está buscando.
Emma dejo la fruta en donde estaba y fue a la sala.
Allí estaba él, con un cuaderno en la mano.
—Tengo una idea —dijo, sin saludar.
—¿Hola a ti también? —ironizó ella.
—Sí, hola, pero escucha, estaba pensando… ¿y si hacemos una noche de juegos con todos? nada raro solo cartas, dominó y tal vez unas películas después-dijo rápidamente- Si te parece
Emma lo observó con desconfianza fingida.
—¿Esa es tu forma de incluirme?
—Esa es mi forma de… de intentar que dejemos de andar con máscaras-suspiró- somos lo que somos y tú estás aquí, así que… ¿sí?-pregunto con esperanza en su interior.
Emma sonrió.
—Sí.
Esa noche fue extrañamente agradable.
Entre risas, trampas en juegos de mesa y discusiones sobre películas viejas, Emma se sintió más integrada que nunca.
Hasta Joshua participó, Amalia cocinó palomitas y Bryan dejó de quejarse por perder y por momentos, eran una familia.
Rara, fracturada, en proceso pero al final, una familia.
…………………………………
Ya estaba a punto de irse a dormir cuando recibió una invitación de Max para ir a cenar, aunque ella ya estaba llena de palomitas y snacks, se le hizo feo rechazar la propuesta y decidió aceptar.
Al terminar de cambiarse, Max pasó por ella, en el camino hablaron de su dia, y Emma le contó lo que paso con su familia, el sonreía y le gustaba verla emocionada con brillo en sus ojos al mencionar cada palabra.
Llegaron a un restaurante pequeño en las afueras, íntimo, con luces cálidas.
—¿Y si esta vez no nos interrumpen? —preguntó Emma sonriendo al salir del auto.
—Si alguien entra esta vez, juro que grito —dijo él, divertido.
La cena fue tranquila, luego de ello se fueron a la casa de Max, pero al llegar a casa, la tensión aumentó y apenas cruzaron la puerta, sus labios chocaron y danzaron con hambre contenida, lentamente él la llevó al sofá, sin separar sus bocas.
La acarició muy despacio, como si intentara memorizar cada centímetro de su piel.
Emma se aferró a él con fuerza, ell calor entre ambos era eléctrico.
Esta vez, estaban solos, esta vez, nada lo impediría….
Hasta que el celular de Max vibró insistentemente.
—No contestes —suplicó Emma, sin abrir los ojos.
Pero Max se quedó inmóvil.
—Es del hospital. Emergencia.
Emma asintió, tragando decepción.
—Ve- dijo decepcionada pero comprensiva.
Él dudando se levantó, le dio un beso rápido y tomó sus cosas.
—Lo siento-dijo con suplica- De verdad.
—Ya empiezo a pensar que el universo conspira —dijo ella, medio en broma, medio herida.
Cuando Max se fue, Emma se quedó recostada en el sofá, con la respiración aún agitada tratando de calmarse.
Tomo sus cosas y se dirigió a su casa.
Mas tarde, mientras intentaba dormir, recibió un mensaje suyo.
Max:
“Tú no sabes quién fui antes. Ni lo que perdí. Pero me da miedo que, si lo sabes… no quieras quedarte.”
Emma releyó el texto varias veces. Sintió un escalofrío.
Porque el amor, incluso el que empieza con risas, también lleva sombras.
Y estaba lista para conocerlas.