Una noche, después de cenar en casa de Beth, todos terminamos viendo una película vieja en la sala.
Bryan criticaba el guion cada cinco minutos, Joshua se quedó dormido a la mitad, Amalia lloraba por escenas que ni siquiera eran tristes y Ricardo fingía que entendía la trama aunque claramente no tenía idea.
Y Max estaba sentado a mi lado, no haciendo nada especial.
Solo ahí, con mi pierna tocando la suya debajo de la manta, con su brazo descansando detrás de mí, con esa calma extraña que trae la gente cuando deja de sentirse temporal.
En algún momento Beth se levantó por más té y nos miró de una forma rara, suave, casi emocionada.
No dijo nada.
Pero lo entendí.
Ella también lo veía.
La manera en que Max me miraba como si yo fuera algo delicado y fuerte al mismo tiempo.
La forma en que yo dejaba de tensarme cuando él estaba cerca.
Más tarde, cuando todos se fueron a dormir, salimos al jardín.
El aire estaba frío, me senté en uno de los escalones de la terraza y Max se acomodó a mi lado.
—¿En qué piensas? —preguntó.
Tardé un poco en responder.
—En que me da miedo acostumbrarme a esto.
—¿A qué exactamente?
Miré hacia la casa iluminada detrás de nosotros.
Las voces lejanas, las risas apagadas, la sensación de pertenecer.
Luego lo miré a él.
—A estar bien.
Max guardó silencio unos segundos.
—Emma… las personas como nosotros siempre creen que la felicidad es temporal-dijo acariciando su mano- Como si en cualquier momento alguien fuera a venir a quitárnosla.
Sentí un nudo en la garganta, porque tenía razón.
Toda mi vida había vivido esperando perder algo.
—¿Y si pasa? —pregunté en voz baja.
Él apretó mi mano
—Entonces lo enfrentamos, pero mientras tanto… también podemos permitirnos vivirlo.
Lo observé bajo la luz tenue del jardín.
Y entendí algo importante.
Tal vez sanar no era olvidar todo lo malo.
Tal vez sanar era esto.
Sentarte un martes cualquiera junto a alguien que amas, escuchar a tu familia discutir dentro de la casa por quién dejó vasos sucios en la cocina… y darte cuenta de que, por primera vez en mucho tiempo, ya no estás sobreviviendo.
Estás viviendo.