Y Raquel nunca volvió

8. Elizabeth

Peleas y peleas, gritos, llanto y finalmente súplicas de rodillas, así fue este fin de semana, con mamá tratando de convencer a los padres de Mer y Mariana de dejar la casa, a los padres de Mer les daba igual, ella no se iría por voluntad propia, no al encontrar una casa tan perfecta para ella, a los padres de Mariana si le importaba, salvo que no podían confirmarlo, la policía jamás hizo un registro o algo similar, además de que ellos no confiaban en "una prostituta" como mamá.

Gerald engañaba, eso lo tenía a su favor, hacía parecer que era perfecto, que todo estaba bien, incluso yo empecé a dudar de mí misma, pero tan solo de recordar cómo le gritó a esas mujeres me daba a entender que no era una buena persona, luego verlas rezando como desquiciadas me sorprendió, ¡Ah! ¡Claro y la escena toda sangrienta de Gerald!
No dije nada a la policía, porque creí que con enterarse de que era un "depravado sexual" lo investigarán y así sabrían la verdad de él, pero no, el dinero lo puede todo. Al final los padres de Mariana se negaron a cerrar el contrato, incluso lo renovaron y sin más alternativa Ellie tuvo que quedarse, claro que no ha dejado molestarme desde entonces, me ha ignorando, ni siquiera me saluda o hace de comer, nada, cada tarde que pasó aquí es una tortura, pero aún así es mejor que estar sola, aunque el incidente ya había sido hace 4 días, Ellie seguía enojada como el primer día.

Todo lo contrario Mer, ella estaba bien, no parecía enojada, no estamos tan juntas como antes, pero aún así me trata bien, aunque pareciera que me evita. Me dejó caer en la silla frente a Mer, ella escribe algo en una libreta para después pasarlo a su computadora.

— Hola, Mer.

— Hola.

Ella no me mirá.

— Y...¿Qué haces?

— Escribiendo el artículo que necesitan en mí trabajo.

Directa y cortante, así es Mer. Me balanceo sobre ella intentando captar su atención, ella me ignora por varios minutos hasta que finalmente suspira y me mirá.

— Me gustaría que me dejes trabajar, Raquel — Mer me miraba a través de su computadora —. Necesito escribir este catálogo de jardinería, a diferencia tuya, no tengo una madre o un padre que me apoyen financieramente.

Asentí rendida, alejándome de ella.

— ¡Oh, espera! — me devuelvo hacía ella emocionada por su atención —. Pronto llegará la nueva inquilina, Elizabeth, ¿Podrías recibirla? Veo que te llevas bien con los extranjeros, tiene un acento marcado así que posiblemente se lleve mejor contigo.

Asentí decepcionada.

— Sí, lo haré.

Caminó hacía el sofá pero antes de que pueda sentarme escuchó que tocan la puerta.

— ¡Raquel, abre la puerta!

— Bien.

Abrí la puerta encontrándose con una chica joven: de estatura media, pero sumamente curvilínea, cabello oscuro y piel blanca, llevaba unos lentes de sol negros que combinan con su vestido y guantes también negros, ella me sonrió.

— Hola, ¿Tú eres Meredith Delia?

Mer tenía razón, sí que tenía un acento muy marcado.

— No, no, soy Raquel Martínez, ¿Y tú?

Ella me sonríe extendiendo su mano, que mujer tan elegante y hermosa.

— Elizabeth, Elizabeth Adamson, un gusto — nos estrechamos las manos —. ¿Vives aquí? Hablé con Meredith y Ellie para alquilar con ellas, ¿Es posible que esté en la dirección equivocada?

— No, es aquí, Ellie es mí hermana y Mer su mejor amiga, pasa — me hago a un lado y ella entra, moviéndose con gracia y elegancia, que hermosa — ¡Mer, la nueva inquilina llegó!

Elizabeth es hermosa, pero nada se compara a la belleza de Mer, al menos para mí y ella con su hermosa carita aparece por los pasillos, sonriendo amigablemente.

— ¡Hola! Tú debes ser Elizabeth, ¿No?

— Puedes llamarme Lizzie, es un gusto.

Lizzie me sonríe guiñandome el ojo.

— Bien, ¿Ya tienes todo listo para mudarte?

— Sí, pero tendré que venir con mis cosas más tarde.

— No hay problema — dice Mer sonriendo.  — ¿Necesitas ayuda con el equipaje?

— No, descuida, es sólo unas maletas, además, ya tengo a alguien que me pueda ayudar.

— Bien, Raquel, ¿Podrías enseñarle su habitación? Además de la recepción y todo, para que no tenga problemas para adaptarse.

— Bien.

Guío a Lizzie por el pasillo, hasta llegar a la antigua habitación de Mariana, sus pertenencias estaban en la casa de sus padres, sólo por tres meses porque luego ella volvería de estudiar en Italia, para ese entonces a Lizzie le tocaría irse a otro departamento o mudarse a la cuarta habitación, era posible.

— Bien, espero que te guste, mí hermana y Mer pasaron todo el fin de semana arreglando aquí y allá, para que sea de tú agrado.

Lizzie se quita los lentes de sol revelando un par de ojos color marrón, ósea, caquita pasión. Aún con la simpleza de sus rasgos Elizabeth era una de las mujeres más sexys y bellas que había visto en mí vida.

— Es muy acogedora — ella se adentró en la habitación, haciendo que el sonido de sus tacones hiciera eco —, ¡Que bien! Un baño individual, pero...¿A dónde da esa ventana?

"Hacía un posible asesino violador" pensé para mí.

— Todas las ventanas dan al patio trasero de los dueños de los departamentos.

— Ya veo.

Lizzie caminó hacía la ventana, abriendola y sacando la mitad de su cuerpo por ella, el aire al instante movió su cabello y de forma inconveniente se abrazo así misma, ajustando sus pechos, al agacharse me dejó ver su prominente trasero, tuve el impulso de besarle el cuello, de seguro sabía tan bien como olía, pero me contuve, a penas la conozco, además, no me ha dado su consentimiento.

— Me encanta — parpadeó saliendo del sueño erótico que está aparición de mujer me ha provocando —. Iré por mis cosas, pero...¿Me acompañas a la recepción? No quiero ir sola — Lizzie hizo un débil puchero, que no hizo más que aumentar mis ganas de besarla.




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