BABY
Me despiertan los rayos del sol contra mis ojos. No sé dónde me encuentro, me toco la sien con las manos, el dolor de cabeza que siento es muy intenso. Intento recordar que hice la noche anterior, no recuerdo haber bebido y sin embargo me siento como si tuviera una gran resaca. Me duele la espalda, estoy tumbada sobre algo duro y punzante que se me clava en los riñones. Abro los ojos y lo primero que veo al incorporarme es el mar.
Estoy en un acantilado pero no reconozco el lugar, comienzo a recordar, mi abuela, el Camino de Santiago, las cenizas, el cementerio y la piedra de ámbar. Noto que tengo algo en la mano y al abrirla allí está la piedra. Bien, estoy en la Costa DaMorte, y aunque no veo ni los montículos de piedras ni el cementerio no deben estar muy lejos. Veo mi mochila, la recojo y saco mi móvil para buscar la ubicación.
¡Mierda! No tengo batería, el teléfono está totalmente muerto y no puedo averiguar dónde estoy. Bebo un poco de agua de la cantimplora que llevo y me cuelgo la mochila a la espalda para ponerme en marcha.
Seguramente después del cementerio caminé a lo largo del acantilado y en algún momento me debí quedar dormida. Recuerdo que el pueblo estaba a poca distancia, además tengo un billete de autobús para volver a Santiago de Compostela, si no me doy prisa lo perderé, no sé qué hora es exactamente, maldita tecnología, no somos nada sin un móvil en la mano, está amaneciendo y por la época del año debe ser alrededor de las ocho.
El camino se me está haciendo más largo de lo que recuerdo, todavía no he encontrado la carretera, estoy atravesando un pequeño bosque que tampoco reconozco pero lo importante es no salirse del camino, si hay camino hay civilización.
¡Joder con la civilización! Según mis conocimientos sobre Astronomía deben ser cerca de las doce y todavía no he encontrado una puñetera aldea, una carretera o una simple cabaña de Orcos o Meigas, lo que sea pero algo.
Tengo hambre y estoy cansada, así que decido sentarme a beber un poco de agua y tomarme una barrita energética. Pensaba tomar un buen desayuno antes de coger el autobús a casa, pero me conformaré con cereales pegados a una chocolatina. Estoy volviendo de vaciar la vejiga cuando escucho cascos de caballos que se acercan por el camino.
Desde donde estoy no puedo verlos, pero es buena señal, si hay gente a caballo en algún lugar estará el pueblo. Recojo todo y decido continuar el camino, seguro que ya falta poco, si esos caballos llevaban turistas haciendo una ruta a caballo lo más probable es que como muy lejos el pueblo esté a una hora.
Con el paso del tiempo el cielo se va oscureciendo y unas nubes que anuncian tormenta tapan el sol que un rato antes picaba como el demonio. Cómo ya he aprendido la lección, decido parar para ponerme la capa impermeable que llevo en la mochila, me ha pasado varias veces que por esperar he acabado empapada. No me equivoco y un rayo ilumina el cielo seguido de un gran estruendo y empieza a caer agua con fuerza.
Acelero el paso para llegar lo antes posible, aunque a estas alturas no sé si me he perdido y a que pueblo llegaré. Por fin veo un puente que cruza un gran río y en la otra orilla unas casas de piedra forman una pequeña aldea. Me quedo parada y la respiración se me corta por momentos. No me sorprende encontrar un río con ese caudal, el cual no he visto antes, ni el puente ni la aldea, lo que me deja petrificada es el castillo que se alta en lo alto de una colina justo detrás de las casas.
¿De dónde ha salido ese castillo? Intento recordar la guía turística y no recuerdo ningún castillo cerca de donde me encuentro. Comienzo a cruzar el puente, mejor llegar a una cafetería y averiguar dónde estoy, aquí parada me estoy empapando. Escucho un estruendo a mis espaldas ¿Otra vez cascos de caballos? Y una voz que grita. Casi no me da tiempo a girarme cuando me encuentro a un grupo de unos veinte tipos vestidos con trajes ¿Escoceses? - ¿Eso son faldas escocesas? Que vienen hacia mí a toda velocidad. Sin pensarlo me echo a un lado y les grito una serie de palabras malsonantes, ¡Esos idiotas casi me llevan por delante!
De pronto noto como el que va el primero se para y da la vuelta al caballo, los demás le imitan y abren un camino para que pueda pasar “¿Viene hacia aquí?”
Suelo ser una persona calmada y no suelo enfadarme, debe ser que de pequeña me he frustrado demasiado con mis padres que he descubierto que no merece la pena enfadarse por lo que no se puede solucionar, aunque hoy esa calma debe estar de vacaciones.
Si lo analizas es normal, me he despertado con dolor de cabeza y un montón de piedras clavadas en la espalda en un sitio que no recuerdo, llevo varias horas andando por un camino que no he visto nunca, llueve a mares, he llegado a un pueblo que no es al que debía llegar y para colmo una panda de pueblerinos celebrando alguna fiesta medieval casi me arrasan con sus caballos.
Se ha debido dar cuenta que no le he entendido porque levanta una ceja sorprendido, aunque no sé de qué se sorprende, como si todos los turistas tuvieran que saber gallego, aunque estoy segura que no lo es, en los dos años que llevo viviendo en Santiago he aprendido perfectamente a hablarlo, a lo mejor es algún dialecto cerrado. Sin darme tiempo a decirle que no le entiendo me vuelve a preguntar ahora en inglés