CHRIS
Llevamos toda la mañana recorriendo los alrededores del acantilado, el vigía de la torre nos ha informado que ha visto una fogata, solo ha durado unos segundos y ha desaparecido, lo que me hace pensar que quien esté ahí no quiere ser descubierto. Son tiempos difíciles para el clan, demasiados enemigos. Tengo que averiguar de quien se trata y que pretenden.
Después de recorrer varias veces el acantilado y mandar guerreros a los caminos, incluso a inspeccionar el bosque no hemos encontrado ni un solo rastro.
Al llegar a la orilla del puente nos cruzamos con un hombre. Por su postura es un anciano, aunque no lo reconozco, aparte del enfado que llevo está lloviendo demasiado como para prestarle atención.
Al pasar por su lado el muy idiota no se aparta y estoy a punto de embestirle con el caballo. “¿Quién demonios es ese hombre? ¿Y qué le ocurre en la espalda?” Es normal ver a viejos con protuberancias en la espalda causadas por el paso del tiempo y la vida dura, pero lo de este hombre no lo había visto antes. Paro a Black mi pura sangre y retrocedo para ponerme a su altura.
Definitivamente este hombre no pertenece al clan y está ocultando algo bajo la capa, una capa por cierto que no soy capaz de reconocer ya que el color no pertenece a ningún clan de la zona.
Me contesta algo que no soy capaz de entender, estoy encima del caballo y la lluvia cae con fuerza.
Bajo del caballo y sin pedir permiso, no lo necesito soy el heredero y capitán de los guerreros, le quito la capucha para descubrir su rostro.
¡Dios santísimo! Al tirar de la capa se descubre una melena negra rizada digna de admirar. No está sedosa como las de las mujeres del clan, más bien es una maraña de rizos, la mujer levanta la mirada y dos grandes ojos verdes me dejan sin respiración. Es una muchacha joven y preciosa.
La mujer vuelve a hablarme y ahora me doy cuenta que habla un idioma extraño, no es escoces de eso estoy seguro.
Me contesta una palabra que no conozco, aunque el resto es inglés, por tanto doy por hecho que es Sassenach
Esa mujer parece no saber con quién está hablando, nadie se dirige a mí en ese tono
La mujer abre los ojos como platos, me mira como si hubiese visto un fantasma, si cuando la he visto por primera vez me parecía preciosa, ahora mirándome con esa cara desafiante y el pelo pegado a causa de la lluvia es el ser más hermoso que jamás he visto. Sin embargo, ahí sigue con su diatriba, hablando de esa manera extraña que me cuesta entender
“¿Quién se ha creído que es para hablarme de esa manera?” De un tirón más brusco del que quería le subo la capa para descubrir que lleva escondido en la espalda, porque estoy seguro que no se trata de ninguna protuberancia.
“¡Por todos los Dioses! ¡Va en paños menores! ¿Porque demonios no lleva vestido? ¿Qué diablos es este fardo que lleva colgado?” Tiro rápidamente del saco que lleva a la espalda y le bajo la capa, no sé exactamente porque motivo pero no quiero que ninguno de mis hombres la vea en paños menores. Además ahora tengo un problema mayor que esconder bajo el kilt. “Parezco un muchacho en la pubertad, joder”.
Me doy cuenta de lo brusco que he sido cuando veo que la muchacha trastabilla y está a punto de caer, la cojo de la cintura para que no se caiga, le lanzo el saco a Morgan y subo a Black de un salto.
La mujer no deja de gritar palabras que no entiendo, debería callarla, no sé cómo se atreve a gritarme de esa forma, podría castigarla aquí mismo por su atrevimiento aunque para ser sincero verla de puntillas intentando gritarme a la cara, haciendo gestos extraños y manchándome de saliva el pecho es una de las escenas más graciosas que jamás he visto.
Cuando creo que ya es suficiente, la pobre parece una gallina asustada, la cojo y la subo al caballo como si se tratara de un saco de harina y pongo rumbo al castillo.
La mujer no deja de gritar y de revolverse, si sigue así se va a caer. Podría haberla enderezado y sentado delante de mí, hubiese sido lo correcto pero en lugar de eso le doy un azote en la nalga para que se calle, se esté quieta y deje esa verborrea que no entiendo aunque intuyó que no me está diciendo precisamente lo adorable que soy.
Parece que se ha calmado un poco al llegar al castillo, bajo del caballo y debería ayudarla a bajarse, reconozco que lo que hago no es normal pero algo en mi interior me ha instado a hacerlo, me la cargo sobre el hombro para entrar lo antes posible.
El castillo a estas horas está en pleno apogeo, sirvientas vienen y van con ropa de cama limpia, con cestos de frutas y verduras, están limpiando las estancias, me encanta ver tanta vida en el castillo y sobre todo saber que esta gente es feliz y tienen todo lo que necesitan.