BABY
¡Dios bendito! ¡Dios bendito! Esa mujer es preciosa. Que tonta soy, sé desde un principio de Christ está comprometido, se lo escuché a su padre el día que llegue. Pero ¿Por qué me molesta tanto que este hombre tenga novia? Es normal, es el heredero de un clan, es simpático y además está buenísimo, que dama de la Edad Media, del siglo XXI o incluso un marciano del futuro no se querría casar con él. ¡Pues claro! Y además mientras venía su prometida tonteamos con la Sassenach para entretenernos.
Llevo aquí varios días y no creo que mi misión esté en este clan tonteando con el hijo prometido del Laird. Debo buscar mi destino.
Me he vestido con mis pantalones cargo y una camiseta de tirantes, hoy el día ha amanecido bastante caluroso, si no me equivoco este es el camino por el que me trajo ese mamarracho, en unas dos horas habré llegado a la aldea, allí preguntaré y si la siguiente aldea no está muy lejos aprovecharé para llegar antes de que anochezca.
Como he previsto me encuentro en la taberna de la aldea tomando algo antes de dirigirme al siguiente pueblo, según me han indicado está a dos horas andando, así que, con un poco de suerte llegaré antes de que se haga de noche.
Cuando estaba haciendo el camino de Santiago me sentía en paz, aunque algunas veces me dolían las piernas no me costaba andar, sin embargo hoy, conforme avanzo siento más cansancio y un dolor en el pecho que no entiendo muy bien a que se debe. Si lo sé, es debido a que me alejo del clan McDonald, no sé a quién quiero engañar, no quiero irme, pero tampoco puedo quedarme viendo como Christ es feliz con esa mujer. Total en pocos días lo olvidaré, solo se trata de un capricho pasajero.
Me giro para ver de quien se trata ¡Oh, no! ¿En serio? Esto es un cliché. Delante de mi encuentro a un personaje muy común en todas las novelas de la Edad Media, el típico mercenario mellado y sucio que piensa que da mucho miedo y seguramente ahora intentará aprovecharse de mí, quitarme la honra y decir alguna frase como “tú y yo nos vamos a divertir un rato, pequeña”, además seguro que tiene un compañero al que le dirá “mira que regalito …”
Vale, piensa Laura, donde has guardado el gas pimienta. Recuerdo que lo llevo en uno de los bolsillos de la mochila, lo he visto esta mañana cuando he recogido mis cosas. Echo mano al bolsillo y muy despacio abro la cremallera, por suerte no tengo que rebuscar mucho.
Hasta ahora no he abierto la boca, pero ya es hora de decirle un par de cosas a este gilipollas.
No me he dado cuenta que el otro idiota, un larguirucho igual de mugriento que el retaco gordo que me está acosando, está a mi espalda y cada vez se acerca más. El gordo le pide a su amigo que me sujete, ¡que valiente el seboso, no es capaz de hacerlo solo!
Bien idiota, estás justo donde te quiero. Sin pensármelo dos veces apunto con el bote de spray y lo presiono justo a la altura de los ojos. El imbécil se echa las manos a la cara y comienza a gritar por el escozor que le produce el spray pimienta. El larguirucho que tiene menos luces que músculos se queda mirando la escena y me mira como si tuviese dos cabezas.
Que pesados son en esta época con las brujas. Este no se ha dado cuenta que al único que dejo que me llame bruja es a Morgan.
El espagueti se viene arriba y saca una daga que lleva guardada en la cintura, intenta atacarme con ella, sin pensármelo me quito la mochila, no puedo escapar, seguramente este hombre corra más deprisa que yo y más cargada con la mochila.
Le esquivo un par de veces, es demasiado torpe pero no me puedo confiar, lleva un cuchillo y es peligroso. Llevo practicando años Aikido y una de las primeras lecciones es no subestimar a un enemigo con un arma. Me concentro y en el momento que vuelve a atacarme con el arma le cojo la muñeca y en un rápido y seguro movimiento le rompo la muñeca, sin ningún tipo de remordimiento.
En ese momento escucho un aplauso que viene desde el camino. ¿De dónde han salido estos hombres? Ahí, mirándome desde el camino subidos a sus caballos una veintenas de guerreros están mirándome como si fuese la primera vez que ven a alguien defendiéndose, ¡Claro, seguro que es eso!
Levanto la cabeza para verle mejor, el sol me da de frente y no puedo distinguirle, me pongo las manos en forma de visera y…