BABY
Creía que la gente no iba a confiar tanto en mí y que el consultorio no iba a funcionar como lo está haciendo, es increíble cada día viene más gente, algunos incluso vienen sin tener nada.
Soy feliz, nunca en la vida me he sentido tan a gusto como ahora. Estoy en mi lugar, aunque no haya nacido aquí, aunque no sea de estas tierras e incluso aun no siendo de esta época siento que estoy en casa. Tengo amigos y gente que me quiere, y hay un cierto guerrero que aunque es como una mosca cojonera, me encanta, cada vez estoy más convencida que me he enamorado de este hombre, aunque tengo miedo de lo que pueda pasar en el futuro.
El aludido Big Mac aparece cuando menos te lo esperas, sí, ya ha montado varios numeritos sobre todo cuando se trata de sus guerreros o en general de los hombres. Le he pillado varias veces echando a algún guerrero de la sala de espera o diagnosticando el mismo simplemente para que se larguen. Mis discusiones cada vez suben más de tono, es insoportable lo protector que es, raya lo enfermizo, pero me encanta.
Ahora mismo me dirijo al patio de entrenamiento. Esta mañana me he enterado que uno de sus guerreros más mayores tiene almorranas y el idiota le está amenazando para que no venga a verme. ¿Qué se ha creído ese idiota? ¿Cómo es capaz de dejar a un hombre sufriendo con lo dolorosas que son simplemente porque no quiera que yo le vea el culo? Tengo que hacerle entender que cuando estoy trabajando no hay nada de sensual, es simplemente trabajo y ciertas partes del cuerpo son iguales que un pie o una mano.
Todos se paran como si se les hubiesen gastado las pilas a la vez y giran la cabeza hacia donde una zumbada con los rizos alborotados avanza como si fuese un terremoto.
Empujo a uno de los guerreros más jóvenes que está justo en medio de mi camino que es donde está ese hombre y arrearle un puñetazo. Sí porque se lo merece. Estoy harta de sus incursiones en mi consulta intentando amedrentar a los hombres para que no entren y mucho menos cuando se trata de dolencias un poco pudorosas.
Morgan que está cerca de mi intenta interceptarme, porque es peligroso lo sé, esto está lleno de espadas, dagas y hombres dándose puñetazos, bueno ya no, porque soy como una fan que acaba de irrumpir en un partido de rugby y todos están mirándome como si fuese el ser más extraño de la tierra.
El resto de los hombres se echan a reír y poco a poco van haciendo un círculo a mí alrededor y al del Madelman que ya ha llegado a mi altura.
Las carcajadas aumentan, y claro el Madelman que se siente humillado en su orgullo estalla. Sé que no debería estar aquí, pero no puedo pasar por alto no ayudar a un hombre que lo necesita y que es fácil de aliviar su dolor solo porque esta masa de carne sienta pudor de las partes nobles.
Claro que lo mío no ha sido lo que se dice secreto profesional, acabo de gritar a los cuatro vientos que un guerrero tiene un herpes y otro almorranas, muy, muy profesional. No es momento de achantarse ya pediré perdón más tarde, además qué más da si estamos en la Edad Media, esta gente está hablando contigo y se ponen a mear en un árbol.
Noto como los pies dejan de tocar el suelo y acto seguido lo veo todo al revés ¿Qué coño pasa? Cuando reacciono este Neanderthal me ha cogido como un saco de patatas y estoy boca abajo con las consiguientes carcajadas de los guerreros. Y claro como calladita y quieta no me puedo estar, pues empiezo a soltar todas las palabrotas que se en inglés, español y algunas que he aprendido en gaélico a la vez que le doy puñetazos en la espalda y patadas en el estómago. ¿Me acaba de dar un azote en el culo?
No sé qué comienza a decirme sobre que una mujer debe obedecer, que me tomo demasiadas libertades y que necesito un castigo para no sé qué gilipollez cuando escuchamos una voz.