¿y si mi destino es una película?

Con faldas y a lo ninja

BABY

Estamos a mediados de agosto, las catapultas están preparadas y probadas, los guerreros manejan las ballestas a la perfección, mis ninjas vuelan por los árboles, tenemos fuegos artificiales y bengalas para una mascletá que ni las de Valencia y todo lo necesario para el hospital de campaña está preparado, solo falta una cosa saber si Drako vuela. Sí, Morgan ha bautizado al dragón.

  • Te pongas como te pongas voy a ser yo quien maneje a Drako
  • Ni hablar, he dicho que no. Es demasiado peligroso.

Arghh, este hombre es un cabezota. Llevo varios días discutiendo con Big Mac sobre quien va a manejar el parapente,

  • Te he dicho mil veces que no es la primera vez que hago esto.
  • Me da lo mismo, no voy a permitir que te subas a ese cacharro. No puedo permitir que te pase nada malo

Me da pena porque le veo miedo en los ojos, pero tengo experiencia suficiente para manejar ese cacharro.

Durante dos años me dio por practicar todos los deportes de riesgo que se me ponían delante, parapente, puenting, rafting, escalada, yo creo que era una forma de rebelarme ante todo lo que me rodeaba.

Además no tenemos tiempo para enseñar a nadie a manejar el aparato, y no podemos arriesgarnos a que los ingleses nos vean por el cielo, solo tenemos una oportunidad y soy la única que puedo llevarla a cabo.

Si no tuviese suficiente con el cabezota de mi Madelman el resto de los guerreros le apoyan, ninguno quiere que me pase nada. Es desesperante.

  • Se acabó, no tenéis derecho a decidir por mí, el invento es mío y yo voy a ser la que lo utilice – como el escatergori.
  • De eso nada, no voy a permitir que te pase nada por culpa de Drako, yo lo montaré – dice Morgan con voz firme
  • Cállate Merlín, ¿Acaso sabes algo sobre aerodinámica?
  • No, pero conozco a Drako desde que nació. – se queja el guerrero como si fuese un niño pequeño y estuviese hablando de un animal
  • Drako es una máquina no un cachorro, además eres demasiado grande y pesas mucho, no llegarás a la llanura desde la colina con tu peso. – digo poniendo los ojos en blanco

Todos asienten como si supieran lo que estoy diciendo, o a lo mejor confirman que es muy grande y pesado.

  • Yo lo haré – dice Tom con esa tranquilidad que le caracteriza – mi misión era enseñar a los jóvenes a luchar y ya están preparados

Todos asienten convencidos, ¡Joder! ¿Qué hago ahora? De momento no me queda más remedio que claudicar, ya encontraré una solución cuando llegue el momento.

-.-

Estoy en uno de los momentos más divertidos de toda esta aventura, aparte del espectáculo de pirotecnia. Estamos probando los trajes de los “ninjas”.

Ver a un grupo de guerreros grandes como armarios vestidos con unos trajes negros estrechos y pasamontañas estilo Edad Media, es como ver una Chirigota gaditana a punto de actuar.

Cómo era de esperar al principio han protestado y se han negado a ponérselos, he tenido que demostrarles lo eficaces que son y aquí estamos en mitad del bosque.

Cuando han comenzado a trepar los árboles han reconocido que son muchos más cómodos que las falditas, tienen más facilidad de movimientos.

Les he pedido que no se escondan demasiado, quiero demostrarles que al ir vestidos de negro es más difícil ser descubiertos.

Christ ha preparado una partida de caza, he aprovechado para situar a los ninjas repartidos por toda la zona por la que van a estar los cazadores.

Para su sorpresa no han sido descubiertos por ninguno de los guerreros, es más, los animales tampoco se han percatado de su presencia y la caza ha resultado un éxito.

Cuando el grupo se dispone a volver al castillo, los hombres de negro comienzan a saltar de los árboles y a rodearlos sin que se den cuenta de la emboscada hasta que es demasiado tarde.

  • ¿Se pueden saber de dónde habéis salido vosotros? – pregunta Christ que ha sacado su espada al sentirse atacado

Cómo si me creyese Robín Hood en mitad de una emboscada aparezco en el grupo, vestida completamente de negro con mis mallas, mi jersey de cuello vuelto y mi pasamontañas.

Los míos son un poquitín menos ridículos, mi cuerpo es más esbelto y la tela es elástica por lo que ajusta mejor.

  • Ay, pequeño Big Mac, otra vez has caído en la trampa – le digo acercándome a él contoneando mis curvas y con tono seductor, ¿Por qué? Porque me parece gracioso.

Veo como Christ me mira de arriba abajo y traga saliva, sí, me siento seductora y lo he conseguido, sé que lo que está pensando ahora mismo no es apto para menores.

  • ¿Se puede saber porque vais vestidos así? – pregunta el Laird de los McGregor
  • Estos hombres, mis ninjas – digo siguiendo con el juego de la seducción y me acerco a él contoneándome – son los encargados de manejar las ballestas y los megáfonos amiguito. Llevamos aquí desde que habéis llegado y ni os habéis enterado
  • Eso no es posible, mujer – replica, porque claro no se va a dar por vencido tan pronto – os habríamos visto




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