Ya es tarde, encontré otro amor

El encuentro en el bosque

Cuando recuperó un poco el control de sí misma, Elisa comprendió que estaba perdida. La lluvia continuaba cayendo, la neblina era espesa como una pared blanca, y la noche avanzaba rápidamente. El frío calaba hasta sus huesos, y el miedo empezó a mezclarse con la tristeza que llevaba dentro. Intentó orientarse, pero todo parecía igual: árboles altos, suelo húmedo, el murmullo constante del viento entre las hojas.
De pronto, escuchó el sonido de pasos firmes y pausados acercándose entre la vegetación. Una figura alta apareció entre la bruma, vestida con ropa de trabajo resistente, de tonos oscuros, con una mirada tranquila y atenta. Era Tomás Varela, el guardabosques encargado de toda la reserva natural, un hombre del que se decía poco y se sabía menos: vivía solo en una cabaña apartada, se mantenía alejado de la vida social de Monte Alto, y muchos creían que era huraño y poco comunicativo. Sin embargo, al verla allí caída y desesperada, su expresión se suavizó por completo.
—¿Está bien, señorita? —le preguntó con voz grave y serena, extendiéndole una mano fuerte y firme—. No debería andar sola por estas zonas cuando cae la tarde y llueve así. Es muy fácil perderse y caer en peligros.
Ella apenas pudo responder, entre sollozos y temblores. Él la ayudó a levantarse, la envolvió con una capa gruesa que llevaba consigo y, sin hacer muchas preguntas inmediatas, la guio paso a paso hasta su pequeña vivienda, construida con madera del lugar, sencilla, acogedora y situada en un claro protegido por grandes robles. Allí encendió rápidamente la chimenea, le ofreció bebida caliente y ropa seca, y la dejó descansar sin presionarla a hablar de lo que le pasaba.
Con el paso de las horas, mientras el fuego crepitaba suavemente y el silencio del bosque los envolvía, Elisa fue contándole todo, poco a poco, como si fuera necesario soltarlo para no morir aplastada por el peso de ello. Tomás la escuchó con atención absoluta, sin interrumpir, sin juzgar, solo asintiendo de vez en cuando con una expresión seria y comprensiva. Al terminar ella, él le contó entonces su propia historia: años atrás, sus padres habían muerto en lo que todos llamaron un accidente forestal, pero él siempre estuvo convencido de que fue provocado por intereses de explotación de la madera y la tierra, intereses que tenían nombres muy conocidos y poderosos en Monte Alto, entre ellos la familia Arango. Él había decidido quedarse allí, vigilante, protegiendo cada rincón, esperando el momento de poder demostrar la verdad y defender lo que era de todos.
Esa noche, entre las llamas y las sombras, nacía algo nuevo: una alianza, una confianza mutua, y el inicio de una historia que cambiaría para siempre la vida de ambos y el destino de toda la ciudad



#4641 en Novela romántica
#544 en Thriller
#187 en Suspenso

En el texto hay: amor, traición, suspeno

Editado: 16.07.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.