Cuando el inicio del fin se presentó,
mi cuerpo quedó preso en un bloqueo.
Mi mente buscó refugio en el vacío,
luchando por sobrevivir al miedo y al frío.
Los días siguientes carecieron de sentido,
¿cómo es posible? Ya no había destino.
Mi mente se volvió un oscuro laberinto
y me perdí sin encontrar un recinto.
Comencé a perder peso,
comencé a dormir de más,
comencé a apagarme,
porque tú ya no estás.
Viví en automático, sin rumbo ni guía,
buscando alguna luz, alguna salida,
un modo de sanar este cruel episodio,
de recomponer lo que se había roto.