Ya no hay silencio

La carga de tu adiós

Siempre creí que era alguien fuerte,
hasta que un día llegó tu muerte.
Vi cómo tu corazón lentamente se apagó
y con mi mano tuve que decir adiós.

No fue el adiós lo que más dolió,
ni ver tu cuerpo sin reacción;
fue tener que tomar esa decisión,
la causante de tu ausencia... soy yo.

Tal vez fue una decisión piadosa:
intenté salvarte del eterno dolor,
pero eso no me cura de la perdición...
sigo siendo la culpable de tu adiós.

De todas formas, prefiero ser yo,
consumida por esa llama feroz
de culpa, rabia y mil emociones,
antes que verte sufrir más dolores.




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