Cuando el sol salió,
te vi construir un cimiento.
Estabas tan concentrado,
que no quise interrumpir tu proceso.
Pronto llegaron los ladrillos,
los mirabas como si fueran
algo más que simple material,
pero yo estaba tan apurada
que me fui sin preguntar.
La pared comenzó a alzarse,
no entendía por qué era necesario construirla.
Vi tu cansancio,
vi tus lágrimas,
y aun así seguías,
empeñado en hacerla más grande.
Los días pasaron,
la terminaste.
Pero ya no podía verte,
ya no podía escucharte.
Pensé en derribarla,
en escalarla,
pero no sabía qué me esperaría
al otro lado.
No sabía si estarías,
si me escucharías,
si aún responderías.
Y al final,
el miedo pudo más.