Lo último que salió
de tus dulces labios fue:
"Tal vez, más adelante,
tú y yo volvamos a estar juntos."
Me quedé como una estatua.
Me llené de polvo
y unas grietas aparecieron en mí.
Lo único que podía mover eran mis ojos,
que te buscaban en cada dirección,
pero tú no regresabas.
A veces la gente se detenía.
Me observaba con curiosidad y
con delicadeza dejaba una flor en mi mano.
No entendía aquel gesto,
pero como no eras tú,
cerraba los ojos para descansar.
Hasta que un día,
ya no los pude abrir más.