Yahiko Yurido

Capítulo 1

Capitulo 1

Desde el inicio de nuestros tiempos han existido los animales espirituales.
Cada persona puede controlar a uno, y puede usar su poder… convirtiéndose parcialmente. Dicen que la personalidad se basa en tu animal.

¿Pero qué sucede cuando tienes un monstruo dentro?

Me encontraba descansando en un callejón algo húmedo y bastante frío del pueblo Huma-no, cuando sentí un calor proveniente del sol que apenas salía en el horizonte. Estaba cansado a más no poder.

Mi cabello blanco, como siempre, estaba despeinado y esponjado a tal punto que sentía que si pasaba un cepillo por él se quedaría atorado por siempre. Me levanté de mi cama improvisada hecha con telas que había encontrado en la basura, quitándome las lagañas, con la vista borrosa por no tener mis lentes puestos.

Me puse mi “traje” —si es que podía llamarse así— que protegía de las miradas curiosas las cicatrices de mis brazos. Estaba compuesto por un chaleco marrón y mangas mal cocidas a él, como si alguien hubiera intentado remendar un fracaso con hilos de esperanza.

Me coloqué mis lentes, tomé mi mochila, y salí a buscar alimento.

Mi estómago rugía. Hacía un par de días que no probaba bocado y mi boca se hacía agua solo de imaginar enormes banquetes, sentado en una cómoda silla… como si existiera un mundo donde comer fuera normal y no un lujo.

Caminé con el paso de alguien que intenta no existir.

Fue entonces cuando escuché una voz rebotando entre paredes, filosa y segura, proveniente del callejón de al lado.

???: —Te dijimos que si volvías te daríamos una paliza.

Me asomé con cuidado. Dos sujetos de cabello negro estaban ahí, peinados literalmente hacia arriba; se notaba que habían usado demasiado gel, tanto que parecían querer retar a la gravedad. Uno sostenía una bolsa de mandado con la mano, como si fuera un trofeo.

En el suelo, frente a ellos, había un chico rubio con una pañoleta que cubría la mitad de su rostro. Tenía la postura de alguien que acababan de empujar… pero no la expresión de alguien vencido.

???: —Qué mala suerte que no puedas convertirte aquí —dijo el que tenía la bolsa—, ya que en esta ciudad es ilegal para ustedes que no son Huma-nos.

Mis ojos se quedaron fijos un segundo.
No era mi problema. No era mi asunto.

Me retiré.

Y sin embargo…

No sé si fue el tono con el que lo dijeron, o la manera en que el rubio ni siquiera pedía clemencia. Algo me apretó por dentro. Algo viejo. Algo que siempre me metía en problemas. Maldición.

Di media vuelta, lo suficiente lejos como para que no me vieran, y metí la mano dentro de mi chaleco. Saqué mi máscara blanca, esa que nadie debía asociar conmigo.

Porque si iba a hacer una estupidez, al menos no iba a hacerlo como yo.

Volví.

???: —No debiste meterte con el grupo de “Los pelos parados” —dijo el otro, inflando el pecho como si su peinado lo convirtiera en rey.

El rubio levantó la cabeza con calma.

Chico rubio: —¿Acaso no es necesario que sean más de dos para formar un grupo?

El aire se tensó.

???: —¡Te voy a enseñar a respetar a nuestro grupo! —gritó alterado mientras caminaba hacia él.

Chico rubio: —¿De dos?

El tipo se detuvo un segundo, como si su pequeño cerebro hubiera tenido que re calcular la ofensa.

???: —Déjamelo a mí —dijo el que sostenía la bolsa mientras lo detenía con una mano—. Tú toma esto.

Le lanzó la bolsa al otro, sin apartar la mirada del rubio.

El segundo atrapó la bolsa y avanzó como si aquello fuera una ejecución. Lo agarró del cabello, tirándolo un poco hacia atrás. El rubio soltó un quejido exagerado.

Chico rubio: —Ay mis greñas…

El sujeto levantó el puño, preparándolo para estrellarlo en la cara del chico.

Vi el golpe venir. Vi la intención.
Y antes de que lo procesara, mi cuerpo ya se movía solo.

El puño se aproximaba a su rostro rápidamente.

—Yo no te recomendaría eso —dije.

Mi mano se cerró sobre su muñeca, deteniendo el golpe con una firmeza que incluso a mí me sorprendió.

El tipo se quedó helado al verme. Sus ojos se clavaron en mi máscara blanca como si hubiera visto un fantasma.

???: —¡T-tú eres el ladrón enmascarado! ¿No es así? —exclamó con pánico creciendo en los ojos—. Pensé que sólo robabas tiendas…

Tragó saliva y forzó una sonrisa que parecía pegada con engrudo.

???: —A-atacaste a nuestro grupo, sí… pero como líder de este gran grupo, hoy me siento bastante benevolente, por lo que te dejaré ir sin ningún castigo.

Me molestó. No lo que dijo.
La forma.

Como si estuviera negociando con un monstruo que le iba a pedir permiso.

Cuando terminó su frase, lo solté… para golpearlo.

Le di una patada directa en la cabeza. El impacto lo mandó volando y chocó contra la pared con un sonido seco.

???: —¡¡Ahhhhh!! —gritó el otro, y salió corriendo lo más rápido que pudo, aleteando los brazos en dirección contraria, como si la cobardía lo hiciera más veloz. En su huida dejó caer la bolsa al suelo.

—Eso sí es raro… —susurré extrañado.

Me acerqué a la bolsa caminando, como si fuera lo único que había venido a buscar desde el inicio.

Chico rubio: —¡Vaya! ¡Gracias por la ayuda! —dijo el chico desde el suelo.

Ni lo miré.

—Yo sólo vine por esto… —le respondí molesto, tomando la bolsa.

Me impulsé con un salto y escalé la pared. En segundos, ya estaba en los techos, avanzando entre sombras y chimeneas. Era más seguro arriba. Menos preguntas. Menos ojos.

Cuando pensé que estaba lo suficientemente lejos, bajé en otro callejón.

Guardé la bolsa de comida en mi mochila. Luego la dejé al lado de un basurero y desabroché mi máscara. El aire frío me dio en la cara, como si me recordara que aún era humano.

—No debí ayudar… —murmuré en voz alta—. Lo que menos quiero es llamar la atención…



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En el texto hay: fantasia, magia, magia acción

Editado: 02.03.2026

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