Frente al mismo callejón donde minutos antes había comenzado el caos, dos figuras permanecían de pie sobre un edificio bajo, observando en silencio.
Uno de ellos tenía el cabello de color azul marino y una gabardina roja de un lado más larga que la otra. Su postura era recta, casi militar. El otro totalmente calvo, con un chaleco que lo cubría hasta el ombligo pero con vendas debajo de este, sostenía una tableta luminosa que proyectaba datos flotando frente a él.
—No entiendo por qué nos mandan para capturar criminales comunes —dijo el de pelo azul con voz firme y ligeramente irritada.
—Porque necesitamos fondos, es obvio Charles! —respondió el de la tableta con una sonrisa amigable
Por lo que lo miró como si hubiera dicho algo estúpido y prefirió no continuar la conversación
El primero chasqueó la lengua.
Su nombre era Charles.
Y su animal espiritual era un lobo.
El segundo era Lionel.
Y el león dentro de él dormía.
Lionel deslizó los dedos por la pantalla.
Lionel: Pequeños robos. Altercados menores. Nada que amerite rango medio.
Charles cruzó los brazos.
Charles: Entonces no deberíamos estar aquí.
Lionel: Nos asignaron supervisión, no intervención, tenemos que esperar a que pase algo.
Un grito interrumpió la conversación.
—¡¡ME ATACÓ!! ¡¡EL LADRÓN ENMASCARADO ME ATACÓ!!
Ambos giraron la cabeza al mismo tiempo.
Uno de los sujetos de cabello rígido como lanza corría hacia la plaza central señalando el callejón con desesperación.
Charles dio un paso al frente.
Charles: Ponte el casco —murmuró.
Lionel levantó la mirada.
Los dos se colocaron sus cascos con una visera en forma de sus respectivos animales (Lionel un león y Charles un lobo)
El sujeto llegó casi sin aliento.
—¡Fue él! ¡El ladrón enmascarado! ¡Nos atacó sin razón!
Lionel tocó la pantalla y comenzó a buscar registros.
Lionel: Alias: Ladrón Enmascarado. Actividad: hurto de baja escala. Nivel de amenaza… —se detuvo un segundo—. Recompensa activa: 100 hortalizas.
Charles frunció el ceño.
Charles: ¿Cien? Eso es demasiado poco incluso para un simple ladrón.
Lionel: Según el registro no roba tan seguido —dijo con calma
Charles observó hacia los techos.
El viento cambió.
Y entonces lo vio.
A lo lejos, en otro callejón, dos figuras discutían. Una de ellas… rubia.
Lionel amplió la imagen en su tableta usando sensores térmicos.
Lionel: Es él.
Charles: ¿El ladrón?
Lionel: No.
Se hizo un silencio más pesado.
Lionel: Es Luca.
Charles apretó tanto los puños que se pudo oír un crujir.
Charles: Patim…
El nombre cayó como una acusación.
En la imagen ampliada, el chico rubio discutía con el de cabello blanco. Forcejeaban por una mochila.
Charles dio un paso al borde del edificio.
Charles: No puede ser coincidencia.
Lionel cerró la tableta con un movimiento seco.
Lionel: ¿Qué piensas hacer?
Charles: Mi trabajo – dijo aun viendo el lugar donde se suponía que estaba Luca – Conviértete, no vendrá por las buenas.
Charles cerró los ojos y cuando los abrió estaba dentro de su conciencia, todo el suelo era un rio fluyendo violentamente y en el centro estaba una pequeña colina con unas escaleras hechas de mármol y tan pulidas que pareciera que uno se podría resbalar en ellas.
Charles subió por aquellas escaleras con tanta naturalidad que se notaba su conexión con aquel lugar, como si lo hubiera visitado miles de veces anteriormente.
En la cima había un cubo totalmente oscuro, como si este se tragara la oscuridad de su alrededor y la concentrara.
Charles: Oye, despierta – dijo tranquilamente
Una pata se recargó desde dentro del cubo, parecía una bestia despertando de su siesta, gruñendo y maldiciendo.
Bestia: ¡Qué fastidio es tener que ayudarte siempre! - rugió el animal con forma lobezna asomándose para ver para afuera de su jaula.
Charles: Vamos, deja de quejarte y sal de ahí – exclamó notoriamente fastidiado por sus quejas mientras chasqueaba sus dedos y el cubo desaparecía dejando “libre” a la bestia.
Bestia: Deberías de siquiera agradecerme
Charles tomó la pata delantera del animal e inhaló profundamente.
Abrió los ojos.
Sus pupilas se afilaron.
Su espalda se arqueó levemente y mechones de pelaje oscuro comenzaron a surgir a lo largo de sus brazos. Sus manos se transformaron parcialmente, alargándose en garras cubiertas de un pelaje gris plateado.
Lionel exhaló lentamente.
Su silueta se volvió más robusta. Un leve resplandor dorado cubrió sus hombros y su mandíbula se marcó con una fuerza casi felina. Sus colmillos asomaron ligeramente entre sus labios.
No era una transformación completa. Solo lo suficiente.
Saltaron.
El impacto contra el suelo del callejón fue seco, preciso.
El chico de cabello blanco apenas tuvo tiempo de girarse cuando vio a dos figuras descendiendo frente a él como sombras con forma humana.
Luca dejó de correr. Sonrió.
Luca: Vaya… llegaron rápido.
Charles avanzó un paso.
Charles: Luca Patim. Quedas arrestado por traición a la nación.
El protagonista parpadeó.
—¿Traición?
Luca inclinó ligeramente la cabeza, como si estuviera considerando una broma.
Luca: ¿No podían enviarme una invitación más formal?
Lionel levantó la tableta y se puso a anotar apasionadamente, incluso parecía gustarle más que su demás trabajo.
Lionel: Hagan como que no estoy aquí… Capturar… Patim… y Ladrón enmascarado – murmuró con ese brillo en los ojos
El chico de cabello blanco retrocedió un paso.
—Yo no tengo nada que ver con esto.
Charles lo ignoró.
Charles: Ríndete.
Luca soltó una pequeña risa nasal.
Luca: No.
Sin previo aviso, Luca tomó al protagonista por la nuca del chaleco y dio un salto hacia atrás, intentando huir con él como si fuera equipaje.