El callejón de Huma-no nunca había visto algo así.
Plumas flotaban en el aire como si el viento hubiera decidido detenerse para observar. Frente a mí, Luca ya no parecía un simple chico sarcástico con pañoleta. Sus movimientos eran tan rápidos y ligeros, nunca había visto alguien tan fuerte.
Un pato.
Y aun así… intimidante.
Charles flexionó las garras, el pelaje gris recorriendo sus brazos hasta los hombros. Sus ojos brillaban con una intensidad salvaje.
Charles: Siempre fuiste imprudente —gruñó.
Luca inclinó la cabeza hacia un lado.
Luca: Siempre fuiste aburrido.
Y desapareció.
No literalmente.
Pero su movimiento fue tan rápido que apenas pude seguirlo con la mirada.
Apareció frente a Charles con un golpe directo al torso. El impacto resonó contra el muro y levantó polvo del suelo. Charles retrocedió medio paso, clavando sus garras para no ser desplazado.
Lionel apuntó hacia mí, me había entretenido tanto en la pelea que se me olvidó que necesitaba urgentemente salir de ahí, pero aún así no podía, Luca tenía todas mis cosas, no iba a abandonarlas así nada más, no tenía más opción que pelear contra ese sujeto.
No tuve tiempo de reaccionar cuando disparó.
Un proyectil impactó contra mi brazo.
No dolió.
Pero algo frío y viscoso comenzó a expandirse. Una sustancia blanca y espesa, como goma pegajosa, se endureció en segundos alrededor de mi antebrazo.
Intenté moverlo.
Nada.
Lionel: Armas de contención —dijo con cierto orgullo—. No necesitamos matarte.
—Qué considerados —respondí, jalando con fuerza.
La goma resistió.
Lionel disparó de nuevo.
Otro impacto en mi pierna.
La sustancia me ancló al suelo.
Miré hacia Luca. Él estaba intercambiando golpes con Charles en una danza salvaje. Cada choque levantaba esquirlas de concreto. Plumas contra garras.
—Concéntrate —murmuré para mí mismo.
Respiré hondo.
Flexioné los músculos.
La goma crujió.
Lionel levantó una ceja.
Lionel: Emm… Charles… Una ayudita...
Tensé el brazo con toda mi fuerza. Sentí la presión subir por mis venas, un calor incómodo bajo la piel.
Y la goma cedió.
Se rompió en fragmentos secos que cayeron al suelo.
Lionel disparó otra vez.
Esta vez rodé hacia un costado antes de que impactara.
Me levanté y corrí hacia él.
Lionel: ¡¡POR FAVOR!! —suplicó ayuda a Charles
Salté.
Su tercera descarga me rozó el hombro, pero no logró detenerme.
Mi puño impactó contra su rostro con un sonido seco.
Lionel retrocedió tambaleándose. La tableta cayó al suelo y se deslizó unos metros. Cuando levantó la cabeza, ya se formaba un moretón oscuro alrededor de su ojo y aún tambaleándose cayó al suelo inconsciente.
Del otro lado del callejón, Luca reía.
Luca: ¡Eres débil Sasuke, te falta odio!
Luca: Ejem… digo… eres bastante débil ¿no entrenas verdad? - corrigió al momento
El lobo gruñó.
Sus movimientos se volvieron más violentos. Más erráticos.
—No soy débil —escupió.
Luca se impulsó hacia atrás con un salto elegante.
—Pues no lo parece.
Esa fue la chispa.
Lo sentí incluso yo.
El aire cambió.
Se volvió pesado.
Charles bajó la cabeza, respirando con dificultad. El pelaje comenzó a extenderse por su cuello, por su pecho. Sus brazos se alargaron más allá de la proporción humana. Sus garras crecieron, hundiéndose en el pavimento.
El lobo dentro de él rugió.
Su cuerpo se expandió en una explosión de energía contenida. El pelaje cubrió por completo su piel. Su rostro se transformó, alargándose en un hocico feroz por lo que se quitó el casco. Sus piernas se reconfiguraron, adaptándose a una postura híbrida entre humano y bestia.
Forma completa.
El callejón se llenó de polvo y viento.
Yo retrocedí un paso sin darme cuenta.
Luca dejó de sonreír.
—Ah…
Por primera vez desde que lo conocí, su expresión no era burlona.
Era sorpresa.
Charles levantó la cabeza lentamente.
Sus ojos ya no eran humanos.
Eran de depredador.
La presión era insoportable. Sentía que mis pulmones trabajaban el doble para tomar aire.
Luca intentó moverse.
No pudo.
No porque estuviera atrapado.
Sino porque su cuerpo simplemente… no respondió.
La diferencia de energía era abrumadora.
Charles dio un paso.
El suelo se fracturó bajo su peso.
—Ríndete —su voz ya no era voz. Era un gruñido distorsionado que vibraba en las paredes.
Luca tragó saliva.
Por un segundo pensé que realmente iba a caer ahí.
Dio otro paso hacia Luca.
Las plumas del rubio se erizaron.
Intentó forzarse a moverse.
Sus piernas temblaban.
Yo miré a ambos.
Y entendí algo...
Si ese era el poder de un Salvador…
Entonces enfrentar a toda la organización no era una locura.
Era una sentencia de muerte.
El viento sopló con fuerza entre nosotros.
Y por un instante, el único sonido en el callejón fue la respiración pesada del lobo.