Yahiko Yurido

Capítulo 4

Charles avanzó un paso más.

El suelo se hundió bajo sus garras.

Luca seguía inmóvil, paralizado por la presión brutal de la forma completa del lobo. Sus plumas vibraban con el aire cargado de energía.

—Ríndete —gruñó Charles.

Su pecho subía y bajaba con violencia. El pelaje comenzaba a brillar con un leve tono rojizo, señal inequívoca de sobrecarga.

Charles levantó una garra.

El aire crujió.

Luca cerró los ojos por un segundo.

Y entonces—

El rugido se cortó abruptamente.

El pelaje comenzó a retraerse como si el viento lo estuviera absorbiendo. Las garras volvieron a ser manos. El hocico se contrajo. Sus piernas temblaron.

Charles dio un paso torpe.

Y otro.

Su respiración se volvió errática.

Charles cayó de rodillas.

Luego de frente.

Su cuerpo impactó contra un bote de pintura olvidado en el callejón.

El bote se volcó.

Un chorro espeso de pintura verde se derramó sobre la mitad de su rostro.

Silencio.

Parpadeé.

Luca abrió un ojo.

Luego el otro.

Miró al lobo inconsciente… mitad humano… mitad cubierto de pintura verde.

Y comenzó a reír.

—JAJAJAJAJA… ¡no puede ser!

Yo miré la escena intentando procesarla.

¿Esa… era la forma más poderosa de un Salvador?

Luca recuperó el control de su cuerpo y las plumas comenzaron a desaparecer lentamente.

—¿Sabes? —dijo aún riéndose—. Siempre te esfuerzas demasiado, Charles.

Yo aproveché la distracción.

Me acerqué a Luca y tomé su pañoleta.

—Devuélveme mi mochila.

Él me apartó la mano.

—Eh, eh, tranquilo. Teníamos un trato.

—No teníamos ningún trato.

—Claro que sí. Tú y yo nos enfrentamos a los Salvadores, y luego conquistamos el mundo.

Lo miré fijo.

—Yo no quiero conquistar nada.

Tomé mi mochila de sus hombros con brusquedad.

—Mi objetivo es simple. Comer. Dormir. No destacar.

Me puse los lentes, dejando la máscara guardada.

—Y ahora estoy en la lista de buscados de los Salvadores.

Luca dio un paso hacia mí.

—Podríamos borrarte de la lista.

Me quedé quieto.

—¿Qué?

—Los registros no son divinos. Son sistemas. Y los sistemas se pueden romper.

Lo miré como si estuviera loco.

—Estás diciendo que puedes borrar mi nombre de la base de datos de la organización más poderosa del mundo.

—No dije que pudiera hacerlo solo.

Me señaló con el dedo.

—Necesito ayuda.

El callejón olía a pintura fresca y concreto roto.

Yo suspiré.

—Esto es absurdo.

Luca sonrió.

—Sí.

Se dio media vuelta.

—Síganme los buenos.

—¿A dónde?

—Al bosque.

Miré hacia la salida del callejón.

El sol ya estaba más alto.

La ciudad comenzaba a despertar.

Mi vida normal había dado un vuelco en 360°.

—Esto es una locura —murmuré.

—Correcto.

Empezó a caminar.

Yo dudé un segundo.

Luego lo seguí.

Mientras tanto…

En el cuartel central de los Salvadores.

Una sala amplia, de techos altos y paredes cubiertas con pantallas holográficas proyectando mapas y registros.

Una mujer de cabello morado observaba uno de los monitores. Marcas azules triangulares recorrían su rostro como tatuajes tribales que parecían brillar levemente con la luz artificial.

Su nombre era Lia.

A su lado, un hombre de apariencia despreocupada, con cabello azul claro, una cicatriz en forma de X en su pecho descubierto, una faja en su cintura y una chaqueta larga que le llegaba hasta las rodillas que recordaba a la de un pirata moderno, apoyaba un pie sobre la mesa, su nombre era Tank.

Tank: ¿Me estás diciendo que perdieron? —preguntó él, cruzando los brazos.

En la pantalla, se veía la imagen que Lionel había tomado de Charles, inconsciente, con media cara verde, para su reporte.

Lia entrecerró los ojos.

Lia: Usó forma completa en zona urbana.

Tank: Qué dramático.

El hombre sonrió de lado.

Tank: Entonces nos reasignarán el caso.



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En el texto hay: fantasia, magia, magia acción

Editado: 02.03.2026

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