Yahiko Yurido

Capítulo 5

El bosque terminó más rápido de lo que esperaba.

No era una selva infinita ni un territorio prohibido; era una franja oscura entre ciudades, como una cicatriz verde que separaba Huma-no del siguiente asentamiento.

Caminamos durante horas.

Luca parecía no cansarse nunca. Silbaba, pateaba piedras, hablaba solo. Yo avanzaba en silencio, con el estómago lleno por primera vez en días gracias al botín de la mañana.

Luca: Deberías agradecerme —dijo de pronto.

—¿Por qué?

Luca: Te di un propósito.

—Yo no quería un propósito.

Luca: Eso es lo que todos dicen antes de tener uno.

Suspiré.

Los árboles comenzaron a abrirse. A lo lejos se veía humo elevándose en espirales delgadas.

Luca: Ahí está —dijo señalando—. Pueblo Huma-rata.

No era muy distinto a Huma-no, pero parecía más colorido. Techos de tejas rojizas, ropa colgada entre ventanas, carteles pintados a mano.

Luca: Necesitamos ropa nueva —anunció deteniéndose frente a mí.

—¿Necesitamos?

Me señaló de arriba abajo.

Luca: Mírate.

Bajé la vista hacia mi chaleco remendado y las mangas mal cosidas.

—Funciona.

Luca: Funciona para parecer sospechoso.

Entró a la primera tienda de ropa que encontró sin pedir permiso.

Yo lo seguí, resignado.

El interior olía a tela nueva y a incienso barato. Un hombre robusto detrás del mostrador levantó la mirada.

Encargado: Bienvenidos a…

Luca ya estaba sacando prendas de los estantes.

Luca: Necesitamos algo que lo haga ver menos… miserable.

—Oye.

Luca: Es por tu bien.

Me lanzó un abrigo de invierno enorme.

Luca: Pruébatelo.

Cinco minutos después estaba frente a un espejo usando algo que parecía diseñado para sobrevivir a una tormenta polar.

—No.

Luego vino ropa de basketball.

—No

Después un conjunto punk lleno de cadenas.

—Definitivamente no.

Luego me puse una gabardina roja de cuero larga, una camiseta oscura debajo de esta, unos vaqueros color canela, unas botas de estilo militar pesadas y fundas de cuero para pistolas.

—Este no está nada mal.

Luca: Hmm...

—¿Qué opinas?

Luca: Dámelo por favor

—¿Para qué?— le pregunté mientras le pasaba la ropa desde dentro del vestidor

Luca: Para quemarlo con tu ropa — dijo mientras la llevaba a una pequeña hoguera que había comenzado con la ropa que “no servía”.

El dueño comenzó a sudar.

—Jóvenes… eso no es un probador comunitario.

Luca siguió.

Un vestido.

—No.

Ropa de monje.

—No.

Un atuendo idéntico al suyo.

—Definitivamente no.

Finalmente, encontró algo distinto.

Un traje oscuro, ligero, con líneas simples, parecido a un kimono moderno. Incluía una capucha que ocultaba parcialmente el rostro.

Me lo probé.

Era cómodo.

Extrañamente cómodo.

—Ese —dijo Luca señalándome como si hubiera ganado un premio.

Me miré en el espejo.

No parecía rico.

No parecía poderoso.

Pero tampoco parecía un vagabundo.

Por un segundo… me gustó.

—¿Cuánto cuesta? —pregunté.

El dueño ya estaba contando mentalmente los daños.

Encargado: Cincuenta mil hortalizas por toda la mercancía que quemaron.

Parpadeé.

—¿Cincuenta mil?

Luca me miró.

Yo lo miré.

—No tenemos dinero —dije.

Luca: Técnicamente tú no tienes dinero —respondió.

El dueño dio un paso hacia el teléfono.

Encargado: Estoy llamando a los Salvadores.

Luca me tomó de la nuca del chaleco.

Otra vez.

Luca: Nos vamos.

—¡Oye!

Salimos por la puerta trasera mientras el dueño gritaba amenazas legales.

En el cuartel central de los Salvadores, Charles y Lionel llegaron por medio de un elevador.

Charles caminaba por el pasillo con media cara aún teñida de verde. Y Lionel con un ojo morado lo seguía.

Lionel: ¡Vamos Charles! No fue tan malo —intentó.

Charles: Te recomiendo que cierres la boca.

Entraron a la sala principal.

Un hombre de cabello azul claro apoyado contra una columna levantó la mano con exagerada energía.

Tank: Miren quienes llegaron—dijo en tono burlón— ¡Los tontos del año! Aunque nadie puede seguirme el paso esperaba más de unos perdedores

Charles: No tengo tiempo para hablar con ineptos

Tank: Espero que no sea por Luca y por ese sujeto… porque nos reasignaron la misión a nosotros— exclamó con una sonrisa triunfal mientras se revisaba las uñas

La mujer de cabello morado a su lado asintió levemente.

Charles: ¡¿Y quién lo ordenó?!

Tank: El líder, él pudo ver que eres un gran incompetente

Charles se dio la vuelta y se dirigió hacia la sala donde siempre estaba él, abrió la puerta casi azotándola.

Él estaba sentado frente a una gran pantalla, analizando imágenes de crímenes y junto a estas había más fotos de criminales ya atrapados, tenía el casco representativo de los salvadores con una visera en forma de dragón.

Líder: ¿Qué sucede?— preguntó tranquilamente

Charles: ¡¿Porqué les reasignaste mi misión a ellos?!

Líder: Por que por tu culpa ya lograron escapar —continuó igual de tranquilo— te recomiendo que tomes un baño.

Lionel entró corriendo bastante feliz de repente.

Lionel: ¡Tenemos un reporte de robo en Huma-rata. Dos sospechosos. Uno rubio!

Charles: Entonces prepárate nos vamos en 5 minutos.

Lionel: Ehh… Pero Tank y Lia ya fueron a resolver el asunto.

Charles se enfureció tanto que su cara parecía hervir, pero no se iba a quedar de manos cruzadas.

Charles: Voy a tomar un baño—mintió mientras se retiraba.

Hubo un silencio incómodo.

Lionel carraspeó.

Lionel: Ejem… Y cómo vas con la investigación— preguntó para hacer la situación menos incómoda, pero no funcionó de mucho.

En el camino de salida de Huma-rata, Luca caminaba como si nada hubiera pasado.



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En el texto hay: fantasia, magia, magia acción

Editado: 02.03.2026

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