(Canción ambiental / OST)
"Bajo el brillo de este falso gran salón,
nuestro amor se alza desafiando al mal y al huracán. Si pretenden subastar nuestra verdad, hoy rompemos las cadenas de su oscuridad."
El Ingreso al Opulento Salón de Cristal
El salón de baile del hotel de lujo en Seúl parecía sacado de un cuento de hadas corrompido por el dinero y la ambición.
Candelabros de cristal de Murano colgaban de techos abovedados, mientras hombres con esmóquines impecables y mujeres envueltas en joyas deslumbrantes reían con copas de champagne en mano.
Cuando nuestro grupo cruzó las puertas principales, las conversaciones a nuestro alrededor disminuyeron de golpe. Las miradas de la alta sociedad convergieron en nosotros: curiosas, altivas y celosas.
-Mantengan la postura y la calma. Recuerden que caminamos con la verdad de nuestro lado -susurró Min-Ho con absoluta seguridad, ajustándose las mancuernas de su traje mientras avanzaba al frente junto a Ha-Eun.
A lo lejos, en una tarima elevada, el Señor Park y su círculo más cercano -incluyendo a Damián, quien observaba con una sonrisa felina y los ojos bicolor brillando en la penumbra- nos dieron la bienvenida con aplausos irónicos.
-Bienvenidos a la subasta de esta noche, queridos jóvenes. Espero que disfruten el espectáculo -retumbó la voz fría y calculadora del patriarca a través de los altavoces.
La Chispa entre Ha-Eun y Min-Ho (Un Romance Prohibido)
Mientras la música clásica comenzó a sonar suavemente para dar paso al baile de apertura, el grupo se dispersó estratégicamente entre la multitud para cumplir con sus roles.
Ha-Eun, quien intentaba escabullirse hacia el ala lateral del salón para vigilar los accesos de seguridad, sintió de pronto que una mano firme tiraba suavemente de su muñeca, arrastrándola hacia un pasillo privado y tenuemente iluminado, adornado con cortinajes de seda pesada y esculturas de mármol.
Era Min-Ho.
-¿Estás loca? Caminar sola por el perímetro en medio de esta gente es exactamente lo que Damián y mi padre quieren -le reprochó Min-Ho en un susurro urgente, aunque su mirada no reflejaba enfado, sino una profunda preocupación.
Ha-Eun soltó una risita desafiante, cruzándose de brazos mientras lo miraba de hito en hito.
-¿Y qué querías que hiciera, Min-Ho? ¿Quedarme bailando el vals con algún empresario prepotente que solo busca alianzas corporativas? Además, se supone que tú eres el hijo del dueño... ¿No deberías estar allá arriba recibiendo aplausos en lugar de preocuparte por una 'rebelde'?
Min-Ho dio un paso al frente, acortando la distancia entre ambos de forma peligrosa. Su respiración se mezclaba con el aroma a perfume caro y la tensión acumulada de las últimas semanas.
-Tú sabes perfectamente por qué no puedo estar allá arriba -dijo Min-Ho con voz baja, casi un susurro tierno que contrastaba con el peligro de la situación-. A pesar de llevar el apellido Park... mi lealtad, mi mente y mi corazón están aquí contigo, Ha-Eun. No dejaré que mi padre ni Damián les toquen un solo pelo a ti ni a So-Mang.
Ha-Eun sintió que las mejillas se le encendían. Intentó mantener su fachada imponente, pero la intensidad en los ojos de Min-Ho la desarmó por completo.
-Más te vale cumplir esa promesa, heredero rebelde -murmuró ella con una sonrisa suave, permitiendo por un segundo que sus manos rozaran las de él.
Min-Ho esbozó una sonrisa genuina y protectora, antes de sellar el momento con una advertencia táctica:
-Quédate cerca de mí en la segunda fase del evento. Mi padre anunciará el traspaso de los terrenos de So-Mang antes de la medianoche. Debemos estar listos para ejecutar el contraataque.

El Plan Táctico: Si-Woo y So-Mang en Acción
Mientras tanto, aprovechando que las luces del salón principal disminuyeron para dar paso al discurso central del Señor Park, Si-Woo y So-Mang se deslizaron sigilosamente hacia los ascensores de servicio que conducían al centro de datos y a la sala del consejo directivo del hotel.
El pasillo estaba desierto, pero el aire se tornó helado de inmediato. Una sombra negra comenzó a materializarse frente a ellos, bloqueando el camino.
Damián apareció de la nada, sonriendo con suficiencia mientras jugaba con el anillo plateado en sus dedos.
-Tan predecibles... ¿De verdad creían que iban a burlar los sistemas de seguridad de la corporación con un vestidito perla y una oración al aire? -bromeó Damián, dando un paso al frente mientras el suelo parecía temblar levemente-. El juego terminó, So-Mang. Las escrituras están a punto de firmarse arriba.
So-Mang sintió un pinchazo de miedo en el pecho, pero recordando las palabras de la señora y la mirada firme de Miguel, respiró hondo y dio un paso al frente, interponiéndose junto a Si-Woo.
-Nuestra fe no se compra ni se subasta en contratos falsos, Damián -respondió So-Mang con una voz firme que retumbó en el pasillo, llena de convicción-. Dios ya ha librado esta batalla, y ustedes no tienen autoridad aquí.
Si-Woo levantó la mano con decisión, apoyando firmemente su hombro junto al de So-Mang, mientras ambos elevaban una oración silenciosa y unánime en su interior.
De inmediato, un destello de calidez dorada barrió el frío ambiente del pasillo. Damián retrocedió un paso con una mueca de dolor y repulsión ante la luz pura que lo cegaba, bufando con furia antes de disiparse en una columna de humo negro.
-¡Rápido, el sistema está abierto! -exclamó Si-Woo, tomando la mano de So-Mang para correr hacia la terminal.
La Confrontación y el Contraataque Final
De vuelta en el salón principal, el Señor Park tomó el micrófono central con una sonrisa de absoluta victoria.
-Damas y caballeros, antes de concluir la velada, formalizaremos la adquisición legal de los activos territoriales de la familia Kim... -anunció el patriarca ante los aplausos fingidos de la élite.