Yaksok: Promesas de Neón

Prólogo

​El mapa de los hilos invisibles

​La habitación permanecía en penumbra, iluminada únicamente por el parpadeo constante de la pantalla de la laptop y el brillo mortecino de un par de velas con aroma a café. Era una de esas noches en las que Seúl habitaba en nuestras mentes y el tiempo, en nuestra habitación, parecía haberse detenido por completo.

​Sobre la alfombra, el mapa desplegado de la capital surcoreana lucía como un verdadero campo de batalla.

Estaba cubierto de círculos rojos trazados con una urgencia que rozaba la desesperación, junto a notas improvisadas y fotografías de dos chicos que, para cualquiera, serían simplemente inalcanzables.

Eran rostros que sentíamos conocer mejor que los nuestros, pero cuyas vidas transcurrían al otro lado del océano.

​—Ha-Eun… ¿estás segura de esto? —la voz de So-Mang rompió el denso silencio, cargada de una fragilidad que me hizo estremecer. Sostenía una taza caliente entre sus manos, pero sus nudillos estaban blancos por la tensión—. Estamos a punto de cruzar el mundo por un «quizás». Por dos personas que ni siquiera saben que existimos.

​Suspiré, manteniendo mis ojos fijos en la fotografía de Min-Ho y, un poco más allá, en la de Si-Woo. Eran nuestros crushes de pantalla, sí; pero con el tiempo se habían convertido en un motivo constante de oración, en nombres susurrados al cielo cuando las dudas nos acechaban por las noches.

​—No vamos solamente por ellos, So-Mang —murmuré, forzándome a mantener la mirada firme, aunque mi voz me traicionó con un ligero temblor—. Vamos porque Dios puso este anhelo en nuestro pecho. Si Él permitió que sintiéramos algo tan profundo por esta locura y nos dio la convicción de que este paso era necesario, entonces debe existir una promesa esperándonos entre esos edificios de cristal y templos antiguos. Hay un propósito divino tejido en este mapa que no podemos ignorar.

​So-Mang guardó silencio durante unos segundos, recorriendo con la vista los hilos invisibles y los círculos rojos que parecían conectar puntos inconexos de la ciudad. Luego, regalándome esa sonrisa capaz de inyectarme valentía aun en medio del miedo, asintió despacio.

​—Un viaje de fe —susurró—. Sin garantías… solo Su mano guiándonos a ciegas.

​Cerré la maleta de golpe.

El sonido seco del broche resonó en las cuatro paredes como una declaración de guerra contra nuestros propios temores.

​—El mundo dirá que somos dos chicas persiguiendo sombras —dije, sintiendo cómo una paz inusual comenzaba a desplazar a la incertidumbre—. Pero nosotras sabemos la verdad. Esto no es una obsesión; es nuestro Yaksok. La certeza de que, si nos atrevemos a dar el paso, Él ya tiene la historia escrita en las calles de Corea.

​Esa noche, el sueño se convirtió en un lujo inalcanzable. Entre risas nerviosas, lágrimas de desahogo y una última oración susurrada al compás del amanecer, sellamos nuestro pacto.

​Mañana el avión despegaría hacia el este.

​No sabíamos qué nos encontraríamos al cruzar ese umbral; no sabíamos que, entre las luces de neón y los contratos ocultos de la metrópolis, nos aguardaba una prueba que sacudiría hasta las raíces de nuestra fe.

​Pero ya era tarde para dar marcha atrás. Lo imposible acababa de comenzar.



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En el texto hay: romance, cristiana, coreana

Editado: 22.08.2026

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