El pequeño apartamento en Mapo-gu nunca se había sentido tan lleno de vida.
Después de la montaña rusa emocional en la iglesia y la invitación al orfanato, So-Mang y yo necesitábamos un respiro urgente.
Habíamos convertido la sala en un fuerte de sábanas, rodeadas de mascarillas faciales, paquetes de Pepero y tazas de té de cebada frío.
-¡Ha-Eun, todavía no puedo creer que Si-Woo toque la batería en la iglesia! -exclamó So-Mang mientras se acomodaba la mascarilla de colágeno-. Es literalmente el tropo perfecto de K-Drama: el chico serio y misterioso que libera su alma con la música. Dios realmente escuchó mis oraciones detalladas.
Solté una risa mientras abría mi laptop.
-Y no solo eso. Min-Ho quiere ser abogado para ayudar a quienes no tienen voz. No es el chico superficial que todos creen en la universidad; tiene un corazón que arde por la justicia.
-«Operación Romeo y Julieta»: nivel dos superado -declaró ella, chocando su taza con la mía-. Pero antes de seguir analizando cada segundo de hoy... tenemos que actualizar el Blog. Nuestras seguidoras están muriendo por saber qué pasó.
Diario de una Promesa - Día 21
Encendimos la cámara y la luz del aro iluminó nuestro caos de pijamas.
-¡Hola a todos! -dije mirando al lente-. Ignoren nuestras caras de cansancio, pero Seúl nos está cambiando la vida de maneras que todavía no sabemos explicar.
So-Mang apareció en cámara con la mascarilla todavía puesta.
-¡Diles lo de hoy! ¡Diles que los «imposibles» resultaron ser hermanos en la fe!
Sonreí inevitablemente.
-Hoy entendimos que la verdadera Yaksok no se trata de coincidir en un café... sino de coincidir en propósito. Mañana iremos a un orfanato con ellos y, sinceramente, estamos muy nerviosas. Pero gracias por seguir orando con nosotras. Recuerden algo: si Dios pone el anhelo, también abre el camino.
Justo cuando íbamos a apagar la cámara, sonó el timbre de la puerta.
So-Mang y yo nos miramos confundidas.
¿Quién podría buscarnos a esas horas?
Al abrir, aparecieron Tae-Sung Kim y Choi Ji-Woo cargando bolsas de comida recién compradas.
-¡Trajimos pollo frito y tteokbokki! -anunció Ji-Woo entrando con una gran sonrisa-. Escuchamos que nuestras baristas estrella tenían una crisis existencial y vinimos al rescate.
La pijamada improvisada de dos personas se convirtió en una reunión caótica y reconfortante entre las cuatro.
Pasamos horas hablando sobre nuestra adaptación a Corea, los choques culturales y las historias más absurdas de los primeros días en la universidad.
Entre risas, Tae-Sung Kim se inclinó hacia mí con expresión un poco más reflexiva.
-Min-Ho no suele invitar a cualquiera a los proyectos de la iglesia o al orfanato, Ha-Eun -comentó-. Si las invitó a ustedes... es porque vio algo distinto desde el primer momento.
Aquellas palabras se quedaron flotando en mi pecho. Mientras tanto, Ji-Woo molestaba a So-Mang con el tema del café.
-Y por lo que vimos en la cafetería, Si-Woo no podía quitarte la mirada de encima cuando le limpiaste la sudadera -bromeó guiñándole un ojo-. Para un chico tan reservado, eso ya es un avance enorme.
So-Mang casi se atraganta con el refresco.
La noche siguió avanzando entre comida, risas y pequeñas oraciones antes de que Tae-Sung Kim y Ji-Woo se fueran a sus habitaciones.
Cuando finalmente quedamos solas en la sala, el olor a pollo frito todavía flotaba en el aire y las luces de neón pintaban sombras azules sobre las paredes.
So-Mang se acercó a la ventana para observar el cielo nocturno de Seúl.
-Ha-Eun... mañana no podemos fallar -murmuró. Su voz tembló apenas-. Y no por ellos... sino por los niños. Tenemos que demostrar que nuestra fe no es solo algo bonito para el Blog. Tiene que verse en cómo amamos a los demás. Pero... ¿y si no somos lo suficientemente buenas para todo esto?
Antes de que pudiera responderle, mi teléfono vibró sobre la mesa. No era una notificación cualquiera. Era un mensaje de Min-Ho.
«Sé que es tarde, Ha-Eun... pero me quedé pensando en lo que dijiste en la iglesia. A veces siento que Seúl es un desierto disfrazado de luces. Gracias por ser el oasis de hoy. Mañana entenderás por qué el orfanato es mi lugar favorito en el mundo. Descansa, Lee Ha-Eun.»

Sentí que el aire abandonaba mis pulmones.
No parecía un mensaje casual de un compañero universitario; parecía una conversación entre dos almas cansadas encontrándose en medio de una ciudad inmensa.
-¡Es él! -susurró So-Mang leyendo sobre mi hombro-. Ha-Eun... esto ya no parece un juego.
Y tenía razón. La «Operación Romeo y Julieta» había dejado de ser una fantasía divertida. Ahora había sentimientos reales involucrados. Corazones reales.
So-Mang tomó entonces la cámara del Blog, que seguía encendida en una esquina.
-Apágala -le pedí suavemente.
Pero ella negó con la cabeza.
-No. Si vamos a mostrar nuestra historia... quiero que sea real.
Se sentó frente al lente, despeinada, sin maquillaje y con lágrimas acumulándose en los ojos.
-Vinimos aquí persiguiendo un sueño romántico -dijo mirando directamente a la cámara-. Pero hoy entendimos que estar en la voluntad de Dios también da miedo. Porque significa dejar que las personas te conozcan de verdad. Y creo que mañana todo va a cambiar.
El peso emocional cayó sobre nosotras de golpe. La universidad, la fe, el Blog, la presión de no decepcionar a nadie y el miedo sordo a que ellos descubrieran cómo empezó todo.
-¿Y si descubren que al principio esto era una «operación»? -pregunté en voz baja-. ¿Y si creen que usamos nuestra fe solo para acercarnos a ellos?
El silencio que siguió fue devastador.
No había vuelta atrás. Mañana, en el orfanato, las máscaras tendrían que caer. Tendríamos que ser simplemente Ha-Eun y So-Mang: dos chicas imperfectas intentando amar correctamente en una ciudad que jamás se detiene.