Yaksok: Promesas de Neón

Capítulo 10: Flores, Sombras y Lazos Volvidos a Encontrar

Después del terremoto mediático en Yonsei, el rector nos concedió una supuesta «semana de reflexión» mientras la universidad evaluaba la situación.

​Reflexión.

Qué palabra tan elegante para decir: «esperen en silencio mientras decidimos si destruiremos sus vidas académicas».

​Min-Ho utilizó parte de los pocos recursos que aún no habían sido congelados para sacarnos de Seúl.

No muy lejos, solo lo suficiente: un sendero tranquilo cubierto de flores de cerezo donde el ruido del escándalo no pudiera alcanzarnos por unas horas.

El aire olía a primavera húmeda, a pétalos y a un profundo cansancio emocional.

​So-Mang caminaba unos pasos delante de nosotros, con su sudadera morado pastel y sus jeans holgados, perdiéndose entre los árboles rosados como si perteneciera al paisaje.

Se agachó para fotografiar un pétalo caído y, durante un instante, desapareció la chica que enfrentó herederos, abogados y transmisiones virales.

Solo quedó So-Mang: la chica que amaba la biología, las artes y las pequeñas cosas vivas.

​-Es increíble cómo algo tan frágil puede durar tan poco... y aun así cambiar toda una estación -susurró.

​Si-Woo caminaba a su lado con los audífonos colgando del cuello y las gafas ligeramente torcidas por el viento.

La observaba con una atención silenciosa que ya no parecía casual.

​-Las flores de cerezo duran pocos días -dijo él finalmente-. Pero su impacto define toda la primavera. -Pausa pequeña, peligrosamente suave-. Como tú.

​So-Mang parpadeó.

​-¿Qué?

​Él apartó la vista hacia los árboles, demasiado tarde para fingir neutralidad.

​-Llegaste... y cambiaste todo mi ritmo.
​Silencio. Pétalos cayendo. Respiraciones ligeramente descompuestas. Muy normal... y muy nada normal.

​El incidente del sendero

​Decidimos descansar en una pequeña zona verde rodeada de vegetación: el lugar favorito de So-Mang de manera instantánea. Sacó su cuaderno de dibujo, sus pinceles y colocó sus audífonos con «My You» sonando bajito. Por un rato, la guerra quedó lejos.

​Hasta que-
​-¡¡¡ARAÑA!!!

​El grito rompió la paz del bosque.

So-Mang soltó el cuaderno. Una pequeña araña de jardín descendía desde una rama cercana; algo insignificante para cualquier persona normal, pero un apocalipsis absoluto para So-Mang.

​Retrocedió bruscamente, demasiado rápido. Su pie resbaló cerca de una estrecha formación rocosa y se quedó inmóvil mientras el color abandonaba su rostro. Araña adelante, espacio cerrado detrás: su peor combinación.

​-No... no... ahí no... -su respiración se quebró.

​Si-Woo reaccionó inmediatamente. Alejó la araña con la manga de su sudadera y sujetó a So-Mang por los hombros antes de que siguiera retrocediendo. La acercó hacia él, lejos de las rocas y lejos del encierro.

​-Respira -su voz salió firme, tranquila, protectora-. Mírame. No hay araña. No vas a entrar ahí. Estás afuera... conmigo.

​So-Mang temblaba. Sus manos buscaban estabilidad en la tela de la sudadera negra de Si-Woo antes de que su cerebro pareciera procesarlo.

Y entonces ocurrió: sin permiso, sin plan y sin sarcasmo defensivo, se refugió en su abrazo.

​El mundo quedó quieto por unos segundos. Solo primavera, respiraciones, pétalos cayendo alrededor y Si-Woo sosteniéndola como si aquello fuera lo más natural del universo.

​Blog: La calma después de la tormenta

​Un poco más lejos, Min-Ho y yo grabábamos discretamente con la Canon.

​-San Valentín nos dejó cicatrices... -comenzó Ha-Eun mirando a la cámara-, pero también nos recordó algo importante: a veces el amor no es una gran declaración frente a una multitud. A veces es simplemente quedarse cuando alguien está luchando contra un miedo invisible.

​Min-Ho miró la cámara y después me miró a mí.

​-La gente se burla de lo que no entiende -añadió Min-Ho-. Nuestra fe, nuestra libertad, nuestra forma de vivir. Pero...

​-¿Vas a citar Marvel otra vez? -pregunté riéndome.

​Min-Ho suspiró teatralmente.

​-So-Mang me obligó a verlas.

​-Difamación -se escuchó a So-Mang protestar a lo lejos.

​-«Puedo hacer esto todo el día» -sonrió apenas Min-Ho-. Eso haremos.
No importa qué intenten quitarnos.

​La amenaza silenciosa y el reencuentro necesario

​La paz duró exactamente hasta regresar al auto.

La laptop de Min-Ho vibró con un mensaje nuevo de un número desconocido:

​«Disfruten los cerezos. El lunes la junta directiva votará un cambio interno. Si las estudiantes son acusadas de proselitismo agresivo, perderán becas, visas y acceso académico regional. Tic. Tac.»

​El frío me recorrió la espalda.

No era solo miedo; era algo peor: cálculo, planeación.

​Al llegar al campus para dejar unos documentos antes del fin de semana, nos encontramos en la entrada del edificio administrativo con dos rostros que necesitábamos ver más que nunca: Tae-Sung Kim, la prima de So-Mang, y nuestra gran amiga Choi Ji-Woo.

​-¡Al fin las encontramos! -exclamó Ji-Woo abrazándome con fuerza-. Llevamos días siguiendo todo el escándalo por redes. ¡No íbamos a dejarlas solas en esto!

​Tae-Sung abrazó a So-Mang revisándole el rostro con preocupación de hermana mayor.

​-Hablé con la familia en cuanto vi las noticias, So-Mang -dijo Tae-Sung firme-. No vamos a permitir que nadie manipule sus visas. Ji-Woo y yo estuvimos investigando los reglamentos de la universidad para la reunión del lunes.

​Por primera vez en días, sentimos que nuestra red de apoyo estaba completa.

​La trampa en el ascensor

​El viernes por la tarde debíamos subir al tercer piso a entregar el proyecto.

Min-Ho y Si-Woo tuvieron que atender una llamada urgente sobre la reunión familiar obligatoria con la junta de los Park, dejándonos un momento a las cuatro chicas en el pasillo.

​-Subamos rápido a entregar esto -dijo So-Mang-. Entramos, entregamos, sobrevivimos y luego ponemos Jonas Brothers a volumen terapéutico.



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En el texto hay: romance, cristiana, coreana

Editado: 01.09.2026

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