Yaksok: Promesas de Neón

Capítulo 12: El Lunes del Cambio

El amanecer del lunes llegó con una tensión inusual cortando el aire de Seúl.

Las grandes paredes de cristal de la facultad reflejaban un cielo gris y pesado, pero el verdadero cambio no estaba en el clima exterior, sino en la corriente subterránea que recorría los pasillos de la universidad.

So-Mang caminaba hacia la entrada principal con pasos firmes.

Ya no llevaba la mirada fija en el suelo como solía hacerlo semanas atrás, esquivando fantasmas y esperando pasar desapercibida.

Aunque las manos todavía le temblaban ligeramente al recordar la oscuridad asfixiante del ascensor y el frío del metal, esta vez avanzaba con la cabeza en alto, sosteniéndose del paso constante de Si-Woo, quien no se había separado de su lado ni un solo instante desde la noche anterior.

A unos metros de distancia, Min-Ho y Ha-Eun avanzaban con la precisión quirúrgica de un equipo militar que sabe exactamente el terreno que pisa.

-¿Estás completamente segura del tiempo de transmisión? -preguntó Min-Ho, ajustándose el cuello del abrigo oscuro, con la mirada fría, analítica y calculadora que caracterizaba a alguien que ya tenía planeado cada escenario posible.

Ha-Eun levantó la Canon con una sonrisa casi imperceptible, cargando una pequeña memoria USB de alta velocidad en su otra mano como si fuera un estandarte de guerra.

-Exactamente a las nueve de la mañana -respondió Ha-Eun con voz segura-. Justo cuando la junta directiva y el comité estudiantil estén reunidos en el vestíbulo central para la ceremonia semanal. No hay forma de que las autoridades miren hacia otro lado esta vez.

La pantalla principal y el silencio del campus

A las 8:55 a.m., el bullicio habitual de la universidad se concentraba frente a la enorme pantalla digital de anuncios del vestíbulo principal.

Cientos de estudiantes revisaban sus horarios, grupitos de amigos cuchicheaban sobre los exámenes parciales y, en el centro absoluto de la atención, Seo-Ah y Hye-Ri conversaban con su habitual aire de intocables, rodeadas de su círculo de seguidores que reían a sus espaldas.

Ellas creían sinceramente que lo ocurrido la noche anterior había sido simplemente un susto menor, una lección bien dada para "poner en su lugar" a las intrusas que osaban desafiar el orden establecido de la facultad.

Ignoraban por completo lo que estaba a punto de desatarse.

A las 9:00 en punto, el logotipo institucional que adornaba la gran pantalla parpadeó de manera extraña.

Un segundo después, se desvaneció de golpe.

En su lugar, la pantalla cobró vida con la imagen nocturna, teñida por completo por la luz roja de emergencia del ascensor.

El sonido metálico del crujir de los engranajes retumbó con potencia a través de los altoparlantes del vestíbulo, haciendo que decenas de cabezas giraran de inmediato hacia arriba.

Y luego, el silencio absoluto se apoderó del lugar al escuchar la respiración rota, real y dolorosa de So-Mang, seguida de su voz temblorosa pero de una firmeza devastadora resonando por todo el edificio:

-Tengo miedo... ¿sí? Muchísimo miedo. No puedo respirar. No puedo pensar. Pero ustedes... ustedes no van a convertir mi miedo en mi cárcel.

El vestíbulo se quedó mudo.

Nadie se atrevió a mover un músculo.

Los murmullos cesaron de tajo.

Seo-Ah palideció al instante.

Su sonrisa perfecta, ensayada durante años para proyectar superioridad, se desmoronó en una fracción de segundo, reemplazada por una mueca genuina de incredulidad, terror y furia al ver que las miradas de todo el campus comenzaban a girar lentamente hacia ella, cargadas de juicio y condena silenciosa.

El verdadero peso del poder

Hye-Ri, presa del pánico al comprender las dimensiones de lo que acababa de suceder, intentó correr hacia las puertas laterales para bloquear los controles de seguridad y cortar la señal.

Pero el camino le fue bloqueado de inmediato.

Min-Ho se encontraba de pie frente al panel digital principal del edificio, con los brazos cruzados sobre el pecho y una expresión helada que impedía cualquier acercamiento.

-¿Buscando accesos denegados, verdad? -dijo Min-Ho con voz pausada, mirándolas desde arriba con desprecio institucional-. Lástima que el protocolo de seguridad y los respaldos en red los diseñé yo el verano pasado. Ya no hay marcha atrás, Hye-Ri. El sistema está bloqueado contra sus permisos.

Si-Woo, por su parte, se desvió con calma y se acercó lentamente hacia donde estaba Seo-Ah.

No levantó la voz ni hizo ningún aspaviento violento.

Simplemente se paró frente a ella, bloqueándole cualquier ruta de escape con una presencia imponente y protectora.

-El juego se acabó, Seo-Ah -dijo Si-Woo con un tono tan calmado que asustaba mucho más que un grito abierto-. Durante demasiado tiempo creyeron que podían jugar con las vidas de los demás sin consecuencias. Ahora ustedes son las que van a tener que dar explicaciones ante el decano y la policía.

So-Mang dio un paso al frente, desprendiéndose ligeramente del costado de Si-Woo.

La distancia física entre ella y su acosadora era corta, pero la brecha emocional e interna era insalvable.

So-Mang ya no era la chica acorralada en el metal oxidado; era la dueña indiscutible de su propia voz, de su historia y de su presencia.

-Mañana es un nuevo día -dijo So-Mang, sosteniéndole la mirada a Seo-Ah sin vacilar ni un solo milímetro-. Y esta vez, las reglas ya no las ponen ustedes.

Las consecuencias inevitables

El murmullo general comenzó a estallar en el vestíbulo como una ola incontrolable.

Profesores que pasaban por el corredor principal se detuvieron a mirar las pantallas con incredulidad, mientras los teléfonos móviles de los estudiantes empezaban a grabar la escena, capturando el momento exacto en que la estructura intocable de la familia Park comenzaba a agrietarse públicamente.

Seo-Ah apretó los dientes con tanta fuerza que su mandíbula tembló de pura rabia contenida.



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En el texto hay: romance, cristiana, coreana

Editado: 01.09.2026

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