El campus intentaba recuperar la calma tras el escándalo digital, pero en el mundo de los Park las treguas no existían.
Con la reputación de Seo-Ah en picada y la junta directiva presionada por las pruebas inrefutables que Ha-Eun y Min-Ho habían presentado, el patriarca de la familia, el señor Park Jae-Min, decidió subir la apuesta.
Ya no se trataba solo de influencias universitarias o amenazas de pasillo; había recurrido a una carta desesperada y oscura.
Por la tarde, el grupo se había reunido con la excusa perfecta de estudiar para los exámenes parciales en la acogedora sala de la casa de So-Mang.
Sin embargo, concentración era lo único que sobraba en el ambiente.
-Si vuelves a medir la distancia entre mi taza de té y la tuya con una regla imaginaria, Min-Ho, te juro que te exilio permanentemente de la cocina -bromeó Ha-Eun con una sonrisa divertida, apoyando los codos en la mesa mientras sosténía sus apuntes.

Min-Ho parpadeó con lentitud, ajustándose las gafas mientras intentaba mantener una postura de máxima formalidad.
-Solo estoy aplicando un margen de seguridad termodinámica, Ha-Eun. No quisiéramos accidentes térmicos en medio de un repaso académico de nivel superior.
-¡Ay, por favor! Nivel superior dice el ingeniero del amor cristiano -exclamó Tae-Sung Kim, la prima de So-Mang, soltando una carcajada mientras le robaba un trozo de galleta a Si-Woo-. Llevan dos horas mirándose fijamente sin atreverse a cruzar la línea de medio metro. Si siguen así, las plantas de la sala se van a deshidratar de la tensión romántica.
Choi Ji-Woo, la inseparable amiga del grupo, asintió efusivamente desde el sofá, aguantando la risa mientras apuntaba con su bolígrafo hacia la pareja.
-Tae-Sung tiene toda la razón. Vine a esta sesión de estudio esperando drama y lo único que veo son físicas de preparatoria y coqueteos dignos de catequesis dominical. ¡Necesitamos acción!
So-Mang no pudo evitar soltar una risa sonora, inclinándose hacia Si-Woo, quien le devolvió una mirada cómplice y cálida, rompiendo por fin el protocolo estricto que tanto molestaba a las chicas.
La ligereza del momento, entre bromas, risas y la compañía incondicional de Tae-Sung y Ji-Woo, parecía blindarlos de cualquier amenaza exterior.
Pero la paz duró poco.
La advertencia y la sombra sobrenatural
El teléfono de Min-Ho sobre la mesa comenzó a vibrar con una alerta de seguridad cifrada.
El rostro del chico, habitualmente impasible, se ensombreció de inmediato al leer la notificación de la red interna de su padre.
-Tenemos un problema -dijo Min-Ho con voz baja y cortante, llamando la atención de todos en la habitación-. Mi padre no se ha rendido. Y esta vez no está usando a los abogados corporativos de siempre.
-¿A qué te refieres? -preguntó Si-Woo, borrando cualquier rastro de sonrisa y poniéndose de pie de inmediato para bloquear instintivamente el flanco donde estaba So-Mang.
-Contrataron a alguien más. Un asesor legal externo que maneja los casos más oscuros de la corporación familiar: Damián -explicó Min-Ho con los ojos fijos en la pantalla, sintiendo un escalofrío que no lograba disimular-. Dicen los registros confidenciales que no es un simple abogado humano. Su presencia se siente extraña, antinatural... casi como si operara bajo leyes que no pertenecen a este mundo. Es la pieza clave con la que planean destruirnos en la segunda fase del consejo disciplinario.
El silencio sepulcral se apoderó de la sala.
La mención de un ente con tintes sobrenaturales y demoníacos vinculado a los Park dejó heladas a Ha-Eun y a So-Mang.
La batalla ya no era solo por las notas o el orgullo universitario; se había convertido en un enfrentamiento contra fuerzas oscuras.
-No importa quién sea ese tal Damián ni qué clase de contratos extraños tenga bajo el brazo -intervino Ji-Woo con valentía, cruzándose de brazos-. Si cree que nos va a intimidar, no conoce a este equipo.
-Exacto -agregó Tae-Sung, apretando los puños con determinación-. Si los Park juegan sucio y con magia negra o lo que sea, nosotras investigaremos hasta el último rincón de sus archivos secretos.
El encuentro secreto con la señora Park
Min-Ho negó levemente con la cabeza, mirando a Ha-Eun con una mezcla de advertencia y esperanza contenida.
-Hay una forma de contrarrestarlo, pero es extremadamente peligrosa. Alguien dentro de la propia familia está en contra de los métodos de mi padre... y quiere ayudarnos a detener a Damián antes de que sea demasiado tarde.
-¿Quién? -preguntó Ha-Eun, frunciendo el ceño con curiosidad analítica.
-Mi madre -respondió Min-Ho con un suspiro profundo-. Sra. Park Han.
Horas más tarde, bajo el amparo de la noche y siguiendo estrictas medidas de seguridad digital proporcionadas por Min-Ho, el grupo se desplazó en secreto hasta una cafetería apartada y poco iluminada en las afueras de la ciudad.
Allí los esperaba una mujer de elegancia impecable, cuya mirada dulce y melancólica contrastaba fuertemente con la fría tiranía y la ambición desmedida del señor Park Jae-Min.
La Sra. Park Han los recibió con una sonrisa cálida, aunque sus manos temblaban ligeramente al sostener su taza de té.
Miró fijamente a su hijo Min-Ho, y luego desvió sus ojos compasivos hacia Ha-Eun, el crush de su hijo, reconociendo en ella la valentía que la familia había perdido hacía mucho tiempo.

-Me alegra que hayan venido... y me alegra verte, Min-Ho -dijo la señora Park con voz suave, casi un susurro para no llamar la atención de los pocos clientes del lugar-. Sé perfectamente por qué están aquí. Mi esposo ha perdido el juicio al contratar a Damián. Ese hombre no defiende la ley; sirve a intereses oscuros que buscan aplastar a cualquiera que se cruce en su camino con tal de proteger el apellido Park.
Ha-Eun se inclinó hacia adelante, apoyando las palmas sobre la mesa con una determinación inquebrantable.