Conciertos, Café y una Promesa Cumplida
Un año después.
La nieve comenzaba a caer sobre Seúl. Suave. Silenciosa. Muy distinta a la tormenta que una vez casi los destruyó.
Falling Petals seguía ahí. Más pequeña que los grandes edificios y que las familias corporativas que intentaron aplastarlos, pero llena de vida: conversaciones, música, risas y aroma a café recién molido.
Ha-Eun acomodaba su cámara Canon sobre el mostrador. Ya no grababa desde la supervivencia; grababa desde el propósito.
-¿Estás grabando otra vez? -preguntó So-Mang asomándose desde la cocina con un delantal manchado de pintura y su inseparable sudadera morada.
-Desde hace tres minutos -respondió Ha-Eun con una sonrisa maliciosa-. Oficialmente estás trabajando bajo presión artística.
Nada había cambiado. Y al mismo tiempo, todo era diferente.
Desde una mesa cercana, un ritmo suave comenzó a sonar. Tac, tac, tac-tac.
Si-Woo giraba una baqueta entre los dedos mientras revisaba partituras.
Ya no escondía su música, ni su voz, y definitivamente ya no escondía la forma en que sus ojos brillaban cada vez que So-Mang entraba a la habitación.
-Estás desafinando emocionalmente otra vez -murmuró ella al pasar por su lado con una bandeja.
-Eso ni siquiera tiene sentido musical, So-Mang -protestó él con una media sonrisa.
-Pero entendiste perfectamente.
Antes de que Si-Woo pudiera responder, la campanilla de la puerta sonó con fuerza, anunciando la llegada de Min-Ho, quien sacudía la nieve de su abrigo mientras cargaba un sobre exprés bastante abultado.
-Tengo dos noticias -dijo Min-Ho ajustándose las gafas con su clásica seriedad-. La buena: el centro legal para estudiantes extranjeros fue oficialmente aprobado y financiado.
La cafetería entera explotó en gritos de celebración. Ha-Eun casi tira la cámara, So-Mang aplaudió eufórica y Si-Woo dio un golpe suave con la baqueta en la mesa.
-¿Y la mala noticia? -preguntó Ha-Eun cruzándose de brazos.
Min-Ho levantó el sobre exprés, sacando unos sobres brillantes y de edición especial.
-Esto llegó a mi casa por error, dirigido a So-Mang. Viene de parte de tu prima.
So-Mang se acercó con curiosidad, tomó los boletos y leyó en voz alta, parpadeando varias veces:
-"Para los guerreros que sobrevivieron al peor año de sus vidas: boletos VIP en primera fila para el concierto de los Jonas Brothers en Seúl. P.D. Si no van, los desheredamos de la familia."
Un silencio absoluto se apoderó del grupo durante tres segundos.
Luego, Ji-Woo (que acababa de salir de la bodega) casi se traga el sorbo de café.
-¿Dijiste... Nick Jonas? -preguntó Ji-Woo con los ojos abiertos como platos, arrebatándole un boleto de las manos a So-Mang-. ¡Esto no es una broma! ¡Son VIP! ¡Vamos a estar a dos metros del escenario!
-Espera, ¿los Jonas Brothers? -repitió Min-Ho con la ceja levantada, analizando los pases con una mezcla de desconcierto científico y sospecha-. ¿Por qué nuestras vidas pasaron de enfrentar batallas espirituales y abogados demoníacos a conciertos de pop internacional?
-Porque merecemos vivir un rato como personas normales, Min-Ho -bromeó Si-Woo, soltando una carcajada franca y relajada-. Aunque, oye, si quieren les enseño un par de solos de batería para que se los lancemos a Nick en pleno show.
-Ni se te ocurra, Si-Woo -lo regañó So-Mang entre risas, aunque sus mejillas delataban la emoción-. Pero... admito que el regalo de mi prima no está nada mal para cerrar el año.
Ha-Eun levantó la cámara automáticamente, enfocando el caos repentino de la escena.
-Muy bien, última pregunta del día para el vlog -anunció Ha-Eun con una sonrisa cómplice-. Después de todo lo que vivimos... los juicios, el encierro, la ayuda del cielo y ahora esto... si pudieran decirle una sola cosa a las versiones antiguas de ustedes mismos, ¿qué sería?
El bullicio se calmó, dejando que el sonido de la nieve golpeando el ventanal marcara el ritmo.
Min-Ho fue el primero en hablar:
-Que perderlo todo... no siempre significa perder.
Si-Woo miró de reojo a So-Mang, con una paz inquebrantable en la mirada:
-Que dejar de fingir... también cuenta como valentía.
So-Mang sonrió, jugando distraídamente con el llavero del Capitán América que colgaba de su mochila:
-Que el miedo no desaparece del todo... solo deja de decidir por ti.
Finalmente, la cámara giró hacia Ha-Eun, quien observó a su familia elegida, a sus amigos y la calidez del lugar que construyeron juntos.
-Que Dios sí termina las historias que empieza -respondió con suavidad.
La cámara siguió grabando unos segundos más. Nadie pidió cortar. Porque algunos finales no se sienten como un punto final, sino como una promesa respirando bajo otro cielo, con boletos de concierto en la mano y la certeza de que lo mejor apenas iba comenzando.
☾ FIN DE LA SERIE - Yaksok: Promesas de Neón ☾