Yana

LUZ, CÁMARA, TOKKI

Todos estaban en posición.

Las cámaras permanecían inmóviles como enormes ojos mecánicos apuntando hacia el centro del estudio. Los focos bañaban el escenario con una luz blanca demasiado intensa, pero incapaz de disipar del todo las sombras acumuladas en los rincones del lugar.

La producción aguardaba en silencio.

Yana y Gala ya estaban sentadas frente a frente.

Entonces, desde detrás de cámaras, una voz rompió la quietud:

—Tres... dos... uno... estamos en vivo.

La luz roja de la cámara principal se encendió.

Gala formó inmediatamente una sonrisa impecable frente al lente, aunque bajo aquella iluminación dura su expresión parecía extrañamente artificial.

—Bienvenidos una vez más a Palabras de Medianoche. Mi nombre es Gala Jainer y esta noche tenemos con nosotros a una de las escritoras más importantes del horror contemporáneo. Autora de éxitos como Jiki, la muñeca de porcelana, Tokki, el hombre de la máscara de conejo, Jester, el bufón que siempre sonríe y La mujer sin rostro del vestido rojo... recibamos a Nambi.

La cámara giró lentamente hacia Yana.

Ella saludó con un pequeño movimiento de mano acompañado de una sonrisa suave, perfectamente ensayada. El reflejo de las luces hacía brillar sus ojos oscuros, aunque había algo cansado en ellos. Algo distante.

—Es un verdadero placer tenerte acá esta noche —continuó Gala— y agradecemos mucho que hayas aceptado nuestra invitación.

—El gusto es mío —respondió Yana con cortesía.

Gala tomó asiento frente a ella mientras acomodaba las tarjetas sobre la mesa.

—Además, nos emociona especialmente porque justo en el estudio contiguo están filmando la adaptación de una de tus historias más recientes.

Yana dejó escapar una pequeña risa.

—Está bien, podés decir el nombre. A estas alturas ya no es una sorpresa.

—Entonces lo voy a decir con orgullo —respondió Gala divertida—. Tokki, el hombre de la máscara de conejo.

El nombre pareció pesar en el aire apenas fue pronunciado.

—Sí —continuó Yana—. De hecho, estuve chusmeando el set antes de venir.

—No voy a mentir, estoy muy emocionada por esa adaptación.

Gala tomó un libro de la pequeña mesa ubicada entre ambas. La portada mostraba la máscara de Tokki emergiendo desde la oscuridad. Aquellos ojos negros impresos parecían absorber la luz del estudio.

—Tokki es uno de tus lanzamientos más recientes y justamente va a ser el tema principal de esta noche.

La cámara realizó un lento acercamiento al libro.

Por un instante, la máscara ocupó toda la pantalla.

Inmóvil.

Sonriendo.

—Hay muchísimo para hablar sobre esta historia —dijo Gala mientras dejaba nuevamente el ejemplar sobre la mesa—, pero no podemos evitar hacer la clásica pregunta: ¿cómo nació Tokki? ¿Qué te inspiró a escribirlo?

Yana llevó la mirada hacia la cámara principal.

Sonrió.

Pero la sonrisa desapareció apenas un escalofrío le recorrió lentamente la espalda.

Algo estaba mal.

Detrás de las cámaras, oculto entre las sombras de uno de los rincones del estudio, alguien permanecía de pie observándola fijamente.

No era extraño que la estuvieran mirando. Toda la producción tenía los ojos puestos en ella.

Pero aquella figura no estaba trabajando.

No se movía.

Y lo peor de todo... llevaba puesta la máscara de Tokki.

—¿Yana? —la voz de Gala llegó amortiguada, lejana.

La mente de Yana intentó racionalizarlo rápidamente.

Kay Frago, quizás.

El actor, pero no tenía sentido. Kay debía estar grabando en el set contiguo.

—¿Yana? —repitió Gala.

Esta vez Yana reaccionó y apartó la vista del rincón oscuro.

—Perdón —se disculpó con una pequeña sonrisa nerviosa—. Creo que ya habrán notado lo fácil que me distraigo.

Volvió a mirar hacia el rincón.

La figura ya no estaba ahí.

Como si nunca hubiese existido.

—En tu defensa, lo advertiste —bromeó Gala.

Algunas personas detrás de cámara soltaron pequeñas risas.

Yana volvió lentamente la vista haciadelante,te intentando ignorar la inquietud pegajosa que seguía instalada bajo su piel.

—Siempre tuve un enorme amor por los animales —comenzó—. Y creo que no existe nada más puro que ellos. Así que un día, mientras estaba en casa de mis papás, observé a un conejo blanco que solíamos tener; era tan adorable y pensé en lo perturbador que sería si alguien utilizara su imagen de una manera completamente opuesta. Algo adorable convertido en algo que te observa durante una tormenta en mitad de la noche.

Gala se estremeció apenas.

—Eso suena horriblemente inquietante.

—Exactamente, y ahí nació Tokki.

—Entonces ese pequeño conejo merece parte del crédito.

Yana soltó una risa suave.

—Absolutamente. Él fue la musa detrás de todo esto.

La tensión pareció aliviarse un poco.

O al menos eso intentó convencerse Yana.

—Creo que Tokki combina muchos miedos muy humanos —continuó Gala—. El acecho, la oscuridad, las tormentas...

—Y la soledad —añadió Yana en voz baja—. Cuando estás solo, todo se vuelve peor. El silencio pesa más, los sonidos cambian y la imaginación empieza a deformarlo todo.

Durante un segundo el estudio quedó extrañamente callado.

Incluso las cámaras parecían haberse detenido.

—Completamente de acuerdo —respondió Gala finalmente—. Y ahora una pregunta difícil: de todos tus personajes, ¿cuál es tu favorito?

Yana se acomodó lentamente en el sillón y apoyó una mano bajo su barbilla.

—Es difícil... pero creo que sigue siendo Jiki.

Gala sonrió emocionada.

—La muñeca.

—Sí, porque curiosamente, fue uno de mis mayores miedos de la infancia.

Las luces del estudio parecieron enfriarse mientras hablaba.

—Cuando era chica, solía dormir en casa de mi madrina. En la habitación donde me quedaba había una muñeca de tamaño real sentada frente a la cama. Tenía el pelo negro hasta los hombros, un vestido rojo... y unos ojos topacio horribles.




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