Yildizim está bien no estar bien

Capítulo 11~ Pequeña, yo no me iré

Peter

Dana comenzó a platicarme de como había muerto su mejor amigo, se detenía cada rato porque el llanto no dejaba que hablara. La tenia frente a mi demasiado vulnerable y eso me partía el corazón, porque aquella chica que siempre se mostraba sin sentimientos, una chica que nunca reía que no mostraba absolutamente nada de ella, en estos momentos estaba contándome lo más doloroso de su vida, dándome a entender que confiaba en mí y yo no desaprovecharía esa oportunidad, la ayudare a que todo ese dolor que hay dentro de ella desaparezca porque me lastima verla así.

  • Y ¿no tenías otros amigos, con los que pudieras hablar? —pregunto una vez que miro que el llanto se ha ido.
  • No, porque ninguno era Bahadir—comienza a hablar una vez más — y tampoco me esforcé en hacer amigos porque cuando lo hacía y les tomaba confiaba les mostraba mi verdadero yo, sin filtros, al principio me mostraba como una chica fría, sin embargo como todos tengo una lado cariñoso que solía mostrarle a las personas que quería y que tenía confianza, cuando mostraba ese lado mío o cuando contaba mis problemas entonces las personas se alejaban, al parecer preferían a mi yo fría, que no mostraba ningún sentimiento ante nada, con el tiempo fui agarrando miedo de mostrar mi yo real y que las personas se fueran y poco a poco deje de mostrarme tal como era con las personas, a excepción de Bahadir, él siempre estuvo conmigo, no me dejaba sola en ningún momento y me aceptaba tal y como era.
  • Porque a diferencia de los demás el sí supo valorar a la increíble persona que eres, los que perdieron fueron todas esas personas que se alejaron de ti, tu no.
  • Eso dices ahora, tal vez dentro de unos días después de verme así te alejes de mi como ellos.
  • Te aseguro que no y no es una promesa, en un hecho que miraras con el tiempo y no importa como este nuestra relación, incluso si estamos peleados tu siempre contara conmigo de ahora en adelante, no volverás a estar sola. —ella se mantiene callada, buscando algo que decir y al parecer no encuentra las palabras adecuadas.
  • Creo que ya es tarde, tu madre debe de estar preocupada por ti. —dice finalmente.
  • No creo le avise que vendría a tu casa—ella se limita a sonreir y asentir— creo que ya hace hambre, deberíamos comer algo.
  • Yo ya he comido demasiado por hoy.
  • Pero eso fue hace rato ya.
  • Igual no tengo hambre.
  • ¿Qué te parece si preparamos un poco de chocolate caliente? —veo como sus ojos muestran un poco de brillo.
  • Parece genial la idea si no fuera porque se me ha terminado la leche.
  • Oh puedo ir a la tienda que está aquí cerca. —ella rápidamente niega.
  • No, no es seguro ir de noche, mejor dejémoslo para otro día. —con aquella actitud me lleva a la vez del helado que tampoco quiso ir a esa tienda, ahora las piezas encajan.
  • Fue ahí, ¿cierto? —me refiero a lo de la muerte de su mejor amigo.
  • Si, fue ahí, desde entonces no he querido acercarme ahí.
  • Te entiendo, puedo ir al supermercado que está cerca de aquí también, en auto no tardare tanto. — tomo las llaves del auto junto con mi celular y me dirijo a la puerta.
  • No me puedo negar, ¿cierto?
  • Cierto. —le digo con una sonrisa.
  • Bien, la puerta estará abierta, en lo que vas a la tienda me daré una ducha para ver si me cambia el aspecto después de llorar tanto. —digo con un poco de sarcasmo.
  • Bien, ahora vuelvo.

 

Manejo unos minutos hasta llegar al supermercado, me voy al pasillo donde están los lácteo y tomo por lo que vine, pienso en llevar algún pan, pero recuerdo lo que Dana dijo hace unos días sobre que le hacía mal así que opto por llevarme unas galletas de avena que me encuentro en uno de los pasillos, recuerdo haber visto una envoltura de esos, el otro día en su casa.

Cuando entro el que viene a recibirme es Cato, que me indica que Dana esta aun en la segunda planta, pues el san Bernardo no se aleja de su dueña en ningún instante y al parecer menos cuando se da cuenta de que esta triste.

  • Ya llegué— grito para que sepa que estoy aquí.

Me dirijo a la cocina y comienzo a sacar todas las cosas que compre y las coloco en la mesa que se encuentra vacía, con solo un florero en el centro. Busco una olla para poner la leche y es ahí cuando siento la presencia de la chica.

  • Se encuentran acá. —dice acercándose al lugar donde señalo. —yo lo hago, no te preocupes.
  • ¿segura? —ella se limita solo a asentir— bien sacare las tazas mientras tú haces el chocolate.
  • Me parece bien, están allá —dice señalándome con el dedo—la mía es una azul. —llego y abro la pequeña puerta y veo las tazas entre ella una azul con una imagen grabada y al otro lado tiene letras que dicen reglas.
  • ¿Reglas? —pregunto y ella solo se ríe.
  • Son reglas que tiene uno de los personajes principales de mi serie favorita.
  • Ah ya entiendo, entonces es muy especial esta taza.
  • Como no tienes idea.
  • Y ¿de qué trata la serie?
  • Mala elección, tienes que saber que cuando alguien me pregunta eso no hay ni quien me pare.
  • No me importa, anda cuéntame. —ella sonríe una vez más y comienza verter el chocolate en la leche para luego comenzar a menearlo.
  • Bien, que consté que te advertí—apaga la estufa y me pide las tazas y comienza a servir el líquido—trata sobre unos agentes que investigan casos relacionados a la naval, especialmente asesinatos. —comienza a hablar y veo como cada que habla de la serie le brillan los ojos de la emoción, mucho más que cuando habla sobre los libros y yo por mi parte me limito a escucharla y observarla con mucha atención.
  • Y me imagino que ellos son tu pareja favorita. —digo señalando a las dos personas retratadas en su taza.
  • Así es y también son mis actores favoritos, en especial ella, mi mayor sueño es conocerlos a pesar de que vivan al otro lado del mundo.
  • Tal vez y en un futuro viajes o ellos viajan para acá y coincidan.
  • Eso sería genial.




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