Yisus: El Caso De La Mansión Blackwood.

Capítulo 4: La Confesión en la Sombra.

Desde mi escondite en el armario, contuve la respiración mientras Alexander y Silas conversaban a apenas metros de distancia. El corazón me latía con tal fuerza que temía que pudieran oírlo.

"—No puedo encontrar el diario. Él debe tenerlo. O ella—" decía Alexander, su voz cargada de una urgencia que no había mostrado antes.

La respuesta de Silas era calmada, casi paternal: "—Debemos actuar rápido. La policía regresará por la mañana, y si él habla..."

"—Él no hablará—" afirmó Alexander con una frialdad que me heló la sangre. "—Ya me encargaré de eso. Como me encargué de mi padre—."

El sonido de sus pasos se alejó y la puerta se cerró con un click suave. Permaneecí inmóvil durante varios minutos, procesando lo que acababa de oír. Alexander había confesado el asesinato, pero algo no encajaba. Su tono había sido forzado, como si recitara líneas ensayadas.

Cuando estuve seguro de que estaban fuera, salí del armario y me dirigí directamente a la habitación de Elara. Toqué suavemente en la puerta, y ella abrió casi inmediatamente, como si hubiera estado esperando.

"—¿Qué ocurre?—" preguntó, sus ojos abiertos por la preocupación.

Le conté lo que había presenciado, omitiendo solo algunos detalles para poner a prueba su reacción. Su expresión pasó del shock a la incredulidad.

"—Alexander no es capaz de matar—" afirmó, aunque su voz sonaba menos convincente de lo que probablemente pretendía. "—Es arrogante y avaricioso, pero no... violento—."

"—La gente hace cosas extraordinarias por dinero—" señalé, observando sus microexpresiones. "—Especialmente cuando se enfrenta a la desheredación—."

Ella palideció visiblemente. "—¿Cómo sabe lo del testamento?—"

"—Su madre me lo contó—" respondí, sin apartar la mirada. "—Parece que es usted la única que no está sorprendida—."

Elara bajó la vista, jugueteando nerviosamente con el borde de su manga. "—Alistair me lo había comentado. Estaba muy alterado esos días—."

Decidí que necesitaba ver el estudio de Alexander con más calma. Convencí a Elara para que actuara como centinela mientras yo registraba la habitación por segunda vez, esta vez con más detenimiento.

En el rincón más oscuro del armario, detrás de un conjunto de abrigos de invierno que parecían no haber sido usados en años, mis dedos encontraron una irregularidad en el panel de madera. Presioné con cuidado y un compartimento secreto se abrió con un suave chasquido.

Dentro había una colección de objetos aparentemente inconexos: un mechón de cabello rubio atado con una cinta, varias cartas amarillentas, y lo más interesante, un conjunto de planos antiguos de la mansión con pasadizos secretos marcados en tinta roja.

Uno de los pasadizos conectaba directamente el estudio de Alistair con la habitación de Alexander.

Mientras examinaba los planos, una nota escrita con una caligrafía que reconocí de inmediato me llamó la atención: "El legado no es tuyo para tomar. Devuélvelo o enfrenta las consecuencias." Estaba firmada con las iniciales "E.B." —Eleanor Blackwood.

El sonido de la puerta abriéndose me hizo girar bruscamente. Alexander estaba allí, pero esta vez su expresión era diferente —mostraba miedo genuino.

"—No debería estar aquí—" dijo, pero su tono había perdido toda arrogancia.

"—Usted mató a su padre—" afirmé, mostrándole la nota de su madre. "—Pero no actuó solo, ¿verdad?—"

Alexander dejó escapar un risa amarga. "—Cree que lo tiene todo resuelto, ¿verdad?—" Se acercó a su escritorio y abrió un cajón, sacando una pistola. "—Nadie entendería por qué lo hice—."

En ese momento crítico, Elara apareció en la puerta con Silas detrás de ella. "—¡Detective!—" gritó, pero se detuvo al ver la escena.

Alexander vaciló, su mirada saltando entre nosotros. Fue el momento de distracción que necesitaba. Me abalancé hacia adelante, derribando la pistola de su mano justo cuando sonaba un disparo que se incrustó en el techo.

La confusión que siguió fue caótica. Silas intentó sujetar a Alexander, mientras Elara corría hacia mí. Pero fue entonces cuando noté el brillo triunfal en los ojos del mayordomo, completamente incongruente con la situación.

Mientras sujetábamos a Alexander, quien ahora lloraba desconsoladamente, Silas me susurró: "—Hay cosas que es mejor dejar enterradas, detective. Para su propia seguridad—."

La policía llegó minutos después, alertada por el disparo. Mientras llevaban a Alexander away, Eleanor apareció en la escalera principal, observando la escena con una expresión impenetrable.

"—Parece que tiene su culpable, detective—" dijo con voz fría como el mármol. "—Espero que esté satisfecho—."

Pero mientras me retiraba a mi habitación, no podía sacarme de la cabeza la mirada de Silas. Demasiado triunfal. Demasiado calculadora. Y los planos mostrando ese pasadizo secreto...

Decidí investigar el pasadizo que conectaba las dos habitaciones. Si Alexander había asesinado a su padre, ¿por qué necesitaría usar un pasaje secreto? A menos que...

Encontré la entrada detrás de un estante en la biblioteca, justo donde indicaban los planos. Al empujar un libro específico —"Legado de los Cuervos"— el estante se deslizó silenciosamente revelando un pasillo polvoriento.

Al encender mi linterna, vi que el pasadizo no solo conectaba las dos habitaciones, sino que tenía una ramificación que llevaba a una sección completamente diferente de la mansión —directamente a las habitaciones de Silas.

Y en el suelo, cerca de la entrada al cuarto del mayordomo, encontré un objeto familiar —mi reloj de bolsillo, el que me habían robado el primer día...




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