El techo de la cámara secreta crujía con un sonido atronador, y las piedras caían como lluvia mortal. En medio del caos, instintos primarios tomaron control. Agarré a Elara del brazo y la empujé hacia un arco de piedra que parecía más resistente, mientras Alexander ayudaba a la anciana líder de los encapuchados.
Eleanor, en lugar de buscar refugio, aprovechó la confusión para intentar escapar por uno de los túneles laterales, pero Silas—herido pero determinado—se interpuso en su camino.
"—¡No esta vez, Eleanor!—" gritó sobre el estruendo, bloqueando su salida.
El mayordomo me lanzó una llave antigua. "—¡La cámara blindada! ¡Detrás de la cascada!—"
Entre todos, empujamos una pesada losa de piedra que reveló una puerta de acero oculta detrás de la cortina de agua. Uno a uno, nos refugiamos en el interior mientras el techo de la cámara principal se derrumbaba completamente.
Cuando la puerta se cerró detrás de nosotros, quedamos en un silencio sofocante, solo roto por nuestra respiración entrecortada. La habitación era pequeña, iluminada por una luz tenue que provenía de cristales fosforescentes incrustados en las paredes.
Estábamos los siete sobrevivientes: Elara, Alexander, Silas, la anciana líder (quien se presentó como Clara), dos de los encapuchados y yo. Eleanor yacía amordazada y atada en un rincón, bajo la vigilancia de uno de los encapuchados.
Clara se acercó a una pared donde habían sido tallados intricate símbolos familiares. "—Esta es la Cámara del Tiempo—" explicó con voz reverente. "—Mcina la diseñó para preservar la verdad cuando todo lo demás fallara—."
Mientras examinaba la cámara, encontré algo que me detuvo en seco: una serie de retratos miniatura que mostraban a todos los mayordomos de la familia Blackwood, incluido Silas y su padre. Pero lo más sorprendente fue descubrir que el primer mayordomo—el de Mcina—llevaba el mismo medallón que Clara le había dado a Elara.
"—El mayordomo original—" dijo Silas, siguiendo mi mirada— "—no era un sirviente. Era el esposo de Mcina.—"
La revelación fue impactante. Los mayordomos nunca habían sido empleados—eran guardianes de la línea de sangre verdadera, protectores que se hacían pasar por sirvientes para mantener su vigilancia en secreto.
Clara asintió gravemente. "—Cuando el hermano de Mcina la traicionó y tomó el control de la fortuna, ella estableció esta sociedad secreta. Nosotros—" señaló a los encapencapuchados— "—somos los descendientes de los leales a Mcina. Hemos esperado generaciones por la restauración—."
Elara, pálida pero serena, examinaba unos documentos preservados en un cofre de cristal. "—Aquí está—" susurró. "—El testamento original de Mcina. Ella legaba todo a sus descendientes directos, no a la línea de su hermano—."
Alexander se acercó para mirar los documentos. Por primera vez, no vi resentimiento en sus ojos, sino aceptación. "—Entonces todo—la mansión, la fortuna—nunca fue realmente nuestra—."
"—Sí y no—" respondió Clara. "—Mcina no quería despojar a la familia—quería justicia. El testamento establece que ambas ramas deben compartir la herencia por igual—."
Mientras estudiaban los documentos, me dediqué a examinar la cámara más detenidamente. En una esquina, casi oculta, encontré algo que no cuadraba: una versión anterior del diario de Alistair Blackwood, una que difería significativamente de la que habíamos visto antes.
En esta versión, Alistair no solo conocía la verdad sobre Elara, sino que estaba trabajando con Silas para exponer a Eleanor y restaurar el legado de Mcina. Pero una anotación final, escrita con urgencia, cambió todo:
"Eleanor no actúa sola. Hay alguien más detrás de ella, alguien que maneja los hilos desde las sombras. La Sociedad del Cuervo tiene un traidor entre nosotros."
La advertencia de Alistair era clara. El peligro no había terminado con Eleanor—alguien más estaba involucrado, alguien que seguía libre.
En ese momento, un grito ahogado nos alertó. Uno de los encapuchados yacía en el suelo, un dardo de cerbatana clavado en su cuello. Eleanor, todavía atada, miraba con ojos desencajados hacia la puerta de acero, que ahora estaba entreabierta.
Alguien había entrado silenciosamente—alguien que conocía la existencia de la cámara y cómo acceder a ella.
Silas empuñó una antigua daga que había tomado de la pared. "—El traidor del que hablaba Alistair—" murmuró. "—Nunca estuvimos verdaderamente a salvo aquí—."
De las sombras del túnel, una figura familiar emergió lentamente. Cuando la luz iluminó su rostro, el shock nos dejó paralizados a todos.
Era el Capitán Miller, el oficial de policía que había intentado arrestarme anteriormente. Pero ahora vestía una túnica negra con el símbolo del cuervo invertido.
"—Qué conmovedora reunión—" dijo con una sonrisa fría. "—Lamentablemente, el tiempo de los secretos ha terminado. La Sociedad del Cuervo será mia—."
Sus ojos se posaron en Elara, y en ellos vi una codicia que heló la sangre en mis venas. "—La última heredera de Mcina. Con usted, finalmente tendré el control absoluto—."...
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Editado: 28.08.2025