Yo seré tu reina

Capitulo 1 La promesa

Era un dia helado de invierno, la nieve asentada bañaba todo el paisaje pintandolo de blanco.
Todos los niños observaban agrupados en la ventana, el carruaje estacionado sobre el camino de piedra, negro, elegante con detalles dorados, donde el emblema de un cuervo, perteneciente a un duque, uno de tantos que habian en el reino, brillaba en la puerta.

Adentro se percibía la presencia imponente del duque Astair de Terza, un hombre conocido por ser la espada afilada del reino Wyrmgard. Su familia era conocida por ser la principal productora de maestros espadachines.

-¿Es realmente un duque?- pregunto el niño más joven del orfanato.

-¿Por que estaría aqui un duque?- dijo otro.
-Esta claro que viene a buscar a Bastian- afirmó Lauren su mejor amigo, un niño delgado de tez acaramelada con ojos marrones y cabello oscuro.

-Eh oído que el duque esta buscando un hijo varón para que sea su heredero y discípulo- continuo Lauren.

-¿Pero el duque no tenia ya tres hijas? - pregunto una de las niñas que estaban a su alrededor.

-Claro que si tonta, pero una niña no podria ser maestro espadachín - Dijo Frederick el segundo amigo de Bastian, mientras se abría paso entre la multitud de infantes, empujando algun que otro en el proceso.
-No seas grosero estando cerca del duque Fred, dicen que los maestros espadachín pueden oír todo en un radio de 20 km, asi que cuida tu lengua - advirtió Lauren - No queremos que por tu culpa el duque no adopte a Bastian - continuó.

Repentinamente se hizo un silencio cuando la puerta del carruaje se abrió y del interior bajo, un niño de cabello blanco ondulado, con ojos dorados, complexión media y tez blanca, características que a cualquier persona le llamaría la atención. Era Bastian.

-Ya viene, hagan espacio - Dijo Frederick mientras movía a los niños que se interponian en su camino.

Bastian descendió lentamente del carruaje, sosteniendo una espada de práctica entre sus manos como si fuera un tesoro.

Los demas niños lo rodearon de inmediato, la nieve crujía bajo las botas desgastadas de los niños, preguntas, elogios y voces emocionadas resonaban llenando el patio del orfanato.

A excepción de una figura que permanecia apartada lejos del grupo, observando desde las escaleras, mientras sus cabellos rojizos eran levantados por la brisa invernal.

-¿ Que ocurre? - río Frederick al verla sola - ¿Acaso estabas esperando que alguien viniera a por ti?

Algunas risas incomodas se oyeron entre los niños.

-No sabes ni agarrar bien una escoba- ¿Que haría el duque con otra hija inútil como tu?- se burlo Frederick.

Ella guardo silencio, observando la espada nueva que yacia en los brazos de bastian, brillante, perfecta, costosa...

Todo lo que ella deseaba y nunca iba tener.

Bastian finalmente levantó la mirada hacia ella, sonrió con soberbia. Caminaba delante de los demas con la espada apoyada sobre su hombro, Frederick y Lauren lo seguían como perros orgullosos detrás de su amo.

-Muéstranos otra vez- insistió Frederick - Nunca había visto una espada tan cerca-

-Porque nunca habías estado cerca de nobles- Respondió Bastian con una sonrisa ladeada.

Las risas no tardaron en aparecer.

Ella intento evitar al grupo sin atreverse a mirarlos. Mala desicion.

El hombro de Bastian choco contra el suyo con fuerza suficiente como para hacerla tropezar sobre la nieve.

-Fíjate por dónde caminas - dijo sin siquiera voltear a verla.

Y antes de que ella pudiera levantarse, una bola de nieve impactó directamente contra su rostro. El frío le quemó la piel.

Frederick soltó una carcajada tan fuerte que incluso algunos niños cerca de la entrada comenzaron a reír.

—Mírala —se burló Frederick — Parece un perro mojado.

Justo despues de decir eso otra bola de nieve golpeó su mejilla, esta vez con más fuerza.
Lauren observaba la escena apoyado contra una de las columnas de piedra.
No dijo nada, solo sonrió.

Ella apretó los dedos contra la nieve húmeda.
Las risas seguían.

Bastian la observó desde arriba, orgulloso y superior.
Como si ya perteneciera a un mundo al que ella jamás podría acercarse.

De pronto, la voz de la directora resonó desde el interior del orfanato.

—¡Niños! ¡Vengan a almorzar!

Uno tras otro, los huérfanos comenzaron a entrar apresuradamente en medio del desorden.
El patio quedó casi vacío.
Solo permanecieron Bastian, Frederick, Lauren… y Lyra.

Bastian desenvainó lentamente la espada.
La hoja brilló bajo la tenue luz del invierno antes de detenerse frente al cuello de Lyra.
No había temblor alguno en su mano.

—¿Te gusta? —preguntó con frialdad—. Mírala bien. Porque probablemente sea lo único valioso que verás en toda tu vida.
Lyra sostuvo su mirada sin retroceder.

—Cuando me convierta en caballero, le pediré al duque que te compre como sirvienta —continuó Bastian—. Quiero verte limpiando mis botas y sirviéndome como muñeco de práctica.
Frederick soltó una risa.

—Después de todo, para eso eres útil.

Por primera vez, Lyra habló.

—Los caballeros son nobles de corazón y protegen a los demás —dijo con firmeza—. Tú solo eres un bravucón que se siente superior por saber mover un palo.

Frederick abrió los ojos con sorpresa.
Lauren dejó de sonreír.
Y Bastian…
Bastian frunció el ceño.

—Antes de que tú te conviertas en caballero… —continuó Lyra levantando lentamente la mirada— yo seré una princesa.

La patada llegó antes de que pudiera reaccionar.
El golpe la hizo caer nuevamente sobre la nieve.

—Repite eso otra vez —amenazó Bastian con furia contenida— y te juro que esa lengua tuya dejará de producir sonido.

Lyra levantó la mirada, respirando con dificultad.

—Eso solo demuestra mi punto… —susurró—. No eres digno de llevar esa espada.

La expresión de Bastian se endureció.




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