Yo seré tu reina

Capitulo 2. El festival de la escarcha

El sol del invierno se colaba entre el cristal de la habitación, dando inicio a otro dia más. Aunque esta vez una fina capa de escarcha cubría las ventanas del orfanato, mientras el viento invernal silbaba entre las grietas de las paredes de madera.

Pero, por primera vez en semanas, nadie parecía quejarse.

Los niños corrían de un lado a otro dentro del edificio, hablando emocionados sobre el Festival de la Escarcha.

-Escuché que este año traerán esculturas de hielo desde el distrito de los nobles.- Menciono emocionado uno de los niños.

-Lauren dice que habrá carne asada gratis.- dijo emocionado otro.

-Eso es mentira.- espetó un niño que estaba sentado enfrente suyo.

-No lo es.- contestó el que estaba al lado.

-Claro que sí. - Finalizó el mismo.

Las voces se mezclaban unas con otras hasta llenar el pequeño comedor del orfanato.

A excepción de Lyra que estaba sentada cerca de una de las ventanas, intentando coser cuidadosamente el borde roto de su vestido con una aguja.

De vez en cuando levantaba su mirada hacia la ventana, observando como la gente del pueblo empezaba a decorar con cintas plateadas y faroles azules por el "Festival de la escarcha" una de las celebraciones más importantes de Wyrmgard en honor a la diosa Hyrnessa, diosa del invierno.

Cada año se realiza en nueve pueblos distintos y culminaba en la capital del reino, donde miles de personas ofrecían plegarias y tributos para recibir su bendición antes de la llegada de la primavera, ya que se dice que aquella bendición influye en la fortuna de las personas hasta el próximo invierno.

Y aunque el pueblo entero esperaba el festival con emoción...

Lyra probablemente era quien más ansiosa se encontraba.
Especialmente este año.

Porque por primera vez tenía la edad suficiente para quedarse hasta el final del festival y ver las linternas elevarse hacia el cielo nocturno.

-¡Silencio, niños! -gritó la señora Maybis.

El bullicio del comedor desapareció de inmediato.

La mujer sostuvo entre sus manos un pequeño broche dorado con forma de cuervo incompleto. Le faltaba la piedra central.

-¿Quién tomó el broche de Bastian? -preguntó con severidad.

Un silencio incómodo se extendió por el comedor.

Los niños comenzaron a mirarse entre sí con miedo y desconfianza.

Todos sabían que la señora Maybis tenía favoritismo por Bastian.

Y cualquiera que tocara sus pertenencias terminaría en serios problemas.

-Señora Maybis, yo estuve toda la mañana ayudando en la cocina -se apresuró a decir uno de los niños-. Soy inocente.

-Yo estuve afuera limpiando la nieve...

-¡Yo también!

-Señora Maybis, no se preocupe -intervino una niña nerviosa mientras apretaba sus manos-. Nosotros ayudaremos a buscar el broche.

-S-Sí... lo encontraremos enseguida...

Poco a poco el comedor volvió a llenarse de voces desesperadas.

Algunos niños revisaban debajo de las mesas.

Otros intentaban justificar dónde habían estado toda la mañana.

Y unos cuantos simplemente evitaban levantar la mirada.

-Señora Maybis -habló Frederick de repente.

Una sonrisa apareció lentamente en su rostro.

-Creo saber quién pudo haberlo tomado.

Lyra levantó la vista.

La señora Maybis arqueó una ceja.

-¿Es así? Entonces habla.

Frederick señaló directamente hacia uno de los extremos del comedor.

-Fue él.

El dedo apuntaba al niño más pequeño del orfanato.

El pequeño se quedó paralizado.

En sus manos sostenía un viejo cuenco de madera con agua que había llevado para Lyra.

-Lo vi mirando las cosas de Bastian esta mañana -continuó Frederick con falsa seguridad-. Seguro intentó robarlo.

-¿Q-qué...? -balbuceó el niño.

El cuenco cayó de sus manos y el agua se derramó sobre el suelo de madera.

-N-No fui yo... -susurró temblando-. Lo juro...
Sus ojos comenzaron a enrojecerse mientras intentaba contener el llanto.

-Y-Yo jamás haría algo así...- trato de decir algo más.

-Claro que sí. Yo te vi claramente -acusó Frederick-. ¿Acaso estás diciendo que miento?

El niño abrió la boca, pero ningún sonido salió de ella.

-Vacía tus bolsillos -ordenó la señora Maybis con frialdad-. Si eres inocente, entonces no tendrás problema con que revisemos tus cosas.

-Y-Yo no...

Sus pequeñas manos comenzaron a retorcer nerviosamente la tela de su ropa mientras las lágrimas se acumulaban en sus ojos.

-¿Tú qué? -presionó Frederick con una sonrisa cruel-. Estoy seguro de que fuiste tú quien lo robó.

-Fui yo, señora Maybis.

La voz firme de Lyra atravesó el comedor.

Todos giraron la mirada hacia ella.

Lyra se puso de pie y se colocó delante del niño más pequeño.

-Ayer, mientras lavaba la ropa de los demás, cometí un error. La piedra central del broche de Bastian se desprendió.

La señora Maybis soltó un largo suspiro.

-Lyra... me sorprende que sigas cometiendo errores tan simples a estas alturas.

Su mirada se volvió más oscura.

-Pero si eso es cierto... ¿dónde está la piedra?
Lyra bajó ligeramente la mirada.

-Cuando me di cuenta de que ya no estaba en el abrigo de Bastian, fui a buscarla en el lavadero... pero un cuervo se la llevó.

El silencio volvió a llenar el comedor.

Frederick chasqueó la lengua con molestia.

La señora Maybis caminó lentamente hacia Lyra.
-Qué descuidada eres.

Antes de que Lyra pudiera reaccionar, una bofetada golpeó su rostro con fuerza suficiente para hacerla tambalear y caer al suelo.

El sabor metálico de la sangre llenó su boca.

Un sabor al que ya estaba acostumbrada.

-Estás castigada -sentenció la mujer mientras la observaba desde arriba-. Pasarás dos noches sin comer y toda la semana durmiendo en el trastero exterior.

Algunos niños bajaron la mirada inmediatamente.

-Quizás el frío y el hambre finalmente te enseñen a ser más cuidadosa.




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