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“Hay camino que parece derecho al hombre, Pero su fin es camino de muerte”.
Proverbios 16:25
Sentado en una silla giratoria de plástico negra, frente a un escritorio sencillo, el gato con las manos cruzadas detrás de la cabeza se preguntaba << ¿Cuándo tendré un caso para mi? Estoy aburrido de esperar, solo leer, solo estudiar, solo aguardar>> -suspiraba- ya habían pasado cuatro años, ahora era Licenciado en Criminalística. Pero, aún no se presentaba la acción, esos conocimientos en balística y psicología criminal se estaban desgastando en la ansiedad por ponerlos en práctica.
— ¡Gato! ¡Gato!... ¡GATO! -gritó su superior— ¡TE TOCA! Este mes ha sido una locura, necesitamos más gente para trabajar ¡Ponte las pilas y montate en esto! — entregándole una carpeta llena de fotografías, informes, documentos y papeles sueltos—
El hombre se fue y le dejó eso allí, el gato se quedó pasmado <<¿Será que mis pensamientos tienen subtítulos?>> Ante sus ojos su primer caso, el primer paso para dejar de ser un tierno bulldog y exponer a la luz al feroz pitbull que reposaba dentro de su ser.
Se convertiría entonces en una persona agresiva hacia otros igual que él, a pesar de que tenía una buena educación emocional, también tenía la predisposición genética a la agresividad, de esta manera atacaría sin piedad a los delincuentes y eso sería un requisito indispensable para el trabajo que estaba realizando; era amigable, obstinado en demasía, muy inteligente, amable con las personas que estaban a su alrededor si sentía que podía confiar en ellas, un joven muy determinado, gentil sobre todo con las mujeres, obediente a sus superiores y leal a quienes consideraba sus amigos.
“Secuestro, extorsión, asalto a mano armada, homicidio” rezaba el expediente en la portada. Dentro, la planilla principal:
“IDENTIFICACIÓN”
Nombre: Jonathan Javier Cusco, alias “El Hermano Yóna”.
Edad: 24 años.
1.70 metros de estatura, complexión atlética, trigueño, calvo, ojos negros, nariz perfilada, boca pequeña, labios delgados, cejas pobladas, sin lunares, ni marcas, ni cicatrices en su rostro.
Observaciones: Generalmente usa la barba tipo candado y pañoletas con estampados de bacterias en la cabeza; lo demás, señas de los últimos lugares donde se le vio, nombre de los compinches, datos familiares y prontuario policial.
Más de dos docenas de secuestros expréss, treinta asaltos a mano armada a joyerías, almacenes, pequeñas sucursales de bancos privados, camiones de carga y homicidios de algunas víctimas producto del daño colateral <<Tremendo ejemplar>> un delincuente escurridizo, suspicaz, Frío y calculador, insensible a las lágrimas de las personas que secuestraba, a las de las personas contra quienes cometía los delitos, agresivo en su máxima expresión cuando se negaban a darle lo que pedía, se sentía el centro del universo, el más poderoso, que nadie podría con él jamás, le importaban poco los sentimientos, las enfermedades, las lesiones o las molestias que pudiera causar a las personas que estaban a su alrededor, incluyendo sus amigos cuando estaba "trabajando".
No obstante, apoyaba a quienes él consideraba más necesitados y vulnerables en los barrios en donde podía esconderse, si alguien necesitaba medicinas, pagar el alquiler, traslados al hospital, compra de enseres, útiles escolares, comida y artículos de primera necesidad el cubría el gasto; de esa manera se hacía muy difícil su captura debido a la protección que le brindaban las personas a las que ayudaba.
Todos sabían quién y como era pero no tenían pruebas para incriminarlo, además de unas cuentas multas por conducir a alta velocidad. Nada que lo situara en los lugares de los crímenes, tampoco permanecía en el mismo lugar por mucho tiempo, un Robin Hood moderno, con delitos a los que no se les puede hacer caso omiso.
El gato con su mejor amigo, porque como casi todo el mundo… Debía tener un mejor amigo, se dedicaron a preparar la estrategia para atrapar al delincuente, su compañero lo acompañó en todo momento, se conocieron en el Instituto mientras estudiaban, con él hacía sus tareas y proyectos. “Irving” Un muchacho más ancho de espalda que él, lo que llaman un bachaco por tener todas las cualidades de un afroamericano pero rubio, cabello crespo, amarillo, con los ojos entre verde y ámbar, un joven lleno de alegría y entusiasmo, risueño, velludo, de labios gruesos y grandes, la nariz ancha, no se podía negar que sus raíces eran africanas; osado, un guerrero sin miedo a nada, cariñoso, leal y bondadoso, una mezcla un tanto extraña para alguien que escoge una carrera como esa.
Mientras tanto el Hermano Yóna estaba a punto de cometer el error que todo delincuente popular comete… “Enamorarse de la mujer equivocada”
Era viernes después del medio día cuando un nuevo prospecto fue llevado ante el Hermano Yóna, La tarde era oscura y él sentía dentro, que algo que no encajaba, de cualquier manera decidió entrevistar al nuevo integrante de la banda, era un gordito con cara de zorro muy bien hablado, de buenos modales, suspicaz, de mirada traviesa, bien vestido.
El bandido indagó sobre su pasado, sobre sus antecedentes, sobre su familia y descubrió que este era apto para pertenecer a la banda, lo puso a prueba enviándolo a realizar unos cobros, también lo mandó a realizar unas encomiendas, por unos cuántos meses lo utilizó para hacer solamente mandados, al cabo de un tiempo le brindó la oportunidad de participar en un trabajo grande, el robo a un camión de repuestos, un carga larga de repuesto para autos de la marca “Toyota”.