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“Yo dormía, pero mi corazón velaba. Es la voz de mi amado que llama: Abreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, perfecta mía, Porque mi cabeza está llena de rocío, Mis cabellos de las gotas de la noche”.
Cantares 5:2
Mientras el gato se embebía en la cristalización de sus sueños yo luchaba por dedicarle tiempo y atención a todo de manera equilibrada, sin embargo las personas apasionadas se concentran con ahínco en una cosa a la vez.
Él no tenía tiempo para mí. Todo su mundo giraba en torno a la captura del hermano Yóna; no atendía las llamadas a la oficina a menos que fuese trabajo y cuando hablaba conmigo siempre era poco y preciso, terminaba diciendo que me quería y que pronto las cosas estarían más suaves; me dediqué entonces a realizar un proyecto de clases llamado “El Comercial”.
Estuve dando vueltas quince días sin saber que hacer, entre una situación y otra, escuchaba un silbido en la calle y corría a ver por las ventanas, con el deseo intenso de que fuese el gato. Al fin mi madre me aventó una cantaleta recordándome lo torpe y olvidada que he estado en estos días.
— ¡Espero que los sostenes te queden relucientes como el sol, ¡limpio! –me gritó–
Y, ¡Plim! Una idea apareció en mi mente, me senté de inmediato a plasmarla en hojas blancas con lápices y crayones en mano, con los ojos abiertos comencé a soñar despierta:
Está es una ama de casa, que está lavando de noche la camisa del trabajo de su esposo quien llega muy agotado de la oficina, además del uniforme de sus hijos escolares; todos ellos durmiendo en sus habitaciones, en la oscuridad la mujer tiende la ropa y el marido se despierta sobresaltado porque no había pasado mucho tiempo desde que se acostó y ya había amanecido, ¿tan tarde era que la luz del sol se coló por las ventanas?, los niños también se levantaron a prepararse para el colegio; ella inocente de todo entra a la casa y los encuentra deambulando por la sala, sonríe y piensa <<mi detergente deja la ropa resplandeciente>>
Finalmente termina la publicidad con un anuncio “SUMISTROL EL EXPERTO EN HACER BRILLAR SU ROPA CON LA INTENSIDAD DEL SOL” No deje de tenerlo en su hogar.
Toda la tarde y parte de la madrugada se me fue en la construcción de la maqueta, se me ocurrió además que algunos de mis compañeros podrían participar en la creación de la escena. Solo tenía que hacerles la propuesta, contenta por el logro de mi tarea me acosté a dormir.
Me levanté llena de entusiasmo y alegría, segura de que sería un gran día, un desayuno americano aumentó mi energía, que importa si los demás por una razón u otra nos dejan de lado algunas veces, el mundo no gira a nuestro alrededor; dicen por ahí que el día sale bueno o malo de acuerdo a la actitud que tengamos frente a las situaciones que se nos presentan, de este modo confiada en que nada podría salir mal suspiré y después de comer me di una ducha fría, me alisté con un jeans ajustado, una camisa manga larga blanca y unos tenis blancos también. Máscara para pestañas y brillo labial ¿para que más?
Cogí mis pertenencias, me despedí de mi madre quién sonreía contenta de verme así y me fui a la parada cargada con la maqueta, los borradores del comercial y por si acaso los libretos para ensayarlo con mis compañeros (los que según yo van a participar en la representación), subí al autobús de turno, a mirar por la ventana, distraída en el paisaje matutino no repare en un hombre joven que se sentó a mi lado, estaba demasiado cerca para mis gustos, pero es un autobús de pasajeros, realmente no se puede esperar mucho de un vehículo que va full a las siete y media de la mañana; después de un largo trayecto y ya más despejado el transporte el hombre se me acerca al oído y me pregunta:
— ¿Qué hora es?
— Son las ocho y diez -respondí-
Sus ojos brillaron con malicia al ver la piedra de azabache empotrada en un anillo de oro que llevaba en mi pulgar izquierdo. No habían pasado ni cinco minutos cuando sentí una navaja en mi costado derecho.
— Quítate el anillo y me lo das, si gritas te corto la cara -susurró-
Me quedé estupefacta, en silencio le entregué el anillo, lo escuché pedir la parada y vi con la boca abierta como se bajaba del autobús con mi tesoro dentro de los bolsillos de su pantalón <<ojalá un auto te lleve por el medio grandísimo hijo de tu madre >> contemple mi mano desnuda y seguí mirando por la ventana.
¡QUE SUERTE! Precisamente hoy; no podemos hacer nada frente a lo que ya pasó; en poco tiempo ya estaría en el instituto y las cosas estarían mejor, actualmente se suben al autobús desde el que pide para un medicamento hasta el que obsequia estampitas de santos y sugiere una colaboración para costearse la vida; así fue como se subió “El Mago” al vehículo en el que yo iba entonces, seguía distraída contemplando el monóxido de carbono que despiden los autobuses a través de la ventana, la misma de la que llevaba pegada la cara desde que me robaron el anillo. En mi mano, la que estaba desnuda por supuesto tenía un billete de mediana denominación para no dar muchas vueltas rebuscando en la mochila el pasaje, escuché una voz graciosa y jovial:
— Señoras, señores, señoritas, y niños ¡yo soy el Mago! Aquí estoy hoy para presentarles uno de mis números de magia y a cambio ustedes me darán una pequeña colaboración si les gusta -explicó con alegría—
Procedió entonces a sacar de detrás de la oreja del compañero una moneda, algunos aplausos sin mucho entusiasmo se escucharon, sacó después una flor vieja, marchita y rota de plástico de la manga de la caperuza negra que llevaba; más aplausos ahora con más ánimo y finalmente mencionó:
— Mi compañero pasará por sus asientos a recoger su humilde, pero preciada colaboración.
Unos cuántos sacaron del bolsillo un billete del más bajo, otros miraron hacia otro lado, cuando el colector del dinero pasó por mi asiento creyó que le estaba dando el billete y me lo quitó sin miramientos <<este imbécil>>