Yo y Mi Suerte de Perro

Secuestro y Captura

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“¡NOTICIA DE ÚLTIMA HORA!"
Fue secuestrado el narrador del noticiero estelar; fuentes allegadas a la víctima informan que a través de un video de las cámaras instaladas en el estacionamiento se pudo conocer que el periodista se dirigía a su hogar cuando fue interceptado por unos sujetos quienes le apuntaron con un arma, lo subieron a su auto y se dieron a la fuga. Ya han transcurrido 48 horas del suceso y aún las autoridades no han dado respuestas a las preguntas de sus familiares”.
Era la noticia impresa en las primeras planas de los periódicos, del mismo modo estaba siendo difundida por los otros noticieros; los detectives y los inspectores de la policía estaban en un corre y corre, no se sabía absolutamente nada, no se encontraron huellas dactilares, muestras de ADN ni registros en las cámaras de seguridad, las que se encontraban instaladas previamente fueron averiadas.

Mientras tanto…

Muy lejos, en un área boscosa el hermano Yóna y su banda planeaban qué hacer con el secuestrado, no estaban al tanto de que había raptado a una persona de la farándula y que era alguien popular por su hermosura y carisma, el hombre en cuestión los miraba inquisitivamente y con voz suplicante les ofreció dinero, intentaba por sus propios medios ser liberado, mientras los miraba con las pupilas dilatadas y con la boca seca les facilitó un número telefónico a través del cual podrían comunicarse con una persona en particular para pedir rescate; los malhechores no le hicieron ningún daño mientras estuvo bajo su poder; después de dudarlo y discutirlo por un largo rato los delincuentes decidieron hacer la llamada para intercambiar a la víctima por una alta suma de dinero. El contacto con quién negociaban pidió una fe de vida, estos le pusieron al teléfono al reportero quien solicitó que por favor se hiciera todo lo que los hombres pedían, de este modo y sin la intervención de las autoridades a una hora y una fecha determinada se hizo la transacción, sin eventos fortuitos el periodista fue canjeado por un bolso de billetes que después dividieron y repartieron en partes iguales entre los criminales, horas después el periodista dio a conocer a los medios de comunicación la novedad de que sano y salvo regresó a su casa, que fue víctima de un secuestro y que sus familiares pagaron el rescate, además de eso explicó que por miedo y razones de seguridad al encontrar la forma de ser liberado no acudieron a otras instancias especializadas en el delito sino que lo resolvieron por su cuenta.

Los maleantes sonreían y bromeaban al sentirse aliviados por deshacerse de una persona que pudiera generarles complicaciones futuras debido a su importancia y popularidad. Mientras distribuían el botín; bebían, comían y reían celebrando porque las cosas salieron bien; en uno de los silencios el cabecilla de la banda le sugirió al resto de los compañeros dar una colaboración para pagar los gastos de hospital de una vecina del barrio, una mujer de escasos recursos que estaba en apuros, solo uno estuvo reticente pero finalmente accedió.

Se había librado del narrador, pero, aún tenía el automóvil, al hermano Yóna se le subió la ambición a la cabeza, cayó en cuentas de que el periodista poseía riquezas y con apoyo de la pandilla decidió pedir dinero por el auto también, en sus adentros el gordito quien deseaba desde hace tiempo la oportunidad de materializar su venganza se percató de que este era el momento perfecto para cobrar la deuda que tenía con su jefe quién al mismo tiempo era su rival, se lo comentó a Rafaela quien sonriendo con malicia aprobó la idea, de esta manera el gordito azuzó y alimentó la codicia del hermano Yóna para transar con el vehículo. Rafaela que le era leal a su marido no hizo menos y fue así como la mañana después del cuarto días del regreso del periodista se comunicaron con él para negociar; en esta oportunidad, el narrador de noticias que ya no corría ningún peligro al estar siendo protegido por agentes de seguridad que actuaban de manera encubierta lo consultó con el cuerpo de inteligencia policial en donde precisamente estaba trabajando el gato, al explicarles lo que estaba sucediendo los detectives le indicaron que dejara todo en manos de los expertos, de aquí en adelante ellos se encargarían.

— ¡Gato esto te interesa! —Con entusiasmo le informó el jefe—
— ¡Me haré cargo inmediatamente! —respondió el agente con un aplauso—

El gato y sus compañeros asesoraron a la víctima y a través de él fijaron una fecha para la entrega del dinero y el intercambio del auto. Debían correr el riesgo de completar la transacción para poder obtener pistas, el dinero tendría un dispositivo para su seguimiento; en cuanto a el hermano Yóna todo estaba saliendo a pedir de boca, no obstante el gordito que sabía disimular su odio, colocó estratégicamente un par de colillas de cigarrillos que contenían las muestras de saliva del jefe de la banda en el carro y también dejó caer una lata de refresco donde estaban impregnadas las huellas.

Mas tarde… en el estacionamiento de un centro comercial concurrido, a plena tarde procedieron al canje, la policía actuó de encubierto, gracias a la astucia del gordito las únicas pruebas qué conectaban el auto con el autor material del delito fueron las pistas que contenían el ADN y las huellas del hermano Yóna. Tal vez si no se hubiese dejado arrastrar por la codicia el desastre no hubiese pasado tan pronto. Era un evento inevitable de cualquier manera; para la banda todo estaba bajo control, el auto jamás fue recogido por el periodista sino que quedó en manos de los expertos en experticia, tal como lo estuvo imaginando el traidor las pistas fueron encontradas, esta era “la guinda del helado” en la cadena de delitos que estaba cometiendo el hermano Yóna, cada vez escalaba un peldaño más en la escalera de delitos que cometía continuamente; el jefe del gato conversó con él y le expresó que ya estaba al límite de la situación, que necesitaba resultados a la brevedad posible.




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