Yo y Mi Suerte de Perro

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“En horas de la noche tras un fuerte enfrentamiento, fue ultimado en un callejón del barrio “XY” el hampón que había secuestrado al narrador del noticiero estelar, se pudo conocer que el hoy occiso y dos sujetos más fueron acorralados por las autoridades y en medio de una fuerte balacera resultaron abatidos. El saldo final fue de tres muertos y dos agentes heridos. En otro orden de noticias…”

Esta fue la información que se encontró en los titulares al despertar, destacaban además, que este procedimiento fue dirigido por el más joven de Los detectives en el departamento de la división, “El gato”.

Que a pesar de que en la noche me había prometido que me llamaría, me dejó esperando la llamada. El bachaco quien era su compañero y su mejor amigo le manifestó que ya tendría muchísimo tiempo para compartir conmigo, pero que pocas veces iba a tener la oportunidad de celebrar con sus compañeros este tipo de triunfos, el gato dudaba, le decía que sí mientras su mente imaginaba los reproches que le iba a hacer cuando volviera a verme “siempre tu trabajo” , “siempre hay algo más importante que yo” , “no me hagas promesas que no me puedes cumplir” y “bla, bla, bla”; a pesar de tener eso en sus pensamientos y del remordimiento, asintió, hablando para sí mismo, diciéndose que finalmente lo iba a resolver con un regalo, con cariño o simplemente pidiendo disculpas.

No le dio más vueltas al asunto y se fue de parranda con el bachaco y el resto de sus compañeros, llegaron a un bar donde pidieron cerveza, whisky, ron y cualquier bebida que sirviera para la celebración. Estaban rememorando los momentos más críticos de la noche anterior cuando el gato sintió la fuerza poderosa de una mirada, discretamente miró hacia la barra y allí estaba… una joven, atravesándolo con el brillo que poseía, se quedó petrificado. La vio bajar del taburete donde estaba sentada, comenzó a caminar hacia él contoneándose con esas hermosas piernas largas, batió hacia la derecha su hermosa melena que la hacía parecer una medusa, hizo una mueca con los labios y le guiño un ojo, su cara expresiva lo decía todo, gustaba de él e iba por él, sonrío ligeramente dejando ver una dentadura blanca y perfecta, se acercó lo suficiente invadiendo su espacio seguro para que el gato pudiera percibir el aroma cítrico confundido con las hormonas que liberaba a través de su cuello aquella chica. Ella volvió a girar la cabeza con violencia sacudiendo sus cabellos y él perdió en un segundo todo el contacto con la realidad, le devolvió la sonrisa, se le acercó y le preguntó:

— ¿Cómo te llamas preciosa?
— Mi nombre es Julieta —lentamente respondió—
Era tan hermosa y poseía una energía magnética, no era que el detective quisiera algo con la chica, no de manera consciente, simplemente era una fuerza más fuerte que él.
Seguía escuchando las voces a su alrededor pero no entendía absolutamente ni una pizca de lo que oía, de pronto el bachaco que percibió algo fuera de lo normal le hizo un gesto al que el gato no respondió, Así que le tocó el hombro con unos ligeros golpecitos para sacarlo de su ensimismamiento.

— ¿Qué te pasa hermano? ¿dónde estás? ¡veo tu cuerpo pero no escucho tu voz!
— Mira a esa mujer que está parada allí —le increpó el gato—
— ¡Ajá! La veo y ¿que tiene de especial?
— No sé qué tiene de especial pero me tiene poseído.
— ¡Ve por ella y atácala tigre! —le animó su compañero—

Así fue como la Julieta y su impresionante energía se apoderaron de los labios carnosos del gato toda la noche.
No era la intención del gato tener una aventura, sin embargo, cuando las cosas están destinadas a pasar simplemente suceden, encuentran la manera perfecta para darse, somos lo que somos, solo esperamos la oportunidad para que la verdad de nuestro ser florezca, tal vez no solo la oportunidad sino que alguien nos dé ese ligero empujoncito para que nuestro verdadero yo salga a la luz. El gato era un perro callejero que adoraba el olor de una perra en celo.

Después de los besos apareció el deseo, y el frenesí por hacer esos deseos realidad, la Julieta indomable y caprichosa logró conquistar a su presa, después de un encuentro apasionado en un baño de la disco intercambiaron números telefónicos para poder seguir estando en contacto ya que la química intercambiada entre los dos les encantaba.

Amaneció, los remordimientos quedaron en segundo plano, el gato después de dormir en su casa unas tres horas tomó el teléfono de la mesilla de noche y marcó el número de mi casa.

— Buenos días mi amor, ¿cómo estás?
— ¿Cómo crees que voy a estar? Leí las noticias, escuché el noticiero, estuve esperando que me llamaras toda la noche preocupada, no ha podido dormir ni descansar, ¿mira la hora que es?
— ¡Oye! Tú en vez de estar feliz lo que me estás haciendo es un reproche, verdaderamente estoy muy cansado y no tengo ganas de perder mi tiempo discutiendo contigo. Me ocupé, mis compañeros me invitaron a celebrar, es una oportunidad que no voy a tener dos veces, y contigo puedo estar todo el tiempo que nos queda.
— Solo tenías que hacer una llamada y decirme que ibas a salir. No dejarme esperando como una estúpida aquí.
— Se me pasó, ¡discúlpame! No hagas un drama por esto.
— No es un drama creo que estoy en el derecho de expresar lo que siento.
— Bueno cuando se te pase hablamos, tengo sueño.

Y este fue el punto de partida para que el gato supiera cómo manejar las discusiones conmigo cuando me estaba engañando, me culpaba a mí de ser exagerada y melodramática. Yo tratando de comprenderlo le dejaba pasar todas las cosas que me hacía.




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