Yo y Mi Suerte de Perro

El Menor - Parte 2

9

El sonido del teléfono lo hizo despertar sobresaltado, sin saber qué hora era ni dónde estaba, después de colocar los pies en el piso miró a la cama y observó el cuerpo dormido de Catalina, no sabía si estaba soñando o si era verdad, habían salido y seguro se habían pasado de copas, volvió a escuchar el sonido del teléfono, la pantalla reflejaba el número de su jefe, contestó todavía somnoliento.

— ¡GATO! ¿Dónde estás?
— Creo que estaba dormido, ¿Qué sucede?
— Rápido acércate al comando.
— Pero, ¿Qué pasó?
— Llégate y aquí hablamos. —colgó—

Sin dar explicaciones se vistió y se marchó, dejando a Catalina durmiendo con una nota a su lado “nos vemos después”. Todavía medio dormido llegó al comando, se encontró con todos sus compañeros. Si no eran todos por lo menos la mayoría, acababan de recibir una alerta, el menorcito estaba haciendo estragos en el barrio otra vez, era el momento que necesitaban para emboscarlo.

Se activo por completo y se alistó junto al equipo táctico, emprendieron la marcha para el encuentro con aquel chiquillo que parecía venir del infierno. Mientras iban de camino el gato se despejó, su corazón se aceleraba, cada vez que tenía que pasar por un momento como ese lo único que podía pensar era en que si le sucedía algo iba a dejarme sola. ¡A mí! Su dulce y tierna novia.

No pensaba en nadie más, solo en mi, me pedía perdón con sus pensamientos: <<lo siento, perdóname por las cosas que hago sin pensar mi amor, aquí voy de nuevo a enfrentarme al peligro, no me quiero morir, no hoy>>. A su lado el bachaco estaba serio.

— Hermano, esto sí es un momento difícil.
— ¿Por qué?
— No ves que somos un montón de hombres, y estamos aquí para darle de baja a un niño de tan solo nueve años.
— No es tan solo un niño de nueve años, es un azote de barrio, que roba y mata por vicio, por paga o simplemente porque no le agrada alguien en particular.
— Aún así me siento incómodo.
— Si te sientes incómodo regresa, elegiste esta profesión, si te quedas, cumple con tu obligación.
— ¿Cómo puedes hablar de esa forma tan fría hermano?
— Del mismo modo que ese demonio a quien tú llamas “niño” es capaz de acabar con la vida de un inocente.

Todo pasó rápidamente, llegaron e hicieron un despliegue perfecto alrededor de las calles para no dejar lugar de escapatoria a aquel enano siniestro, aquella criaturas se encontraba embotada de tanto vicio, aún así reconoció los pasos de los detectives, los representantes de la ley tienen una forma muy particular de caminar y los trajes especiales que usan hacen un ruido único que puede percibirse en el aire.

Ronita se escabulló en un callejón desde donde le quedaba libre la vista para observar a los agentes, apenas vio que se asomaba el primero comenzó a disparar, sin un punto fijo, rasgó los trajes de algunos sin causarles heridas, siguió disparando a diestra y siniestra, los otros se resguardaban entre los muros. Entre los pocos movimientos calculados un disparo iba dirigido al pecho del gato que si no es empujado por el bachaco tal vez hubiese resultado herido en el mejor de los casos.

— ¡Me ha salvado la vida! —le dijo mirándole a los ojos y sosteniéndolo de un brazo—
— Como te dije antes. Ese es mi trabajo.
— Si, pero, casi te dan.
— ¡Olvídate de eso!, eres mi hermano y te quiero, te quiero con mi vida.

No hubo mucho tiempo, el resto de los detectives desenfundaron sus armas y comenzaron a devolver los disparos, el gato súbitamente se sintió apoderado por una fuerza que le hacía sentirse más grande que el resto de sus compañeros, la ira brillaba en sus ojos, el miedo se esfumó de sus venas, se abrió paso y con firmeza entró al callejón. Los compañeros disparaban, algunos al aire y otros a los costados para cubrir las espaldas de aquel idiota indiscreto.

El menor continuaba disparando, tenía un arma adicional, un 9 mm de cacerina larga. Lo que le permitía seguir, estaba quieto, impávido, disfrutando el momento, en su mente se veía en una película de acción, donde le daba igual si ganaba o perdía, no había ningún motivo en este mundo para desear salvarse. Ni siquiera era capaz de evaluar lo importante que es estar vivo, simplemente no sentía nada, continuar disparando era una aventura. En menos de lo que canta un gallo el menor cayó en el suelo, acribillado. Un pobre ser humano desaliñado… pequeñito y escuálido, que aún sostenía con fuerza una de las armas.
Fue una impresión terrible para todo el grupo, hay eventos que nos marcan para siempre y este era una de ellos. Luego de todo el barullo, los curiosos, la llegada de la morgue, y después de unas cuantas horas… la llegada de la madre del menor, quien no tuvo una reacción dramática como muchos pudieron esperar; se leía en su cara el alivio, estaba triste pero aliviada, “desde bebé había maldad en él, No sabría cómo explicarlo, pero, vino así”.

Posteriormente y en silencio el gato llegó a mi ventana, silbo, no escuché, silbo de nuevo, y en el sueño que estaba teniendo podía escucharlo a lo lejos, oía como el sonido se acercaba con más intensidad y desperté, corrí a la ventana y allí estaba él, parado frente a mí. Tan solo una malla metálica no se paraba, puso su mano izquierda en ella y yo la mía de modo que aunque no pudieran tocarse estaban juntas, él estaba triste, estaba decepcionado.

— Nunca me dejes por favor. Tú eres lo más sagrado que yo tengo en la vida.
— ¿Qué pasó?
— Nada que no pueda manejar.
— Pero, ¿Por qué estás así?
— ¿Así como?
— Triste.
— El mundo es un lugar cruel. Muy cruel. Yo vine a decirte que te amo.
— Yo también te amo. No hay nadie en este mundo a quien ame más.




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