You Are me, I am You

2

Jamin conocía a Junghyuk desde hace varios años atrás. Aún lograba recordar que, cuando el pelinegro tenía nueve y el cinco, salían en las tardes a jugar al parque del vecindario. Eso era algo que el rubio amaba recordar, y soñaba con volver a encontrarse con el chico del parque. Incluso lo añoraba más que reencontrarse con su propia madre. Porque a pesar de los años, para Jamin seguían siendo los mejores días de su vida.

Así pasaron los meses y años, jugando todas las tardes después de la escuela junto a su único amigo de ese entonces. Pero una tarde de otoño todo cambió. Junghyuk fue al parque como todas las tardes, pero ahora había algo diferente. Una tristeza inusual en el pelinegro lo hacía mantener la cabeza gacha y los brazos cruzados.

—“Jamin, mañana me mudo con mi abuela y hermano a Daegu. Lo siento mucho”

Esa noticia tomó por sorpresa al rubio en esos años. Saber que su amigo se mudaría y no volvería, lo devastaba. Le dolía el corazón pensar que todas esas asombrosas tardes iban a terminar tan repentinamente. Junghyuk era su amigo y también la única persona con la que era feliz, pues su padre no era una de esas personas. Seungmin siempre se dedicaba a golpearlo y nada más. No quería perder a su “lugar seguro”.

El rubio acompañó al pelinegro hasta su casa ese día. Prometiéndose que ninguno se olvidaría del otro. Y al parecer, el único que cumplió esa promesa, fue Jamin.

Hace solamente unos días un nuevo inquilino se mudó al vacío departamento 517. El rubio regresaba de hacer las compras de la semana cuando encontró a un chico cargando y colocando unas grandes cajas dentro del departamento.

Pero ese chico…

Ese chico se parecía mucho a su amigo del parque, Junghyuk. Se parecía demasiado, pero no tenía la certeza de que ese tipo fuera el chico con el que jugaba en su infancia. Pero lo podía reconocer por un detalle, una pequeña cicatriz en su mejilla izquierda, producto de una pelea entre Junghyuk y su hermano mayor.

Así que se acercó con cuidado, disimulando que buscaba las llaves de su departamento en sus bolsillos. Con sutileza, observó el rostro de ese chico y, efectivamente tenía la cicatriz. Aunque no quería hacerse ilusiones, además había un montón de personas con cicatrices en las mejillas, no podía pensar que era el mismo chico del parque. ¿O sí?

Lo observó detenidamente, de pies a cabeza. Vestía ropa deportiva, y varios piercings adornaban sus orejas y labio. Su cabellera era negra y desordenada. Su brazo y mano derecha estaba repleto de tatuajes que Jamin no comprendió realmente que significaba cada uno.

De repente, ese chico dejó las cajas de lado y volteó su mirada hacia él. Y ahí fue cuando Jamin se dio cuenta de que ese chico sí era el mismo que el del parque.

Esos ojos…

Los ojitos más hermosos que había visto en toda su vida.

Su iris oscuro le daba imponencia y seriedad, y Jamin recordaba así a su amigo. Él era Junghyuk, no tenía ninguna duda.

Trató de acercarse y contarle quién era, pero el pelinegro se encerró en su departamento antes de que Jamin logra llegar hacia él. Eso rompió un poquito el corazón del rubio y le hizo pensar que, efectivamente, Junghyuk lo había olvidado.

—Oye… ¿Estás bien? —preguntó Junghyuk con suavidad.

Jamin no tuvo tiempo de responder, el chico ya le examinaba la herida.

—Esto es grave, pero vas a estar bien—aseguró el pelinegro—Por cierto, mi nombre es Ko Junghyuk, y seré tu salvador esta tarde.

“Ko Junghyuk”, repitió para sí mismo, saboreando el nombre como si fuera suyo, con esa lengua madura, aunque igual de torpe.

Entonces se lanzó al cuello del pelinegro, abrazándolo con los dieciséis años de anhelo que tenía por volver a reencontrar con ese chico.

Amado.

Lim Jamin volvía a sentirse amado.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.