Cuando Ko Junghyuk cumplió los nueve años, le diagnosticaron con un tumor cerebral. Se encontraba junto a su abuela y a su hermano mayor, Jinwoo. Estaban en un consultorio médico ubicado en Seúl. El pelinegro no entendía nada de la situación ni por qué se encontraban en la capital.
—Señora Jenny, aún podemos hacer algo por su nieto—dijo el doctor mirando directamente a la abuela—Mi equipo médico y yo podríamos extirpar el tumor, pero sería una operación de alto riesgo.
Jenny lloraba con intensidad, no podía creer que su nieto, su pequeña criatura, estuviera en esa situación. Aún sorprendida por la terrible noticia, contestó.
—Sería una operación de alto riesgo. ¿Verdad? —dijo mientras se aferraba a sus dos nietos.
—Bastante riesgosa, pero no tanto porque pueda fallecer en medio del proceso quirúrgico—dijo con calma, comprendiendo el impacto de la fuerte noticia que ahora recibiría la señora—, más que todo porque el tumor cerebral se encuentra cerca de las conexiones donde se almacenan los recuerdos. Cuando se extraiga el tumor, también se romperán esas conexiones, y todos los recuerdos que tiene hasta ahora serán prácticamente eliminados. O si logra recordar, lo más probable es que solo recuerde pequeños fragmentos, ya que la conexión raíz no se va a romper. Esa conexión se encuentra más lejos de donde está el tumor.
Junghyuk no entendió bien esas palabras, lo único que comprendió de todo eso, era que podría no recordar nada después de esa operación. Las lágrimas rodaron sin control por sus mejillas al entender la gravedad de la situación.
Recordó los momentos gratos que pasó junto a su hermano, cuando cocinaban pasteles juntos o cuando se pasaban los fines de semana viendo las películas que pasaban en la televisión. Recordó las noches en que su abuela le contaba maravillosas historias antes de dormir o cuando le tejía mucha ropa calentita. Recordó los increíbles recreos que compartía junto a sus compañeros. Pero, sobre todo, recordó al chico con el que jugaba en el parque, recordó a Jamin. No quería olvidar a su amigo, a su mejor amigo. Nada se comparaba a pasar las tardes junto a él, ya sea jugando en el parque o conversando durante horas.
—Está bien—respondió Jenny después de un largo silencio—. Autorizo la operación que necesita mi Junghyuk.
—Señora, ¿Está segura?
| —Por supuesto—musitó—Quiero que mi nieto viva.
—Pero la operación es de alto riesgo y muy costosa
—Del dinero no se preocupe, mi difunto esposo me dejo una gigantesca fortuna antes de morir. Así que del dinero no hable.
El pelinegro se indignó. No quería eso. Esa operación podía cambiarle la vida. Su abuela no entendía eso.
— ¡Abuela, no! ¡No quiero!
—Lo siento mi niño, pero es por tu bien.
Su hermano lo abrazó con fuerza para tratar de calmarlo. Junghyuk lloró en su hombro.
Se negaba a aceptar su destino. Se negaba a olvidar todo lo que alguna vez lo hizo feliz.
Pero por más que se negó y lloró como nunca antes lo había hecho.
Al final, termino olvidando todo. Incluso a Jamin, quien fue su único y verdadero amigo