You Are me, I am You

10

Junghyuk trabajaba en un gimnasio junto a su mejor amigo, Kim Taeyan. Él era el entrenador de la tarde. Se encargaba del levantamiento de pesas, dar clases de boxeo y defensa personal, y ayudaba a las personas a completar su rutina.

Actualmente, eran las siete de la noche del día miércoles. El turno del pelinegro estaba por terminar en unos pocos minutos. Ansioso, empezó a alistar sus pertenencias con rapidez en el gran bolso azul que siempre traía consigo al gimnasio. Su motivación para estar tan apresurado era de simplemente llegar al edifico donde vivía y cuando subiera las escaleras, encontrarse con aquel lindo pelirrubio.

En ese momento, sintió cómo alguien palmeaba su espalda suavemente. Como si quisiera anclarlo a la realidad de la que él se había escapado por estar muy concentrado en sus pensamientos.

Algo sobresaltado, se volteó hacia quien lo había tocado. Y se encontró con el simpático peli-azul. Con Taeyan.

—Hey… ¿Por qué tan apresurado, Ko Junghyuk?

—Solo quiero irme rápido a casa… Tengo cosas que hacer —respondió sin mucho interés.

—Claro—los ojos del peli-azul lo recorrieron con expresión calculadora—Estás cambiando Hyuki.

—De qué estás hablando—balbuceó mientras se colocaba su abrigo y agarraba el gran bolso.

—Sé que siempre te has caracterizado por ser una persona adorablemente tierna sin que te des cuenta y con un lindo brillo en tus ojos. Por eso las chicas del gimnasio te consideran el más cute de todos los entrenadores. Pero hace unos días…

—Olvida lo que pienses de mí.

—… te he notado con un brillo más profundo en esos ojitos de bambi que tienes, además, has estado más pensativo y tu aura la siento misteriosa y algo alegre.

—No saques ninguna conclusión apresurada, solo he estado conversando con un muchacho que vive al lado de mi departamento.

—Ah, entonces solo es el amor.

—De qué estás hablando—se rio forzadamente.

—Oh, nada, ignórame. Solo pienso en voz alta… o talvez no y solo estoy diciendo la verdad.

Junghyuk decidió que la mejor respuesta era no contestar.

Taeyan bostezó exageradamente.

— ¿Vamos a cenar? Conozco un lugar donde venden los mejores rámenes que he probado en toda mi vida.

—Tengo que ir a mi departamento. Ya te dije que tengo cosas que hacer.

Hubo una pausa.

—Ay, no has pensado adoptar a niños cuando te cases con tu nuevo vecinito, te trae más feliz que nunca.

—Deja de decir tonterías.

—Me gustaría conocer a ese chico, debe ser bastante guapo.

—No bromees con ese tipo de cosas—insistió el pelinegro con un ligero y casi imperceptible nerviosismo en su voz—. Ese chico no me gusta, pero siento que hay una pequeña conexión con él. Como si lo hubiera conocido, pero no lograra recordarlo.

Hubo otra pausa.

—No crees que talvez lo conociste cuando fuiste niño. Recuerdo que me contaste que te habían operado para extraerte un tumor cerebral y cuando despertaste no reconocías a nadie. Seguramente lo conociste antes de que te mudaras a Daegu y volvieras a Busan.

El comentario del peli-azul lo dejó pensando. Lo que había mencionado su mejor amigo podía ser verdad como también no. Por suerte, sonó su alarma de hora de salida y ya no tuvo que escuchar más de las teorías de Taeyan.

Así que se dirigió a la puerta a toda velocidad soltando un simple:

—Te veo mañana.

El viaje en el transporte público fue una tortura mental. Las palabras de su amigo se escuchaban como ecos en su mente. Pensó en su abuela. ¿Acaso ella le habría ocultado gran parte de su pasado y solo le habría contado lo que ella creyó conveniente?

No pudo quitarse ese presentimiento que asentaba su corazón. Porque si todo eso era verdad, habría vivido todos esos años en ignorancia de su pasado.

Las escaleras del edificio departamental no eran muy transitadas por las personas que vivían allí. La mayoría prefería utilizar el ascensor moderno que unas viejas escaleras. Entonces, subió con algo de rapidez los escalones para llegar hacia donde creía que estaría Jamin.

Al llegar al último piso donde se encontraban los departamentos 516 y 517, no encontró al rubio por ningún lado. En ese momento, se percató del ruido de la música y el fuerte olor a alcohol que provenía del departamento de Jamin. Preocupado, se acercó a la puerta y pegó su oreja a la madera. Allí, logró escuchar varias voces conjuntas que parecían estar riendo y hablando cosas incoherentes. Parecía ser una fiesta.

En ese entonces, la puerta se abrió de golpe que casi hizo caer a Junghyuk dentro. Quien se encontraba frente suyo era Lim Jamin. Vestía un pijama amarillo a rayas y unas pantuflas de pollito. Para el pelinegro no había imagen más bonita que ver al rubio vestido con un pijama tan cute.

El menor cerró la puerta tras él al darse cuenta de que era Junghyuk quien se encontraba en la puerta de su departamento.

— ¿Qué haces aquí? —preguntó mientras se restregaba el ojo y bostezaba.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.